La Cuenca, lugar donde nació la música jarocha

Músicos jaraneros de la región lamentan que se desconozca el verdadero origen de los sones atribuídos al estado de Veracruz; historiadores aseguran que el huapango vestía las festividades de Villa Tuxtepec desde finales del siglo XIX
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En 2013, la agrupación "Butaquitos" participó en la primera presentación de la delegación Loma Bonita en la Guelaguetza, donde presentó sones jarochos a la par que representó el tiempo de la cosecha de la piña.
26/12/2017
03:03
Yuridiana Sosa
San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca
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Los acordes de la música jarocha se escuchan con fuerza desde la jarana de Crispín, quien pronuncia sus décimas improvisadas ante la mirada sorprendida de la gente  por la interpretación del hombre de piel morena, que porta con orgullo un viejo sombrero de palma y unos botines que  hacen retumbar una tarima.

Crispín Rivera Jiménez es originario de Tuxtepec, con raíces de la cultura chinanteca y descendiente de una familia de jaraneros de hace más de 100 años en la región de la Cuenca del Papaloapan.

Es un día cualquiera y el músico recorre la ciudad con su jarana atravesada en  su torso; va de restaurante en restaurante para interpretar los sones jarochos y sus décimas. Lo hace por dos razones, para ganarse unas monedas y porque es la única forma que encuentra para difundir la música originaria de la región, asegura.

“La música jarocha es de Tuxtepec, de la Cuenca, no es originaria ni exclusiva de Veracruz”, recalca el hombre, quien responde de esta forma cuando  le preguntan por qué toca música de otro estado.

“No es enojo, es defender lo que es nuestro, nuestras raíces”, expresa el jaranero que aprendió los sones de su abuelo y su padre, y ahora   de quien su abuelo y padre, y  ahora su hijo aprende esta tradición.

El origen 

Por el año de 1883, las jaranas ya se escuchaban en la Villa de Tuxtepec; el huapango era motivo de grandes reuniones para el pueblo, para lo que la invitación sólo era la colocación de una tarima en la calle, lanzaban   cohetones, o en su caso balazos. Así lo relata el libro “Fandango, el ritual del mundo jaracho a través de los siglos”, de Antonio García de León.

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El historiador tuxtepecano Francisco Alonso Ahúja refiere que el término jarocho se desprende por el uso de una lanza o flecha llamada jarana que ocupaban los habitantes de los diferentes pueblos de la Cuenca alta, desde Valle Nacional, Ojitlán, Jalapa de Díaz y San Pedro Ixcatlán, para impulsar sus balsas sobre los  ríos para llegar a Tuxtepec.

 Ahuja afirma que esta actividad data de épocas prehispánicas, que  antes de 1944, cuando ocurrió la inundación, se mantenía vigente.

“¡Ahí vienen los jarochos!”, fue una expresión normal entre la población tuxtepecana, afirma el historiador;  resalta la costumbre de los viajeros, quienes durante su trayecto tocaban el instrumento musical también nombrado jarana, que al inicio eran fabricados por conchas de tortuga.

Colás y Nicolás

De acuerdo con el historiador, la canción tradicional jarocha de “Colás y Nicolás” surgió en la  Cuenca en la época en la que  Benito Juárez fue gobernador.

 “Vámonos para Oaxaca, vámonos y la verás, rodeada de montañas y en medio Nicolás, colás, colás…”, cita  la primera estrofa. Mientras que en otro verso se cantaba: “Cuando pedías mi voto, me llamabas Nicolás, ahora que ya lo tienes, soy colás no más”. Según el libro, “La Sierra Juárez” de Rosendo Pérez Garcíade 1956.

Con música jarocha, la delegación de Tuxtepec se presentó un par de ocasiones en la Guelaguetza, pero en 1958 el gobernador Alfonso Pérez Gasga indicó que esa delegación no representaba a Oaxaca, por la música  y la indumentaria, por lo que ordenó la creación del baile de “Flor de piña”.

“El gobierno no investigó, no se tomó la molestia de conocer sobre la Cuenca”, expresa con desagrado el historiador tuxtepecano.

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Generación preocupada

Los jaraneros en los parques, eventos sociales, plazas públicas u oficiales no figuran en la población.

Hace 18 años, Ángel Pérez Escamirosa, junto con sus tres hermanos, retomaron la música jarocha, tal como lo hizo su abuelo.

Con invitación a más jóvenes, se formó el grupo “Butaquitos” con el fin de difundir y rescatar la música tradicional de Tuxtepec.

La labor de difusión no fue sencilla, pues desde el primer día que se presentaron de manera voluntaria  en el parque Miguel Hidalgo, en el centro de la ciudad, fueron   cuestionados sobre por qué tocaban música veracruzana.

“En ese momento nos dimos cuenta lo que habíamos perdido como sociedad, que son nuestras tradiciones, y a su vez tuvimos la labor de explicar”, comenta el músico.

Con el tiempo tuvieron la oportunidad de ofrecer talleres de manera privada para enseñar a  los  jóvenes a tocar la jarana, después lo hicieron  en la Casa de la Cultura  Víctor Bravo Ahuja; de esa labor surgieron tres grupos más hasta el año de 2011.

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Costumbres jarochas

En  2013, “Butaquitos” participó en la primera presentación de la delegación Loma Bonita en  la Guelaguetza, donde presentó sones jarochos al tiempo que representó el tiempo de la cosecha de la piña.

“Fue un orgullo impulsar la música tradicional de la Cuenca una vez más desde ese escenario”, resalta Ángel Pérez, quien también reconoce  que, una vez más, la difusión de esta música se estancó.

Es a través de esta tradición de salir a pedir “aguinaldo” —dulces o dinero— en época de las posadas con una pequeña rama adornada con farolitos y globos, donde algunas personas aún cantan décimas con sus jaranas, como salían hace por lo menos 50 años.

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