Mujeres oaxaqueñas rescatan el oficio de hilar con seda

Artesanas de San Miguel Cajonos lograron reactivar su economía y frenar la migración, gracias al insecto y los textiles.
Foto: Mario Arturo Martínez / EL UNIVERSAL
25/02/2019
09:31
Christian Jiménez
San Miguel Cajonos, Oaxaca
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Bienhi es una palabra en zapoteco que significa “nuevo amanecer” y es la motivación que artesanas de la comunidad de San Miguel Cajonos encontraron para rescatar la producción de textiles de seda, a fin de evitar la migración y generar empleos para  mejorar la calidad de vida de la comunidad.

En San Miguel, agencia del municipio de San Francisco Cajonos, hay poco más de 300 habitantes. En la localidad el nivel promedio de educación es el básico, de acuerdo con el  Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed), pues en el municipio no hay escuelas secundarias, sólo dos primarias y dos preescolares.

Aunque la gente en edad laboral se dedica a la construcción o al campo, el municipio subsiste gracias a las remesas que envían los pobladores que emigraron a los Estados Unidos.

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Natividad Estela Zárate López, integrante de la organización Bienhi, asegura que en la cooperativa encontraron “la luz de un nuevo día”, pues en el pueblo hace 34 años escaseaba el trabajo e incluso  familias enteras  huyeron para mejorar sus condiciones.

—Habían desaparecido todas las técnicas y el conocimiento sobre el trabajo de la seda, tanto el tejido como el teñido de textiles, señala Estela, quien explica que décadas antes, familias de esta comunidad de la Sierra Norte se dedicaban a la crianza del gusano de seda, pero con el tiempo la actividad fue desapareciendo.

Ante ese escenario, en 1985 unas 45 mujeres del pueblo se organizaron para conseguir gusanos de seda criollos, que sirvieran para iniciar un pequeño proyecto de producción. Así fue como nació el colectivo Bienhi,  cuyas integrantes después decidieron enfocarse al rescate de la seda.

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Primero empezaron a producir gusanos y resguardarlos en las casas de las integrantes del grupo, quienes poco a poco fueron aprendiendo sobre los cuidados del gusano.

Debido al trabajo que significó recuperar la actividad, y a los problemas que acarreaba a las mujeres participar en actividades fuera del hogar, el grupo se fue haciendo más pequeño.

Actualmente, Bienhi se conforma de 10 integrantes, pero emplea a una veintena de personas de la comunidad de forma indirecta, quienes colaboran con la recolección de hojas de morera para la crianza de gusanos, así como tejiendo algunas piezas.

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El proceso

Hace décadas, cuando las abuelas de San Miguel Cajonos criaban gusanos, se pensaba que requerían de pocos cuidados; sin embargo, había supersticiones que no podían ignorarse durante el proceso.

—No los podían ver las embarazadas, las personas enfermas o algún desconocido, ni tomarle fotografías, pues se creía que se morían, dice Estela.

En ese entonces, eran sólo las mujeres las que se dedicaban a criar a los gusanos, pues no podían salir de su casa. Con el tiempo, los métodos han cambiado, en Bienhi abandonaron esas creencias  y optaron por acondicionar un lugar con el clima y la alimentación adecuadas para la crianza del gusano de seda.

Este insecto tiene cinco edades, en las que muda la piel y vuelve a crecer; su ciclo de vida  es de un mes y medio. La seda se obtiene de la secreción de la glándula sericina: el gusano “vomita” filamentos después de comer en un lapso de hasta 12 horas. La secreción está compuesta de seda y después del proceso se recolecta para transformarse en material textil.

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El gusano se alimenta de hojas de morera y, para garantizar la crianza, Bienhi cuenta con tres hectáreas de esta especie de árboles. Otros ejemplares fueron entregados a familias de la comunidad para su cuidado y ahora  venden las hojas al colectivo.  A pesar de ello, la producción no está asegurada, pues en ocasiones el clima afecta el proceso.

Como parte del camino recorrido, en 2005 la  organización obtuvo su constitución oficial  y pudo acceder a recursos gubernamentales con los que construyó un taller y accedió a capacitaciones para mejorar la crianza. Además, comenzó a  producir seda de “gusanos mejorados”, cuyos primeros ejemplares le fueron entregados a través de un apoyo federal.

Con ese impulso las mujeres hicieron contacto con la sala de crianza de gusano de seda a nivel nacional, en San Luis Potosí, donde conocieron los prototipos de máquinas de hilado mecánicas para agilizar el trabajo.

Ahora, el colectivo produce tanto gusanos criollos que se pueden criar en cualquier temporada, como “mejorados”, que les entregaron de la sala de crianza nacional y  son llevados al parque El Tequio, donde se localiza la sala  local. Ahí,  los productores recogen estos ejemplares mejorados de los que se obtiene mayor cantidad de seda.

Debido a las condiciones del clima, el proceso de crianza sólo se realiza en primavera y verano, en los meses de marzo-abril y  julio-agosto.  Bienhi ha logrado criar aproximadamente 120 mil gusanos por temporada.

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Técnicas tradicionales

El siguiente paso para estas mujeres de la seda fue ir más allá de la  crianza de gusanos, así que  el grupo acordó retomar  técnicas tradicionales de tejido en malacate,  telar de pedal y telar de cintura, así como teñido de  hilos con colorantes naturales, como añil y grana cochinilla. No sólo criarían a los gusanos, también emplearían su seda para elaborar sus propios textiles, principalmente rebosos tradicionales. 

Estela dice que  no consideraban que la modernidad les jugaría en contra,  pues actualmente casi nadie usa rebozos, por lo que tuvieron que innovar y producir otras prendas, como bufandas, blusas, gargantillas y huipiles.

Para elaborar las prendas, el trabajo es totalmente artesanal y requiere de  hasta tres meses para terminarse. Dependiendo de la  complejidad, el precio de las prendas oscila de mil 800 a 7  mil pesos. Actualmente, el taller produce al mes una docena de rebozos, una de chalinas y una de bufandas.

—Nos costó mucho trabajo darnos a conocer, primero estuvimos casi cazando las invitaciones a ferias y eventos organizados por dependencias gubernamentales, comenta Estela.

Los productos que se generan en el taller han propiciado intercambios de prácticas con una empresa textil alemana y  con diseñadores europeos, a los que se acercaron a través de la Universidad Anáhuac. Fue con dicha institución que   generaron prototipos de prendas diseñadas por estudiantes, mismas  que se lucieron en pasarelas italianas el año pasado.

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Primer santuario

Apenas en enero, el gobierno de Oaxaca anunció la construcción del primer Santuario del Gusano de Seda en México, el cual  contará con un laboratorio de sericultura para la crianza de gusanos. La obra contempla  una inversión de 14 millones de pesos, obtenidos a través del Instituto Nacional del Emprendedor.

Dicho santuario se erigirá en San Pedro Cajonos, municipio vecino de San Miguel. Entre ambas localidades desde hace  años hay conflictos territoriales que han dejado muertos y  desaparecidos.

Esa  situación mantiene a la expectativa a las artesanas, quienes recuerdan que hace años  formaron parte de una alianza de productores de seda  que incluía a     San Pedro Cajonos, Santo Domingo Xagacía y San Pablo Yaganiza, pero las diferencias con San Pedro aislaron a la comunidad de la organización que se disolvió tiempo después.

Ante los problemas entre las comunidades, las 10 familias de artesanos dedicadas a la seda de San Miguel temen quedar fuera de los apoyos que traiga el santuario. Por ello, han solicitado a la Secretaría de Economía que visite sus talleres para verificar que en el pueblo la actividad textil es relevante y debe ser tomada en cuenta. 

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