Rescate de especies con sello sustentable en Oaxaca

En el Jardín Etnobotánico el agua de lluvia y la energía del sol le dan vida a las diferentes áreas

Fotos: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL
Especiales 03/04/2019 15:17 Ismael García Oaxaca de Juárez, Oaxaca Actualizada 10:24

De antiguo cuartel militar a Jardín Etnobotánico y ahora a un centro sustentable único en el país, que genera su propia electricidad y recicla el agua. Así trasmutó el sueño del pintor juchiteco Francisco Toledo que inició en 1994, hace 25 años.

Se trata de un espacio de aproximadamente 2.3 hectáreas de extensión ubicado en el Centro Histórico de la capital, donde se preservan mil plantas endémicas sin gastar un sólo peso en electricidad y aprovechando el agua de la lluvia que lo baña.

“Lo que buscamos con el jardín es reflejar un puente entre la diversidad natural del estado y la complejidad de la experiencia humana”, dice su director y uno de sus fundadores, Alejandro de Ávila Blomberg.

Recuerda que fue en 1993 cuando Toledo y otros artistas, como Luis Zárate, fundaron el Patronato para la Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca A.C. Un año después, en 1994, crearon un fideicomiso, con apoyo de Fomento Social Banamex, Pro-Oax, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el
gobierno estatal.

Así inició la aventura de conformar el Jardín Etnbotánico que en total resguarda a 10 mil especies y que pretende albergar 13 mil, 10% por del total de las existentes en la entidad. Desde hace cuatro años, la misión de este espacio se volvió 100% sustentable.

Agua y sol

A lo largo del techo de lo que fue un antiguo cuartel de caballería se extienden paneles que concentran la energía solar. Fue en 2015 cuando se decidió colocarlos y aprovechar así la azotea del edificio que data de entre 1903 y 1904, y que actualmente alberga las oficinas del jardín y de otras dependencias federales.

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Gracias a ellos se producen 132 mil watts-hora de electricidad, lo que le representa al complejo un ahorro de 100% en este concepto. Es decir, gracias a los paneles se cubren las necesidades del jardín, incluída la energía necesaria para bombear el agua de riego. Además, se produce un excendente de electricidad que beneficia a la red pública de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Para complementar el ahorro en electricidad, los responsables del jardín también impulsaron el reciclaje de agua. Para ello, cuentan con una cisterna que capta agua de lluvia, con capacidad para un millón 300 mil litros que se destinan al riego de plantas y servicios sanitarios.

El responsable explica que para alimentar esta cisterna, el agua de lluvia pasa por filtros y pozas de asentamiento antes de almacenarse, para garantizar su limpieza.

Empleando sólo esa agua de la lluvia se programan los riegos en el jardín. De Ávila Blomberg dice que por las características de las especies no usan un sistema de riego automatizado, sino que se hace con manguera: “Los riegos varían, de acuerdo con las necesidades de cada planta. No usamos aspersores mecanizados, sino que regamos manualmente conforme se requiere”, señala.

Por estas acciones el Jardín Etnobotánico de Oaxaca forma parte de la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos, para lo cual debe cubrir con requisitos como propagar germoplasma local, contribuir a la preservación de especies y formar recursos humanos, tanto en ciencias naturales como en sustentabilidad.

“Aspiramos a ser un espacio netamente educativo, donde se fomente la conciencia del cuidado del ambiente; a impulsar la investigación de la flora y a que la niñez valore el patrimonio que tiene”, dice De Ávila.

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Los rescates

Con esa visión, el Jardín Etnobotánico ha sido el protagonista de importantes rescates de especies: por ejemplo, una planta cícada que se creía extinta y que se conoce sólo con el nombre científico de Ceratozamia euryphylidia.

Actualmente, sólo habita en el jardín, pues en la zona de los Uxpanapa, frontera de Veracruz y Oaxaca, se extinguió debido a que era una planta rara y cotizada en miles de dólares por clientes japoneses.
Se resguarda también el teocintle, en distintas variedades, grano que se considera el antecedente más antiguo del maíz, y que fue descubierto en cuevas prehistóricas de Mitla. Hay otras 20 especies de cícadas, plantas que han evolucionado por 230 millones de años, una de las cuales preservó la familia del botánico italiano Casiano Conzatti y que luego donó a este jardín.

El icono

Su invernadero, de acero y cristal, fue reconocido en 2018 por The Architect’s Newspaper como un proyecto de arquitectura sustentable, por sus soluciones en el manejo de la electricidad y el agua, así como su diseño.

Se localiza en una esquina de la parte posterior del jardín, está dividido en dos cámaras y fue diseñado por el arquitecto mexicano Francisco González Pulido, con reconocimiento internacional.

La mayor parte del trabajo del experto ha sido desarrollado en el extranjero, como el aeropuerto de Bangkok, la sede de correos en Tokio, un conjunto de torres en Las Vegas, entre otros edificios que han sido premiados por su diseño y eficiencia.

Una de sus particularidades es que tiene un sistema subterráneo de estructura metálica hecha en México, que en forma de araña, se mueve de manera uniforme y tridimensional cuando hay un sismo, lo cual permite que no haya riesgos para los visitantes si en el momento de un temblor se hallan en el invernadero.

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Cuenta con dos cámaras, una tropical y otra de plantas de montaña, con temperatura fresca que no requiere de aire acondicionado formal, sino usa un sistema de geotermia, que consiste en un canal de agua subterráneo que es “aireado” por sistemas de ventilación movidos por energía solar.

“¿Qué qué falta? Mucho, aún faltan áreas por complementar. Aspiramos en primer lugar a ser un espacio netamente educativo, donde se formen conciencias del cuidado del medio ambiente; aspiramos a impulsar la investigación de la flora; aspiramos a que la niñez aprenda, conozca y valore el patrimonio que tiene”, dice De Ávila.

“Formamos parte de la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos y cubrimos todos los requisitos para ello, como propagar germoplasma local, contribuir a la preservación de especies, educar y formar recursos humanos, técnicos, profesionistas, tanto en ciencias naturales como en sustentabilidad; como miembros de red tenemos compromiso de contribuir a estrategia global de conservación de plantas”, añade.

 

 

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