Dejar pobreza en México toma hasta 11 generaciones

Países con mayor desigualdad tienen menos movilidad social, advierte la OCDE en un estudio

El estudio destaca que la desigualdad de ingresos se ha acentuado en AL
Cartera 24/08/2018 11:49 Sara Cantera Actualizada 11:49

Entre las naciones miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México y Colombia son los países donde toma hasta 11 generaciones para que un niño que nace pobre alcance el nivel de ingreso promedio de su nación.

El promedio de la OCDE son 4.5 generaciones para que un niño pobre alcance el nivel de ingreso promedio de su país, siendo Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia donde toma entre dos y tres generaciones llegar a esos ingresos.

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Dentro de los países de América Latina, en Argentina toma seis generaciones; en Brasil, nueve, y en Colombia, 11.

Durante la presentación del estudio sobre movilidad social llamado ¿Un ascensor social roto?, Gabriela Ramos, directora general de la OCDE, explicó que el estudio trató de determinar el nivel de movilidad intergeneracional, es decir, qué tanto tiempo les toma a los niños provenientes de familias con un nivel de la ingreso bajo escapar hacia niveles de ingresos más altos y si el tejido social permite ese ascenso.

“Los países con mayor desigualdad tienen menos movilidad social. No hay posibilidad de que a mayor inversión, algunas familias mejoren”, dijo Ramos.

El estudio destaca que la desigualdad de ingresos se ha acentuado.

En 2015, los ingresos promedio de 10% de la población más rica eran 9.3 veces mayores que los del 10% más pobre.

En los 80, esa proporción pasó de siete a uno; en los 90, de ocho a uno, y ahora es de nueve a uno, sobre todo en los países más avanzados.

En México, el ingreso de 10% de la población más rica es 20 veces más alto que el de 10% de la población con menores ingresos.

Ramos agregó que no sólo influye el nivel de ingreso para elevar la movilidad social, sino la educación de los padres, el barrio donde se vive, las redes sociales, la calidad de las escuelas y los profesores a los que se tiene acceso y la capacidad de los padres para orientar a sus hijos y transmitirles competencias no cognitivas como disciplina y autoestima.

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