Araceli, la enfermera heroína tras el sismo del 7S en Juchitán

Salvó a pacientes del Hospital Civil de Juchitán; compañeros reconocen su valentía el 7-S
Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL
09/09/2018
02:15
Alberto López Morales / Corresponsal
Juchitán de Zaragoza, Oaxaca
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Los héroes pueden estar en todas partes, así lo demostró la enfermera Araceli Baltazar, cuando tras el terremoto ayudó a salvar la vida de 80 pacientes, 21 enfermeras y demás personal de salud del Hospital Civil Macedonio Benítez Fuentes, de esta ciudad zapoteca.

Era la  noche del 7 de septiembre de 2017, antes de ingresar al quirófano  para ser sometida a una cesárea, Mariana Paz Luis alcanzó a ver que el reloj marcaba a las 23:20 horas. Aunque no le aplicaron anestesia general, se durmió con la música relajante que le pusieron los médicos.

Minutos antes, la enfermera Araceli de las 23:49 horas acudió al quirófano para recibir a la primera hija de Mariana.

—Desperté con el llanto de mi bebé, ¿ya nació?, pregunté. ‘Es una niña, está bien, pesó dos kilos 600 gramos’, contestó la enfermera... alcancé a ver el momento en que ella, con mi hija en sus brazos, cruzó la puerta del quirófano, recuerda  Mariana.

Los dos médicos aún no terminaban de costurar la herida de la cesárea, cuando la tierra rugió y empezó a moverse frenéticamente.  Se fue la luz y la oscuridad llegó acompañada de gritos, llantos y una mezcla aterradora de ruidos producidos por los cristales rotos, techos y paredes que  colapsaron.

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A partir de ese momento, y hasta la fecha, Araceli, quien es egresada de la facultad de Enfermería de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), en el año 2006,  es conocida como “la heroína del hospital”.

―La mayoría de mis compañeras estaba en shock. ¡Saquen a todos los pacientes!, grité  ―, relata   la enfermera.

—Las puertas del hospital se atoraron, el techo de la entrada principal se colapsó, agrega.

 Era imposible salir por esa ruta. Entonces,  Araceli le pidió a uno de los policías privados que rompiera con una cubeta los cristales de una puerta lateral y por el lado oriente del hospital empezaron a sacar a los pacientes.

La líder  de los trabajadores del hospital civil, Yolanda Sánchez Ulloa, dijo que todos destacaron la valentía de Araceli, quien acudió a todas las áreas para que todos  fueran puestos a salvo, y  tomó la decisión de reubicar a los pacientes en el patio de enfrente.

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―Ningún paciente y tampoco ninguna compañera enfermera sufrieron daños con el temblor, señala Areceli con orgullo.

En el quirófano, con la ayuda de las lámparas de sus celulares, los dos médicos terminaron de costurar la cesárea de  Mariana. En medio de la oscuridad y entre los escombros, su esposo    Tomás Saturnino logró encontrarla.

—¡La niña!,  ¿dónde está?, le preguntó desesperada.

La bebé Fernanda Alelí, a quien las enfermeras recuerdan con el nombre de Milagros, estaba durmiendo  en los brazos de  Araceli; pasada la media noche fue entregada a los familiares  Mariana.

―No he podido agradecer a la enfermera todo lo que hizo por nosotros... Espero que pronto le agradezca personalmente el cuidado que tuvo con mi hija, refiere  Mariana, mientras prepara la piñata para el primer año de su pequeña, justo en el primer aniversario del terremoto.

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