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Zoogocho, un concierto para reconciliar

Faustino Díaz logra unir a dos escuelas rivales, la música disolvió décadas de competencia
Fotos: Mario Arturo Martínez / EL UNIVERSAL
09/07/2018
03:55
Christian Jiménez
San Bartolomé Zoogocho, Oaxaca
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Llegó el día. Desde una hora antes de la cita, hombres, mujeres y niños de la comunidad colmaron la explanada del pueblo para escuchar las notas de la reconciliación. Se trata, explican, de un recital que terminará con una rivalidad musical de antaño que nadie recuerda cómo empezó.

“Es un concierto para unirnos a través de la música”, sentencia el trombonista oaxaqueño Faustino Díaz, quien está detrás del encuentro musical con el que cierran cuatro días de aprendizaje y convivencia. Se trata del más reciente curso impartido por el trombonista  a jóvenes músicos de San Bartolomé Zoogocho, en la  Sierra Juárez.

En el escenario, que ha servido para encuentros de bandas en  fiestas de la comunidad, los 120 jóvenes  se alistan para su recital: son    60  integrantes de la banda del Bachillerato Musical Comunitario número 40 y 60   del Centro de Integración  Social número 8.  

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Concilian sus diferencias

Desde antes de llegar a la plaza del pueblo se observan los atriles apilados y los jóvenes músicos preparándose para tocar. Ni siquiera  el frío característico de la Sierra Juárez frena su  entusiasmo para mostrar el poder conciliatorio que descubrieron nace de  sus notas.

Durante cuatro días,  los jóvenes que están por dar el concierto conjunto recibieron adiestramiento músical  gracias a la intervención del trombonista  Faustino Díaz, que desde hace tres años  trabaja con la firma japonesa Yamaha para realizar clínicas musicales que tengan impacto social y contribuyan a la formación de  músicos en diferentes comunidades.

La empresa ha asumido los gastos  para en 10 cursos impartidos  por el músico a diferentes bandas;  el trombonista ha impartido otros 10 talleres de forma independiente. Todo  sin apoyo del gobierno.

En San Bartolomé Zoogocho el impacto social  se debe a que con las clínicas de adiestramiento musical se busca conciliar las diferencias añejas entre ambas escuelas de música, consideradas rivales desde hace varias  décadas.

“Es increíble que a pesar de estar separados por escasos 50 metros, los músicos no se llevan. A pesar de que muchos de los chicos ni siquiera estaban en la banda cuando las diferencias surgieron”, acota Faustino. Para lograr la unión de ambos grupos de jóvenes, el trombonista contó con   profesores invitados: el clarinetista, Isidro Muñeton, y el percusionista, Julio  Hernández.

El trombonista  recuerda que hace algunos meses representantes de ambas bandas se comunicaron con él para pedirle que impartiera los cursos, él aceptó con la única   condición de  que las dos  agrupaciones participaran simultáneamente. Dice que  aun cuando  al  principio hubo reticencia, ambos grupos terminaron por aceptar.

Las clases, que se impartieron en las  sedes de cada banda,  transcurrieron con normalidad, entre el compañerismo y las ganas de aprender; no obstante,  Faustino asegura que el concierto será  la oportunidad para dejar atrás las diferencias y  quizá sea  la primera de muchas colaboraciones conjuntas  entre ambas bandas.

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Unión de esfuerzos y notas

A las  17:30 horas del 5 de julio  la música comienza. Las bandas se acomodan en cada extremo de la cancha y dejan fluir  sus mejores piezas, una y una.

Los jóvenes, que portan playeras tipo polo con los distintivos de su agrupación, empuñan sus instrumentos para interpretar por al menos media hora su repertorio.

Después de 30 minutos, a  las 18:00 horas, el concierto inicia de manera formal. Los aplausos de los asistentes, muchos de ellos también músicos de la comunidad, no se hacen esperar.

Las primeras intervenciones transcurren en turnos: una banda después de la otra. La audiencia admira el desempeño de jóvenes que a diario toman clases para perfeccionar sus habilidades.

Después, los alumnos acompañan a Faustino Díaz en la ejecución de algunas piezas, siguiendo al pie de la letra las indicaciones que el multipremiado músico hizo antes de la presentación. Luego, Faustino  actúa  como solista, con su lustroso trombón en mano, robando aplausos y la atención total de propios y extraños, quienes reconocen sus  grandes virtudes musicales.

Sobre sus logros, tras el recién clausurado curso, Faustino asegura que la música no es sólo talento, sino se requiere de constancia y disciplina para hacer las virtudes brillar en cualquier escenario. Y respecto a su tarea como mentor, indica que su labor no es cambiar la manera de tocar de los jóvenes músicos, sino hacer mella en su forma de pensar.

“Me voy a picarles la cresta. A decirles que no se conformen, que no se queden con los aplausos,  o que crean que  por  tocar en Bellas Artes o el Auditorio Nacional son grandes músicos”, asegura.

Llegada la noche, el brillo de los instrumentos de aliento prevalece  en el escenario comunitario gracias a los notas de  clarinetes que suenan  en conjunto, todo  bajo la dirección de   los profesores invitados. La velada cierra con una majestuosa interpretación de la obertura de Tchaikovsky, que llega luego de tres horas de música.

“Lo mejor fue poder escuchar, por primera vez en mucho tiempo a ambas bandas”, insiste Faustino, seguro de que la música es  la mejor forma de limar asperezas o celos profesionales entre las bandas.

 Este encuentró, sellado por  aplausos, lo demuestra.

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Faustino Díaz vuelve a su tierra el mejor trombonista del mundo

“Tuve mi primer contacto con la música desde que estaba en el vientre materno”, dice sin dudar Faustino Díaz,  el mejor trombonista del mundo, por los  premios internacionales que ha recibido. 

Hace 36 años, San Lorenzo Cacaotepec, Etla, vio nacer a uno de sus hijos pródigos, heredero de una tradición musical que data de un siglo y que  marco su niñez, debido a que su padre,  Rodolfo Díaz, fue   director de la banda de San Lorenzo, por lo que  cada tarde estudiaba música con los jóvenes que la conformaban.

“Cuando nací, los ensayos nunca pararon”, recuerda. Y aunque a los siete años su papá dejó de hacerse cargo de la coordinación del grupo de músicos, Faustino seguía asistiendo con gusto a cada ensayo.

Pese a sus múltiples reconocimientos como trombonista, el músico confiesa que su intención  era  convertirse en baterista, para lo que tomó clases en la ciudad de Oaxaca. Sin embargo, por responder a las necesidades de la banda de su pueblo, se vio obligado a aprender a tocar instrumentos de viento.

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“Mi papá me dijo: Tienes que aprender a tocar un instrumento de aliento porque lo vamos a necesitar mucho en la banda”, relata. Así, por colaborar con su comunidad y con su familia, aprendió a tocar la trompeta; el trombón se convirtió en su instrumento a los 14 años.

Cuando inició su formación profesional en el Conservatorio Nacional de Música abandonó por completo la batería para convertirse en trombonista. Con el tiempo, la ejecución de instrumentos de viento   le ha valido múltiples reconocimientos.

Oaxaqueño discriminado. A su paso por  el Conservatorio, en la Ciudad de México,  Faustino fue ganador del primer lugar del concurso de alientos en tres ocasiones; a pesar de ello  reconoce que también se enfrentó    a la  discriminación ser  oaxaqueño.

 “Nos veían como indígenas, como indios y los primeros que estudiamos ahí tuvimos que enfrentarnos a eso”, relata.

Además, a pesar de los  logros en su   carrera, Faustino dice que nunca recibió una beca, por lo que  lamenta que a través de los sistemas oficiales y gubernamentales los músicos no tengan la posibilidad de obtener subsidios, pese a ser exitosos.

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Faustino fue el primer trombonista latinoamericano en ganar un concurso internacional de trombón. En Jeju, Corea del Sur, en 2013. También fue ganador del tercer lugar del concurso internacional en Hungría, Budapest, en el año 2016 y finalista en el concurso internacional de trombón en Citta di Porcia, en Italia, en el año 2011.

Su  andar por el mundo  lo ha obligado a abandonar su natal San Lorenzo para construir su carrera, pero hace algunos meses,  con el corazón añorando su tierra, Faustino decidió hacer  una pausa en su carrera y regresa al pueblo que lo vio nacer.

“Este año me lo quería tomar con mi familia y desde aquí hacer mis proyectos. Me compré una bicicleta y ando de aquí para allá.  Toda la gente me sigue conociendo y tratando igual que cuando tenía 14 años, me he reencontrado con muchos amigos. Era muy necesario para mí, cosas como esa me hacen saber quién soy”, asegura.

Entre sus recientes logros se encuentra el contrato como músico exclusivo de la marca japonesa Yamaha, a través de la que realiza cursos gratuitos como el que tuvo lugar en Zoogocho. El próximo año viajará a Italia para estudiar dirección de orquesta.

 

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