Miniaturas de joyería en barro encierran grandeza de Metepec

Dylan crea línea llamada Suhuatl Chipahutl
En el Taller de los Hernández Arzaluz, toda la familia pasa el día junta y es posible observar a los hombres manipulando el barro desde la entrada al negocio.
31/03/2019
07:50
Claudia González
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Metepec, Méx.— Pequeñas piezas de barro hechas a mano capturan en uno o dos centímetros un árbol de la vida, mariposas o jarritos de pulque típicos de Metepec, todos decorados en tonalidades fucsia, azul índigo o amarillo que dan vida a la nueva línea de joyería que creó Dylan Hernández Vázquez y que llevará por nombre Suhuatl Chipahutl, que significa mujer bonita en náhuatl.

En pleno centro de Metepec, sobre la calle de Galeana, un taller tan pequeño como sus piezas encierra la grandeza de las tradicionales artesanías metepequenses elaboradas con barro. Se trata del lugar donde trabajan cuatro generaciones de hombres y mujeres dedicados a dar vida con sus manos, pues con tan sólo mezclar arcilla con agua pueden formar desde jarros para el pulque hasta árboles de la vida que varían en sus dimensiones; van de los dos centímetros hasta los tres metros de altura.

Estas artesanías recrean en 100 o más piezas la cosmogonía o escenarios como el hábitat de la mariposa monarca y  la historia del Niño Jesús. En esos conceptos se basó Dylan, un ingeniero industrial  de 23 años  que emprendió en este sector del arte para solventar la mitad de la colegiatura de su educación.

“En un principio necesitaba el recurso para tener un sustento para mi carrera porque estudié en una escuela privada y si bien tenía el apoyo de mis papás, tenía que aportar para hacer frente a los gastos de la escuela”, explicó.

Los Hernández Arzaluz son cuatro generaciones activas que iniciaron con Pascual Hernández León, quien empezó haciendo jarros pulqueros; le siguió Juan Hernández Cajero que hace soles, lunas y árboles de la vida de dos a tres metros de altura; después Juan Hernández Arzaluz, que introdujo las miniaturas.

Objetivo. Dylan buscó diseñar un producto que pudieran portar hombres y mujeres en dijes, pulseras, aretes o gargantillas.

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Por el momento, el registro de la marca Suhuatl Chipahutl, del ingeniero Dylan Hernández Vázquez, está en proceso. 

La variación surgió de un regalo para su mamá, entonces hizo pruebas para sacar el producto a la venta, por ejemplo, identificar cuáles eran las necesidades para portar las piezas sin que pesaran, dejaran rastros de pintura o se resquebrajara el barro con el tiempo.

“En un estudio, como de cinco a seis meses de prueba, fui descubriendo que requería brillo, una protección o esmalte para preservar la pintura sin manchar la piel. El tipo de alambre que requiere, que es alpaca o imitación de plata”, expuso.

Los diseños son creaciones del ingeniero, aunque también puede personalizar los diseños al gusto del cliente y, si bien en un principio se limitó a los árboles de la vida, los jarros o los soles, más tarde sus compañeras en la escuela y el resto de los clientes pidieron mariposas, las Fridas y otras variedades como las mazahuas o calaveritas del Día de Muertos por la película Coco.

“He llegado a hacer ángeles, alas o esferas, cada cliente puede pedir a su gusto y así surgen los diseños exclusivos”, señaló.

En este taller toda la familia pasa el día junta y es posible observar a los hombres manipulando el barro desde la entrada al negocio, pues la puerta de cristal permite la visión de al menos cuatro hombres sentados detrás de una larga mesa rectangular, donde cada uno está concentrado en sus creaciones.

 Detalles. Mientras Dylan moldea con una punta de maguey unos aretes, platica que cada pieza pesa entre 10 y 15 gramos gracias a una mezcla de barro que permite una resistencia superior al tradicional que usan para otras piezas.

Los artesanos emplean barro negro, colorado, gris o amarillo, pero para esta joyería mezcla el gris y el amarillo, que brindan un poco más de densidad al material, se puede moldear con más facilidad porque se tornan en un tipo de plastilina a diferencia del rojo, que es el utilizado para piezas monumentales porque brinda más firmeza.

Elaborar estas piezas no es tardado sino conlleva detalle, pues dar los toques y la fineza implica precisión. Para el decorado emplean pinceles de pelo de gato que él y su familia elaboran

Mientras que el secado u horneado es posible incluso en anafre debido a su diminuto tamaño. Termina cinco pares de aretes con diferentes temas en medio día.

“Por ejemplo, generaciones como la mía ya se encarga de una parte del proceso que antes sólo hacían las mujeres, pues únicamente las mujeres podían decorar, es decir, pintar y dar el toque delicado, ahora nosotros también aprendimos a jugar con los colores”, dijo. 

El costo de los aretes es de 100 pesos para todos los modelos, las pulseras cuestan 180 pesos con un estuche para regalo y los juegos completos son de 550 pesos.

Por el momento está en proceso el registro de su marca, de la cual se dijo orgulloso, toda vez que sería una ramificación del taller familiar, “un plus de la tradición familiar, porque sí logré el impulso de la joyería, si bien no soy el iniciador,  sí el promotor del mercado”.

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Los clientes de Dylan le piden las Fridas y calavaritas del Día de Muertos por la pelicula de Coco. 

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