“Juchitecas mueren de cáncer por machismo”

Causa influye en 90% para que las mujeres indígenas no se hagan pruebas del virus del papiloma humano, acusan
Foto: Roselia Chaca / EL UNIVERSAL
17/06/2018
08:55
Roselia Chaca
Juchitán de Zaragoza, Oaxaca
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Rosario, Ignacia y Antonia enumeran a las vecinas de su cuadra que han muerto de cáncer. Al menos dos  les vienen a la mente,  luego recuerdan que en la iglesia evangélica a la  que asisten  otras  tres han muerto de lo mismo, una de ellas por cáncer de cérvix.

Estas mujeres zapotecas  de más de 66 años  se sienten ajenas a la enfermedad, pero aunque la ven lejana, ruegan a Dios que  nunca las castigue de esa  forma. Contrario a las plegarias recurrentes,  ellas sólo se han hecho el Papanicolaou una vez en la vida, todas hace más de 20 años.  Piensan que con esa vez es más que suficiente.

“Fue doloroso ¡Ay! yo no lo vuelvo hacer. Además, qué pena abrirse en la  cara de la doctora para que me vea. Dicen que esa enfermedad está matando a muchas mujeres; en la iglesia varias ya murieron de eso, pero porque no se atendieron a tiempo”,  dice Rosario, mientras descansa con sus vecinas.

Como Rosario,  Ignacia  y Antonia no saben leer ni escribir, no están  enteradas que en 2010 Oaxaca registró la tasa de mortalidad más alta en todo el país por cáncer cervicouterino ( CaCu), y mucho menos  que entre  los municipios que concentran estas muertes figuran   Oaxaca de Juárez, San Juan Bautista Tuxtepec, Salina Cruz, Huajuapan de León y Juchitán de Zaragoza. Este último municipio, donde ellas viven,  encabeza la lista con el mayor número de casos.

Romper barreras

Recientemente, la UNAM realizó, a través de la doctora Minerva Saldaña Tellez, el estudio “Barreras percibidas por el personal de salud para la toma de la citología cervical en mujeres zapotecas de Juchitán”, con el fin de detectar los obstáculos de tipo psicosocial y cultural que influyen para que las mujeres no acudan a revisiones periódicas y, por tanto, sigan  muriendo de una enfermedad que es prevenible.

Para esta primera fase del estudio  se consultó a personal del sector salud, encargado de los programas de detección oportuna en instituciones públicas como privadas, para  conocer las barreras que tienen que vencer las mujeres juchitecas para no morir de cáncer.

Los principales hallazgos indican que son los factores culturales y  psicosociales los más difíciles de vencer: van desde la desinformación de las mujeres respecto a la prueba y la alta incidencia del virus de papiloma humano (VPH), principal factor de riesgo.

Entre las barreras  culturales destaca el idioma, pero sobre todo la negativa del marido, quien muchas veces  no permite a la mujer realizarse la prueba, por lo que la paciente  difícilmente acude o regresa por miedo a que su pareja se entere. Otro  obstáculo es el tabú de la sexualidad porque hay resistencia al análisis ginecológico por sentimientos de  vergüenza o pudor.

Machismo, principal causa

Celia Mendoza Reyes, coordinadora de la Fundación Restauración Nacional, dedicada a la defensa de mujeres indígenas, considera que el machismo influye en 90% para que las mujeres del Istmo no se realicen las pruebas para detectar  el VPH.

Dice que durante los tres años que lleva la fundación realizando campañas de detección del cáncer, han acompañado casos de mujeres golpeadas por los maridos al recibir la noticia que son positivas.

“El machismo es la principal razón para que no se realicen las pruebas, para que no acudan a las clínicas y si lo hacen son tachadas de putas e infieles”, describe.

Agrega que cuando se les convence de asistir a revisión, se les da por entendido que  lo hace una doctora,  no un varón; agrega que  además ellas no pueden decidir el uso del  condón, “y el marido siempre dice no, porque es su mujer”.

Para Mayra Pineda, abogada feminista,  entre los obstáculos que enfrentan las mujeres indígenas para el acceso a la salud  se encuentra la discriminación que sufren por parte de las instituciones  que no las reconocen como sujetas de derechos, y  las  relegan en las políticas públicas como destinatarias de  programas sociales. “La discriminación que las comunidades indígenas  padecen por parte del Estado  agrava las condiciones en las que viven, y en el caso de las mujeres se agudiza, por el machismo y la pobreza”, asevera.

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