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Vida cotidiana en Qatar

El gobierno de este país, es conocido como “la perla del Golfo” y no se rige por la democracia como en México, sino por una monarquía
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Con 11 mil 586 kilómetros de extensión, es más pequeño que el estado de Querétaro pero es el país más rico del mundo: su producto interno bruto es de 127 mil dólares anuales. (TERESA MORENO)
27/11/2017
03:09
Teresa Moreno / Enviada
Qatar
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Aquí, las mujeres caminan detrás de los hombres cubiertas de pies a cabeza, una cerveza “Corona” cuesta 300 pesos, el agua es tan limpia que se puede beber de la llave y se puede regatear hasta en las tiendas establecidas. Es Doha, la capital de Qatar, sede de la Copa Mundial de Fútbol FIFA 2022.

El calor es húmedo en Doha y al mínimo contacto con el Sol, la piel pica, arde: el termómetro llega a los 30 grados durante la tarde y por la noche alcanzará los 22. Para muchos habitantes de la Ciudad de México esta temperatura representa una jornada calurosa de pleitos en el metro, sudor, tráfico sofocante y puro mal humor al viajar en la combi. Para los cataríes, es un agradable día de invierno y una tarde fresca que los hará ponerse suéter para salir.

En el mapa, Qatar se ve como un islote en el oeste de Asia rodeado por el Golfo Pérsico y conectado a tierra únicamente por su frontera con Arabia Saudita. Con 11 mil 586 kilómetros de extensión, es más pequeño que el estado de Querétaro pero es el país más rico del mundo: su producto interno bruto es de 127 mil dólares anuales, siete veces  más que México.

Aquí, la moneda oficial es el “rial” o real y cada rial equivale aproximadamente a cinco pesos mexicanos. Las monedas son poco comunes y lo que más se ve son los hermosos billetes decorados con motivos árabes en tonos turqueza, verde, rojo y naranja de uno, cinco, 10 y veinte riales.

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A pesar de su tamaño, Doha concentra algunos de los rascacielos más altos del mundo como la Aspire Tower, que mide 300 metros de alto: tres veces el Ángel de la Independencia y 4.4 veces la altura del Monumento a la Revolución en la CDMX. Se encuentra a 14 mil kilómetros, lo que representa casi 20 horas de vuelo para llegar; pero más allá de lo geográfico, la distancia con nuestro país es cultural.

En esta nación el idioma oficial es el árabe pero una gran mayoría de las personas que trabajan y viven aquí, sean cataríes o no, se comunican en inglés: el guardia de seguridad que opera la máquina de rayos X, el vendedor del mercado, el gerente del hotel, el mesero, un taxista.

El gobierno de este país, conocido como “la perla del Golfo” no se rige por la democracia como en México, sino por una monarquía. Una sola familia, la del emir Tamim bin Hamad Al Thani, ha reinado desde el siglo XIX cuando el país dependía de Reino Unido y todavía no había descubierto sus reservas de gas natural y petróleo, que lo han hecho una de las naciones más ricas y poderosas del mundo.

Además en medio de un bloqueo económico, que es percibido como un atentado a su soberanía, los cataríes han colocado la imagen del emir en todos los lugares posibles del espacio público: en los parabrisas de automóviles, autobuses y taxis, en playeras que se venden a los locales, estampas, estampas, fundas para el celular, fotografías, retratos al óleo y a lápiz e incluso globos inflados de helio con forma de corazón que los niños portan por la calle.

Es como si en México la gente saliera a festejar el 15 de septiembre usando playeras impresas con la cara del presidente, en lugar de sus camisolas de la selección nacional de fútbol.

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 Para los locales, señala Habib, un agente de relaciones públicas de 38 años que vive en Doha, el bloqueo económico de los saudíes va detrás de las reservas de gas natural que tiene Qatar por 85 mil millones de metros cúbicos.

“Después de la Primavera Árabe, Qatar apoyó a los gobiernos electos de manera democrática. Después, algunas fracciones que habían apoyado a esos gobiernos como los “Hermanos musulmanes” se separaron, se radicalizaron y se volvieron terroristas. No es que se les haya apoyado a ellos sino a los gobiernos elegidos de manera democrática de los cuales, después, surgieron esos grupos, ¿entiendes la diferencia?”, señala.

Aquí hay pocos lugares de convivencia pública: los locales y turistas visitan los centros comerciales donde se venden marcas de lujo reconocidas en todo el mundo.

Para los turistas, una de las visitas más comunes es el mercado o “souq” Waqif, que se encuentra en el centro de Doha, donde se pueden encontrar especias, artesanías, telares, dulces, ropa típica y establecimientos dedicados exclusivamente a que la gente beba té y fume tabacos de sabores en las pipas narguile, conocidas como shisha, actividad que ellos llaman “shi”.

A pesar de ser “tradicional”, del mercado se percibe algo extraño, se supone que es viejo, pero no lo parece; al final, al preguntar a comerciantes, resultó que el mercado antiguo fue derribado hace más de 10 años y vuelto a construir con el diseño original y las adecuaciones de la vida moderna.

Un comerciante de Qatar, explicó que “en este lugar, las tiendas no son sólo cataríes: se venden productos de Irán, Irak, Siria e India, principalmente y se pueden encontrar desde llaveros para turistas hasta manuales en árabe, inglés, francés y portugués para comprender El Corán y la religión del Islam”. Y por supuesto, es posible regatear con los vendedores.

Sobre eso, el comerciante detalla que “el proceso inicia con un comprador indeciso y una calculadora. El vendedor observa y va apartando los productos de interés: cajitas de papel maché pintado a mano, lámparas de colores, telas y cojines bordados, billetes antiguos, bisutería de alpaca y azulejos elaborados de manera artesanal.

“Cuando el comprador no busca nada más, el vendedor hace la suma total y ofrece una pequeña rebaja; si el comprador no se ve lo suficientemente interesado, el vendedor vuelve a ofrecer; el comprador vuelve a hacer una mueca y el vendedor toma de nuevo la calculadora y marca otro descuento. La negociación termina cuando el comprador considera que encontró un buen precio o cuando el vendedor llega a un punto de inflexión”.

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También está Katara, un espacio comercial menos visitado por los turistas donde se encuentra el museo del halcón, animal típico de Qatar, una cafetería temática de la agencia noticiosa oficial del gobierno catarí, Al-Jazeera, la mezquita dorada a donde solo se permite el acceso de hombres, y restaurantes colocados a lo largo de la bahía, con botes y barcos encallados en recuerdo del pasado pesquero de estos nuevos ricos del petróleo.

Tomar fotografías y videos en la calle no está prohibido, pero es necesario ser muy precavido para evitar que en la toma salgan mujeres.

En este país, las leyes nacionales se rigen por los dictados del Corán; de ahí que cinco veces al día se escucha por bocinas colocadas en toda la ciudad, el llamado a la oración, el cual dura tres minutos.

En ese momento, los varones musulmanes están obligados a interrumpir sus actividades, hincarse en el suelo y orar volteando en dirección a La Meca.

Por lo general, las mujeres cataríes vistan chadores: vestidos elaborados de una tela negra muy porosa que las cubren de la cabeza a los pies y sólo dejan ver el óvalo de la cara, las manos y los pies debajo del tobillo; el uso de la niqab también es muy común, esta prenda, también de color negro, sólo permite que a la mujer se le vean los ojos.

Es por esta razón que, a pesar de no estar prohibido, se considera mal visto que las turistas utilicen vestidos o faldas por arriba del tobillo, ceñidas al cuerpo o que sean de manga corta: los escotes, las pantorrillas al aire y los ombligos desnudos de las turistas se consideran una grosería y de utilizar esta ropa, una mujer se puede exponer a que cualquier persona la reprenda públicamente o en la calle.

En Qatar está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas para los catarís y los residentes extranjeros de religión musulmana. Sólo se puede comprar alcohol en una única tienda localizada en Doha, para hacerlo es necesario que el residente tenga una licencia especial, personalizada con nombre y fotografía que le autoriza su empleador y registra la cantidad de alcohol que se compra al mes. Esta cantidad no puede superar los dos mil 500 “rials”  la moneda local.

En esta  tienda localizada a la salida de Doha frente a la única iglesia cristiana ortodoxa que existe en la ciudad, un cartón de 24 cervezas Corona cuesta 250 rials, el equivalente a mil 300 pesos.

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