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Combate a crimen deprime a marinos

Superan casos registrados a los de la Sedena; se deben a largas jornadas de trabajo, tensión por los combates y el alejamiento de la familia: siquiatras
Ilustración: Crismas Cortés
08/07/2018
04:39
Andrés Estrada
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A los elementos de la Marina se les ve transitar con su uniforme  por diversas zonas del país. En Tamaulipas, Veracruz, el Estado de México y Sinaloa, entre otras entidades, incluida la Ciudad de México, realizan labores de seguridad contra los grupos del crimen organizado.  Su cara se muestra seria, mientras portan fusiles automáticos M16A2 o carabinas M4 entre los brazos.

Las tareas que desempeñan van más allá. Lo mismo se les puede ver surcando el Mar de Cortés, en el Alto Golfo de California, para proteger a la vaquita marina (especie en extinción), que recorriendo las polvorosas calles de El Golfo de Santa Clara, Sonora, realizando operativos contra el tráfico de totoaba. Al igual, en altamar combaten a piratas, huachicoleros y narcotraficantes en sumergibles artesanales, o rescatan a pescadores náufragos, siempre con el rostro sobrio y concentrado.

Sin embargo, detrás de aquellos semblantes se esconden jornadas extenuantes, horarios interminables y el cansancio de navegar por semanas sin pisar tierra. También pueden ocultar  problemas emocionales, distanciamientos con la familia y amigos, divorcios y pérdida de compañeros durante las misiones.

Este contexto ha afectado al menos a 2 mil 430 integrantes de la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar), en  los que se  diagnosticaron depresión o ansiedad de enero de 2010 a diciembre a 2017, indican cifras obtenidas a través de transparencia en poder de EL UNIVERSAL. Otros factores que los desencadenarían  son los operativos contra el crimen organizado, la sobreexposición a situaciones de riesgo, emboscadas y el fuego cruzado, lo mismo que la falta de descanso y la presión de trabajar  en una institución demandante.

En estas circunstancias los efectivos  pueden presentar estrés postraumático, señala Francisco Shimasaki, médico siquiatra adscrito al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez de la Ciudad de México.

 “Otra situación  es que están en alta mar en un barco. El tiempo mínimo  es de 15 días a un mes y eso les va traer consecuencias afectivas”, destaca. En casos particulares,  atendiendo a elementos de la institución, comenta, existe la disolución de la familia,  divorcios y separaciones. Sobre las cifras de estos trastornos mentales, resalta que puede haber una cifra negra mucho mayor.

Por su parte, Martín Gabriel Barrón Cruz, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) y experto en temas de seguridad, comenta que las operaciones  implican  un estrés constante, pues la sobreexposición a hechos violentos y horarios extenuantes les han afectado.

Evaluaciones preventivas

En los últimos cinco años la Semar comenzó a realizar  evaluaciones de manera preventiva para monitorear estas circunstancias, informa por su lado a este diario la capitán Liliana Téllez Cárdenas, subdirectora de Medicina Ocupacional de la institución.

“Lo que hemos encontrado más es efectivamente ansiedad y depresión. Los factores son múltiples, desde el área del punto de vista ocupacional, son sicosociales. Esos factores  tienen que ver con el medio ambiente en el que se están desenvolviendo, que la mayor parte de nuestro tiempo es nuestra vida laboral, institucional y otra parte, es la familiar”, explica.

En lo que respecta a los elementos con depresión, se registraron 925 entre 2010 y 2017. Las cifras se dispararon al pasar de 71 casos en 2015 a 69 en 2016 y 251 en 2017; es decir, se triplicaron en un año. Del total,  538 son hombres, 385 son mujeres y en dos no se especifica su sexo.

En cuanto a este incremento,  Barrón Cruz precisa que se tendría que conocer el periodo que los marinos  realizaron tareas  de seguridad. Puede ser que estos últimos llevarán más tiempo o estuvieran más contenidos, pero por algún hecho es cuando brota el problema. “Lo que hay que encontrar es qué detona ese cambio. Se debe hacer un estudio del quehacer profesional de estas personas, para  encontrar en qué momento hay un cambio de comportamiento.

“Cuando se inició todo este asunto donde la Semar participa en acciones que anteriormente no realizaba, el personal, digamos, estaba en un estado de salud diferente. Como médico del trabajo te lo puedo decir, que a mayor exposición, mayor daño a la salud; sin embargo, la ventaja de todo esto es que se está monitoreando, se está previendo”, expone Téllez Cárdenas, también especialista.

Otro dato relevante es que los casos de depresión en la Semar superan en poco más de cuatro veces a los 214 militares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que fueron  diagnosticados con el padecimiento de diciembre de 2006 a agosto de 2016, según otra solicitud de información.

Los síntomas de la depresión que pueden presentar  son variados. Primero es tristeza,  llanto, apatía y  falta de placer. También  irritabilidad, intolerancia, insomnio, ansiedad y cambios en los hábitos de alimentación,  explica  Shimasaki. Al mismo tiempo, se altera el patrón del sueño.  Aquellos con  pareja tendrán una disminución del deseo sexual. En el caso de los que se expusieron a situaciones de riesgo y enfrentamientos, tendrán pesadillas recurrentes.

 Además, quienes la padecen son más propensos a consumir sustancias tóxicas. “Es un medio de cultivo, una persona afectada emocionalmente buscará la manera de aliviarlo. En este sentido entran las sustancias. La marihuana, la cocaína y el alcohol tienden a aliviar momentáneamente los síntomas. No obstante, después la persona se  dará cuenta más tarde que tiene un problema más. Aparte de la depresión y la ansiedad, tiene un problema de adicción”, detalla.

La detonación de un arma de fuego se escuchó en las instalaciones del Octavo Batallón de Infantería de la Marina, en Guaymas, Sonora. En el suelo y con la cabeza sangrando, hallaron a Ubaldo Roberto, de 33 años de edad, sin signos vitales, según reportaron  medios locales. Esa mañana de julio de 2016, el elemento murió.

Las etapas de la depresión van de leve y moderada a muy grave. Se debe atender al inicio, pues irá avanzando y podría terminar en el suicidio.

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