Muñecas artesanales, las embajadoras de Ojitlán

Nacieron de la unión de mujeres para preservar sus bordados. Buscan que sus creaciones sean reconocidas en todo el país

Foto: Yuridiana Sosa / EL UNIVERSAL
Especiales 09/05/2019 08:45 Yuridiana Sosa San Lucas Ojitlán.- Actualizada 08:45

De negras trenzas y un huipil hecho a la medida, unas muñecas de trapo son las embajadoras de la cultura de San Lucas Ojitlán y del trabajo de un grupo de mujeres que se esmera por preservar los tejidos de su comunidad, los cuales también son parte del sustento de las familias indígenas chinantecas.

Águila de dos cabezas, en referencia al ave representativa de los huipiles ojitecos, es el nombre del grupo de cinco artesanas que desde hace  poco más de dos años comenzaron a trabajar en nuevas formas en las que pudieran mantener vigentes sus prendas, así como venderlos de forma inmediata a precios más accesibles.

En Ojitlán,  municipio de la región Cuenca, las mujeres dedican parte de su vida en  aprender a elaborar huipiles de telar y a bordar, pues es parte de la herencia familiar y comunitaria.

Pero hacerlos para vender ya no es redituable, como lo era todavía hace una década, asegura María Ortega Muñoz, integrante de Águila de dos cabezas, mientras costura con maestría los lienzos de tela para las blusas que desde hace casi tres años elaboran como una opción a la vida cultural y económica.

Fábrica de ideas. Parte de la casa de María se convirtió en el taller de arte donde junto con Irene, Zenaida, Ana Bertha y Diana se  da vida a las muñecas de trapo e identidad a una serie de prendas.

Las blusas de tela de rayón con la imagen de una mujer son el producto principal con el que comenzaron el proyecto apoyado por la entonces Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), ahora Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

El dibujo de la mujer ojiteca porta un vestido bordado con el huipil chinanteco de la comunidad, sus cabellos se forman con  suaves hilos de algodón, mientras que los detalles del rosto y la piel se pintan.

El trabajo no es sencillo, realizar una blusa de este tipo implica la labor de todas, de quien corta, cose, borda y pinta; además   de por lo menos 30 horas de trabajo para concluirla, lo cual, en comparación a la elaboración de un huipil que se lleva entre tres y seis meses, resulta más rentable.

Las artesanas calculan que al mes realizan unas 15 en promedio, de las que al menos 10 logran venderse. Esos resultados motivan a las mujeres a continuar con este trabajo.

Pero la inquietud por resaltar los textiles chinantecos las orilló a experimentar con otros artículos, como gorras, cojines, llaveros, entre otros.

Pero  las artesanías que más llaman la atención de los compradores  son las muñecas de trapo, mismas que     hasta el momento son  principalmente adquiridas por personas foráneas.

“Una vez vi que en (Ciudad de) México vendían muñecas similares que representaban a otros estados, pero no vi ninguna de Oaxaca, entonces se me ocurrió que podíamos hacer una que nos identificara como chinantecas de Ojitlán”, expresa María, quien tiene el sueño que sus muñecas se conozcan en todo el país.

 Gustos y disgustos.  Mientras Irene pinta, Diana borda y Zenaida costura; María dice orgullosa que el trabajo de Águila de dos cabezas no sólo fue de impacto para sus integrantes, sino que a partir de esta labor en equipo otras mujeres de la comunidad han comenzado por cuenta propia a retomar el bordado y a vender blusas similares.

Para ellas, más que competencia se trata de una reactivación económica para las mujeres de la comunidad, quienes acuden a las poblaciones cercanas a vender sus productos o desde sus propias casas, entre la misma población.

Además, de forma indirecta, las mujeres de águila ofrecen trabajo a otras artesanas para la elaboración de lienzos de telar o bordados.

Quienes todavía reconocen las nuevas técnicas en las prendas, como parte de una identidad cultural, son las ancianas de la población, afirman las artesanas provenientes de una tercera y cuarta generación de tejedoras.

Caminar solas. Con un pequeño taller y una tienda de sus productos, las mujeres de la agrupación  se sienten capaces de continuar su trabajo con la mano de obra de cinco mujeres y sin más apoyo económico proveniente de programas federales.

Ellas recibieron por parte de la CDI un monto total de más de 260 mil pesos, con los que adquirieron hilos, pintura, máquinas de coser entre otras herramientas e insumos, así como para construir un local para la venta de sus artesanías textiles.

Las artesanas trabajan en equipo tres veces por semana para crear lo que les sea posible, sin desperdiciar ningún lienzo sobrante.

Ellas confían que a través de esta labor las personas de cualquier parte de México o el extranjero se interesen por visitar San Lucas Ojitlán, comunidad a unos 50 kilómetros al oeste de San Juan Bautista Tuxtepec y con una población de más de 20 mil habitantes.

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