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Artesanos defienden las piñatas mexicanas

Ángel Fidencio es uno de los 40 productores de Temoaya, dice que creaciones chinas ganan terreno por precios bajos
Ángel Fidencio Martínez y su familia elaboran piñatas tradicionales. Cada año crean entre mil y 3 mil para la época decembrina. Fotos: Jorge Alvarado / EL UNIVERSAL
16/12/2018
09:30
Claudia González
Temoaya, Estado de México.-
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Desde hace 20 años, Ángel Fidencio Martínez elabora piñatas con forma de estrella para navidad, es uno de los 40 artesanos que se dedican a esta actividad en el municipio de Temoaya, Estado de México, quienes defienden la producción artesanal ante la proliferación de producto chino que les hace competencia en las calles, pues son mucho más baratas, pero “no de buena calidad”.

Son estrellas coloridas con base de cartón, olla de barro o pelotas, algunas son cubiertas de papel metálico, otras de papel maché o de estraza, que tradicionalmente son de cinco o siete picos, pues representan los pecados capitales.

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Se trata de adornos que miden desde 25 centímetros hasta dos metros de altura, contando los picos, que principalmente les compran las iglesias para adornar sus instalaciones, los mercados, edificios públicos, hasta la gente común, pero que son vendidas para clientes de Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Jalisco y otros estados.

Los costos van de los 70 hasta los 500 pesos cada una, dependiendo el tamaño, aunque “siempre nos regatean porque viene mucha gente que quiere para revenderlas y no les sale si las compran a esos precios, dicen que son muy caros”.

Cada año elaboran entre mil y 3 mil piñatas por taller, se tardan de 25 a 30 minutos en terminar las pequeñas que son de barro, dependiendo el decorado. Pueden tardar hasta una hora en las más grandes, además del tiempo de secado, pues siguen usando engrudo.

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Explicó que desde niño aprendió esta actividad que desempeñaban sus padres; su papá tenía una recaudería en la Ciudad de México, en donde elaboraba pequeñas piñatas que en vacaciones de diciembre vendía en las calles.

“Luego me vine a vivir a Temoaya, ya de adulto, entonces puse una vulcanizadora, pero no me daba mucha ganancia y pensé que en los tiempos muertos debía ponerme a hacer algo y decidí que podíamos hacer las piñatas. Le dije a mi esposa y juntos comenzamos a hacer de diferentes bases y tamaños”, comentó el artesano.

Dijo que comenzó con las de olla, de menor tamaño y después las de figuras de personas. Sus clientes de otras entidades le pidieron cambiar el material, no es más costosa,  “pero la de barro no la quieren porque al romperlas los niños se cortan con el barro”.

“Era tradicional ese material y estábamos muy acoplados antes a eso, pero ahora ya no es así y la hacemos de cartón, también en un principio comenzamos a usar globos, pero cambiamos por pelotas, porque hay de varios tamaños y sólo es cosa de cortarla después que el engrudo se secó junto con el papel de estraza, que es la cubierta inicial para darle forma a la estrella”, indicó.

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Sobre la competencia, dijo que es muy frecuente que por los materiales es sencillo hacer réplicas, pero no se atrevió a calificarlas como piratas, puesto que cada artesano se basa en su creatividad, pero “viniendo de China o de Japón, no sé, lo más lógico es que se ‘volaron’ la idea porque allá que yo sepa no hay esa tradición, es algo muy mexicano”.

Explicó que sus productos se ofertan en casi todo el estado, pues muchos de los mayoristas que le compran se surten desde noviembre y las almacenan para sacar a la venta el producto en diciembre, sobre todo antes del 16 cuando inician las posadas, festividades para las que son muy solicitadas.

“A mí me encanta esta actividad, es de lo más divertido, además usamos mucho nuestro ingenio  para combinar los colores, hacer los picos, hay quienes nos piden nueve picos o 12, y entonces tenemos que buscar la forma de que todos quepan y estamos mi esposa y yo dedicados a esto, que la verdad sí es un buen negocio del que podemos salir adelante con nuestra familia”, compartió Ángel. 

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