“Preferible que vivir debajo de las lonas”

Familias istmeñas que optaron por construir sus viviendas con empresas particulares ya las estrenaron, aunque de menores dimensiones que las que perdieron; en Juchitán se entregó la primera casa tradicional
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Fotos: Roselia Chaca / EL UNIVERSAL
11/02/2018
01:52
Roselia Chaca
Juchitán de Zaragoza, Oaxaca
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La casa de 58 metros cuadrados no se parece en nada a lo  que tenía antes del sismo del 7 de septiembre, pero Jesús Gerónimo Guzmán y su familia prefieren ese pequeño bloque de cemento a vivir debajo de lonas, soportando las inclemencias del tiempo.

Desde diciembre de 2017 recibió la casa de la empresa constructora Delta&Com, avalada por la Sociedad Hipotecaria Federal; fue de las primeras dos personas de Asunción Ixtaltepec en construir su vivienda con los 120 mil pesos que el gobierno federal le otorgó del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) por pérdida total, a través de dos tarjetas.

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Casas de cemento

Para levantar la nueva vivienda que tiene la estructura de las casas  de interés social, sólo tuvo que entregar sus dos tarjetas y la empresa se encargó de construir en un lapso de un mes. Jesús, de 69 años de edad y de oficio campesino, no puso un sólo centavo, así que da gracias a Dios por la decisión tomada de aceptar la propuesta de la constructora y tener una casa de dos cuartos, una espacio  multifuncional (sala y cocina)  y un baño.

“Claro que mi casa era más grande, eran dos casas más amplias, pero nos quedamos sin nada, mis hijos también se quedaron sin casas; si no fuera por la decisión de aceptar la propuesta de invertir los 120 mil con una constructora no hubiera levantado la casita porque con ese dinero no se lograría una casa porque todo se encareció. Además, a mí sólo me tocó lo de una casa, la otra no entró”, explica Jesús, mientras muestra el interior de la vivienda que ocupa su hijo y su nieta.

Además, él y su esposa fueron beneficiados con una de las 200 casas provisionales de láminas que una congregación evangélica menonita del norte del país construyó en la población zapoteca, casa que aún ocupan, aunque reconoce que es imposible vivir adentro  en los días de calor porque la lámina se calienta mucho.

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Los beneficios a corto plazo de las casas edificadas  con las constructoras orilló a su hija Amalia a  adquirir un préstamo de 105 mil pesos con la Sociedad Hipotecaria Federal para levantar su nueva casa, aunque ella sólo entregó los 15 mil pesos que recibió por daño parcial, por lo que pagará durante siete años el capital con un 7%  de interés anual, a mil 700 pesos mensuales.

Aunque el pago no le importa, Amalia prefiere la rapidez de las casas propuestas de las constructoras avaladas por el gobierno, que levantar personalmente  la construcción, encargarse de las compras y pelearse con los albañiles.

“La verdad, son casas pequeñas, pero nos las entregan listas en menos de dos meses;  a no tener nada, prefiero estas casitas. En el pueblo las casas que ya están listas, son las que construyeron  las constructoras, las demás están lentas por la falta de material y el disparo de los precios, no es como mi primera casa, pero la prefiero a  vivir debajo de lonas”, comenta Amalia afuera de su casa que  tiene 80% de avance.

La primera casa tradicional

Hace 20 días, Cándido Carrasco  López cumplió 83 años de edad, él es un pintor de estandartes, pinturas en lienzos que se elaboran en  honor a santos y que se utilizan en las fiestas patronales de los pueblos zapotecas del Istmo de Tehuantepec.

Su fama es muy conocida en la región, pero sobre todo Juchitán, no se diga de su barrio Cheguigo, donde es conocido como el maestro Cándido. Su estudio era su casa de teja  que construyó con su esposa, pero que se vino completamente al suelo la noche del sismo del 7 de septiembre pasado; él con ella y todos los cuadros que tenía dentro. El hombre   estuvo sepultado  por varias horas hasta que los vecinos lo rescataron.

Sus 83 años  los celebró  debajo de  lonas hasta esta semana, cuando por fin después de cinco meses le entregaron su nueva casa, la primera  de arquitectura tradicional  que se entrega en la región del Istmo de Tehuantepec y que fue construida por la empresa Contecon Manzanillo, dedicada  a la elaboración de contenedores en el puerto de Manzanillo, y el arquitecto brasileño Joao Boto Caeiro con su proyecto  rOOtStudio.

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La casa de teja tiene una dimensión de 9.6 metros cuadrados  por seis metros, se elaboró con una estructura de acero resistente a los sismos y los vientos; se recubrió de ladrillos  el techo  de teja y vigas de madera, cuenta con una sala principal denominado en zapoteco “Yoo Bidó” (Casa sagrada), un cuarto, una cocina y un corredor.

La casa tuvo un costo de 235 mil pesos, los estudios del suelo; el diseño, la mano de obra y la estructura metálica corrió a manos de los benefactores, Cándido sólo aportó lo de su tarjeta para la compra de los ladrillos, la arena, el cemento, la pintura y los aditamentos que lleva la casa.

Para celebrar los 83 años y la vida del maestro Cándido, los artistas urbanos del  Colectivo Chiquitraca pintaron en la pared principal su rostro, como parte del proyecto de la reconstrucción visual de la ciudad.

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Pese a estos avances, la vida de la mayoría de los istmeños transcurre entre lonas y casas provisionales, a cinco meses del sismo de magnitud 8.2, que devastó 42 municipios de la región.

 

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