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Antimonumentos, memorial de la injusticia

A través de estas obras, familiares de víctimas de tragedias sociales y organizaciones exponen su rechazo a la impunidad
19/08/2018
08:39
Perla Miranda y Mariluz Roldán
Ciudad de México
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Construida por órdenes del emperador Maximiliano, Paseo de la Reforma es la avenida más emblemática del país, en sus más de 14 kilómetros hay cuatro glorietas: la de Colón, Cuauhtémoc, el Ángel y la Diana Cazadora, y además de los monumentos de la Fuente de Petróleos y la Estela de Luz suman ahora otras cuatro estructuras metálicas, antimonumentos, colocados para recordar de manera permanente diferentes violaciones a los derechos humanos.

Especialistas consultados por EL UNIVERSAL consideraron esas obras como un avance en el país que refleja la participación ciudadana en términos de gobernanza y muestra solidaridad por demandas de justicia.

José Antonio Sánchez Cetina, especialista en administración pública con enfoque en gobernanza metropolitana, comentó que las estructuras metálicas son una construcción colectiva interesante, que no se regulan por el gobierno y por eso están en sitios como camellones, donde pierden visibilidad.

“Simpatizar con la causa es muy sencillo porque existe un malestar colectivo, estos recuerdos no deberían ser monopolizados por el gobierno (...), se me hace un atrevimiento muy virtuoso que la gente se organice y coloque estos antimonumentos, aunque justo por no tener permiso se quedan en lugares poco visibles, por donde la gente pasa a prisa”, dijo.

Sobre el porqué el gobierno no retira estos antimonumentos, el experto mencionó que sería contraproducente, debido a que la sociedad respondería de manera negativa.

“En términos institucionales y legales, sí hay figuras que permiten regular el espacio público, el que no lo hagan obedece a que la respuesta de la opinión pública sería contundente”, precisó.

Manifestaciones del rechazo

René Jiménez Ornelas, sociólogo e investigador por la UNAM, aseguró que la razón de ser de los antimonumentos radica en rechazar las violaciones a garantías que se viven en la nación. “A diferencia de los monumentos que son un homenaje, estas obras son una manifestación social que rechaza la ola de represión que se ha ejercido en el país, porque la población ha sido no solamente agredida, sino sometida a un contexto de violencia a niveles nunca pensados”.

El arquitecto forense y especialista en memoriales, Sergio Beltrán García, remarcó la diferencia entre un antimonumento y un memorial.

“Mientras que el primero ocupa un espacio público, sea físico, institucional o virtual, para colocar un objeto que no olvide el pasado, el memorial no ocupa, sino crea espacio público para tomar acciones cotidianas que prevengan la tragedia”, detalló.

Invitó a la sociedad, a las víctimas y a sus familiares a exigir este tipo de espacios e ir más allá de la búsqueda de la memoria permanente.

Dijo que a veces se busca crear un memorial, pero se termina construyendo un monumento.

“Se crean objetos, esculturas o espacios arquitectónicos que traduzcan la tragedia y la reinterpreten para que nunca olvidemos, en México pedimos memoriales, pero por no detenernos a reflexionar terminamos por construir monumentos y es lo que deberíamos cambiar”, afirmó.

Javier Oliva, investigador de la UNAM, dijo que los antimonumentos tienen un sentido pedagógico “porque cumplen una función de carácter cívico, para recordar las consecuencias que pueden tener algún tipo de ineptitud, abuso o corrupción por parte de alguna autoridad de gobierno, sea local o federal”, expresó.

Advirtió que el gobierno no debería quitarlos “porque es un acto social, cívico, mientras no estorben a la movilidad o sean notablemente estorbosos a la visibilidad o al paisaje urbano. Hay que recordar que están ahí porque son una expresión de dolor social, si México contara con un sistema social eficiente, en un ambiente donde funcionara bien la ley y se sancionara a los responsables de algunos de estos casos, no serían necesarios”, indicó.

El memorial de los normalistas

Cada 60 segundos el semáforo de avenida Reforma, que cruza con Bucareli, cambia, es el tiempo que los transeúntes tienen para observar una estructura metálica que forma el número 43 y un signo de más en color rojo, lo cual recuerda a los alumnos de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, Guerrero, desaparecidos desde septiembre de 2014.

El 26 de abril de 2015, los padres de los estudiantes que se habrían graduado en 2018 y las organizaciones que los representan colocaron la obra entre Reforma y Bucareli.

Una policía de tránsito, que silba para que los automovilistas continúen su recorrido, dice que pocas veces le han preguntado qué significa ese número gigante. “Hay quien se espera más de un semáforo y observa, pero casi no preguntan qué es, si lo hacen les digo que es un monumento que pusieron los papás de los chavos que desaparecieron en Ayotzinapa, a lo mejor está mal puesto, porque todos pasan con prisa, aunque creo que todos los mexicanos relacionamos el número 43 con estos chicos”.

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La figura de los desaparecidos

A unos pasos sobre Reforma, frente a la escultura de El Caballito, se observa una estructura de color azul que parece una figura humana dividida por la mitad, ésta representa a David y Miguel, jóvenes que fueron secuestrados y asesinados en enero de 2012 cuando se dirigían a Zihuatanejo, Guerrero.

Déborah Ramírez, hermana de David, compartió con EL UNIVERSAL que este antimonumento fue instalado el 5 de enero de 2018 con la intención de representar a los jóvenes y a todas las víctimas que han sido secuestradas y desaparecidas. “El objetivo es la unidad entre la sociedad y exigir que ya no haya impunidad, que se haga justicia”, expresó.

La joven de 23 años comentó que autoridades gubernamentales querían quitar la estructura, pero hicieron guardias para evitarlo.

“Después de colocarlo lo querían retirar, nos reunimos entre familiares y amigos para que no llegaran granaderos, pusimos una carpa por muchos meses, para cuidar que no lo quitaran y todos los días vamos a checar que siga ahí”, narró.

La tragedia en la mina de Coahuila

Rumbo al Ángel de la Independencia, frente a la Bolsa Mexicana de Valores, se encuentra un 65 de color rojo que también sobrepasa los tres metros de altura, a pesar del color y el tamaño, ni Lili ni Rebeca lo habían visto, al detenerse y leer la placa, que explica que esa cifra refiere a 65 mineros que fallecieron en Coahuila y la empresa no los indemnizó, celebraron que ocupe ese espacio.

“No tenía idea de qué significaba, no lo había visto, la empresa debería hacerse cargo y los familiares no tendrían que llegar a esto para que les hagan caso”, dijo Lili, mientras que Rebeca Ocampo consideró que la obra “sensibiliza a la gente, no la había vista, pero qué bueno que está aquí”.

Cristina Auerbach, dirigente de la Organización Familia Pasta de Conchos, resaltó que el antimonumento es estratégico, “porque ahí cotizan ellos, [Grupo México], no había mejor lugar”. Detalló que la estructura fue una donación y un trabajo del mismo artista que hizo el de los 43.

ABC, “¡nunca más!”

Cerca de la Estela de Luz se hallan las Oficinas Centrales del IMSS, ahí, en el camellón central un número 49 yace sobre las letras ABC en tonos azul, rosa y verde, más una placa que dice: “¡Nunca más!”. Se trata del antimonumento instalado por la memoria de 49 niños que fallecieron en un incendio en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora, en junio de 2009.

A sus 22 años, Viviana Martínez recorre la avenida en busca de empleo, pero el 49 llama su atención. “Sé que es por los bebés que murieron en la guardería que se quemó, he visto otro, el de los 43, es bueno que los coloquen porque invita a no callar injusticias, nos motiva a alzar la voz”, dijo.

 

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