Mujeres zapotecas rescatan técnicas centenarias de bordado en San Antonino, Oaxaca

Desde hace 30 años unas 25 mujeres se han dedicado a preservar bordados típicos zapotecas; luchan por posicionar su trabajo, ante abusos de intermediarios
Fotos: Juan Carlos Zavala / EL UNIVERSAL
21/01/2019
09:46
Juan Carlos Zavala
San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca
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Desde hace 30 años, un grupo de artesanas de San Antonino Castillo Velasco decidió organizarse para recuperar, conservar y difundir las técnicas tradicionales de bordado en este municipio de los Valles Centrales.

Así se autonombraron “Hazme si puedes”, como se conoce a una de las técnicas más difíciles que se aplica en la elaboración de huipiles y vestidos distintivos de esta comunidad zapoteca que siembra y cosecha flores y hortalizas.

Ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, San Antonio también es conocido por su gastronomía, particularmente por sus empanadas de amarillo y  el chocolateatole bebida prehispánica considerada sólo para consumo de los dioses, y que posteriormente sus habitantes acostumbraron a beberla sólo los domingos por tratarse de una bebida especial.

“Nuestro grupo está formado con la finalidad de rescatar nuestra cultura, de difundirla con los eventos que hacemos”, explica Erika Guadalupe Santiago Méndez, representante de la agrupación  “Hazme si puedes”, conformada por más de 25 artesanas.

Todas ellas aprendieron el bordado de sus vestimentas tradicionales a través de la herencia, pero reconocen que con el paso del tiempo la mayoría de las técnicas de sus bordados se estaban perdiendo y con ello también el significado de cada uno de los trazos con hilos de seda sobre las telas de manta, base de sus huipiles y vestidos tradicionales.

Este grupo de mujeres artesanas conserva huipiles de 100 años de antigüedad y retazos de los diferentes tejidos que sus antecesoras han preservado, lo cual les  permite conocer  la evolución de su vestimenta típica.

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Múltiples técnicas

Erika Santiago explica que se tienen reconocidas más de 18 técnicas, pero actualmente  sólo se hace uso de cinco.

Una de las razones  es que se ha perdido el ejercicio de transmitir los conocimientos a las siguientes generaciones, pero también  por el trabajo y el tiempo de elaboración  que implica,  así como los costos  y las dificultades para poder venderlas.

“El hacer un vestido lleva esa magia, ese deseo de hacer las cosas tan bonitas. Una magia al combinar colores, que lo bonito que nos han heredado no se pierda”.

En uno sólo de sus vestidos o huipiles es posible apreciar hasta cinco técnicas o más de bordado, y cada una de ellas con un nombre  y significado en particular que, de alguna manera, forman parte de su cosmovisión del mundo, de su vida y sus tradiciones; también de aquellos elementos que los identifican como pueblo de origen zapoteca.

Una de ellas la llaman simplemente el “bordado tradicional”; además están los “pensamientos”, el “deshilado”, “alforzas”, “punto de semilla”, “hazme si puedes”, “cambalache”.

“Hay varios tipos de tejidos que se han ido perdiendo. Aquí, afortunadamente, hay compañeras que todavía saben hacerlo, pero necesitamos enseñarlo para que no se termine de perder. Un sólo traje lleva las cinco técnicas y faltan mucho más, pero por el costo no se aplican, también porque es mucho trabajo”, agrega Erika Santiago.

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A lo largo de dos mesas las artesanas Nina Cornelio, Celiflora Sánchez, Severa Santiago, Severiana Valencia, Cristina Aguilar, Juan Valencia y Carmen Hernández se acomodan para mostrar el paso a paso de la elaboración de su vestimenta tradicional, el cual empieza con el trazado con pluma sobre la manta de los dibujos que se bordarán, el cortado de la manta, la selección de la pieza y la  técnica con la que se empezará a trabajar.

Cada una de las técnicas se utiliza para el bordado y tejido de las figuras, imágenes o elementos que llevará el vestido o blusa; además,  cada uno  tiene un significado o interpretación distinto.

El “tejido tradicional” se utiliza para el tejido de las flores, como  claveles, que se extienden a lo largo del escote del pecho,  espalda  y mangas de la vestimenta, en representación de la principal actividad económica de este pueblo zapoteca.

En esta zona también se utiliza la técnica “pensamientos”, como las    flores, pero que implican la combinación de hilos de diversos colores y que logran la impresión de una pintura. Algunas artesanas incluyen el bordado de mariposas o colibríes.

Buscan oficializar organización

En la parte de la cintura, por ejemplo, se aprecia la técnica “hazme si puedes” que consiste en el bordado de figuras de hombres y mujeres, intercalados y tomados de las manos, que representan a un pueblo unido, trabajador, originario, con costumbres y tradiciones.

Un área de la manta es deshilada y en esta parte se utiliza la técnica de “tejido nacional”, con la que se  forman rehiletes y otras figuras distintivas de las fiestas en la comunidad de San Antonino Castillo Velasco y del país, y su significado es precisamente la proyección de fiesta, luces y tradición: “Somos un pueblo alegre, lleno de cultura, apasionado por lo que hacemos”, abunda Erika Santiago.

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El “punto semilla”, además, es una técnica para tejer figuras como una semilla que simboliza los esfuerzos de la  comunidad por obtener una buena cosecha.

“San Antonino porque se le llama ‘la tierra de las flores’ y es de ahí que las artesanas se inspiran para hacer el bordado, porque aquí se cultivan las flores, es un pueblo de hortelanos y de ahí viene el bordado tradicional, de las flores del campo: hay rosas, claveles, pensamientos, entre otras”.

A 30 años de que formaron su organización, recientemente iniciaron con los trámites ante la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) para constituirse legalmente como una asociación civil.

Pero en estas tres décadas, afirma Erika Santiago, han logrado que la pasión por su trabajo se pueda difundir, así como el rescate de sus técnicas de bordado tradicionales. Además, han podido innovar: ahora no sólo hacen blusas y vestidos, también aplican sus bordados en diademas, sombreros, collares, zapatos,  cinturones, entre otros.

Lo difícil, dice, es que a pesar de los años no han logrado consolidar lugares o puntos de venta.

Poca comercialización

“No tenemos lugares a donde ir a vender, de qué sirve el esfuerzo de meses si no llega el recurso para poder seguir produciendo, porque estos son meses de trabajo, sacrificios, donde se va la vida, donde se queda parte de la vista, parte de la vida de cada una de las artesanas”, manifiesta.

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También, como ellos,   muchos otros artesanos oaxaqueños se enfrentan a los intermediarios, quienes  sacan ventaja de sus necesidades de vender para subsistir económicamente y obtener recursos para seguir produciendo.

“A veces, viene gente que quiere que le vendas a mitad del precio en que vendemos una prenda y uno termina por aceptar, porque no hay dinero y por lo menos para sacar lo que se invirtió en la materia prima”,  lamenta Juan Valencia.

Erika Santiago apunta que lo que piden es tener lugares dónde vender directamente y no depender de intermediarios que sacan mayores ganancias de su trabajo.

 “Sabemos que tienen que ganar, pero que nos echen la mano, que nos paguen el precio justo. Una pieza que nosotros vedemos a mil 500 pesos, un vestido sencillo, lo llegan a vender hasta en 4 mil pesos. Ellos le ganan más de la mitad sin que inviertan un sólo peso.

“Ellos ganan más que nosotros, y  ya no queremos sufrir así, queremos salir un poco adelante con nuestros productos que nuestros antepasados nos han enseñado. Queremos lucir este trabajo”, sentencia Cristina Aguilar.

 

 

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