Músicos invidentes le tocan a la alegría de la vida en Oaxaca

Familia de músicos originarios de Xoxocotlán lleva el ritmo a jardines y plazas públicas

Foto: Ismael García / EL UNIVERSAL
Especiales 07/03/2019 15:44 Ismael García Oaxaca de Juárez, Oaxaca Actualizada 15:52

Si no hay tocada, Jorge y sus hijos hacen de la Alameda de León su escenario. Los domingos tocan ahí "para juntar un dinerito”. Se acomodan, instalan sus  instrumentos, conectan el sonido y ¡listo! A armar la fiesta.

La gente se arremolina poco a poco, unos ven con admiración a los músicos, otros graban videos y toman fotos; algunos les dejan monedas y  los más desinhibidos se ponen a bailar.

Son la  agrupación Jorge y su teclado mágico, un trío de músicos autodidactas que toca casi cualquier ritmo y que tiene una particularidad: dos de sus integrantes son invidentes.

Jorge Gijón Hernández es originario de Miahuatlán de Porfirio Díaz, pero desde hace más de tres décadas vive en Santa Cruz Xoxocotlán. Ahí formó su familia con Minerva Desiderio Peralta, misma que se completó con tres hijos: Iván, de 20 años; Karina, de 16, y Leonardo de 14.

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El padre cuenta que tuvo un desprendimiento de retina hace más de tres décadas, lo que hizo que perdiera la vista. Dice que esa ceguera total nunca lo detuvo,  y poco a poco fue juntando dinero para comprarse un órgano eléctrico, con el que  desde hace  20 años recorre la ciudad.

Su esposa Minerva tiene glaucoma congénito, padecimiento que le heredó a Karina, pero que tampoco fue impedimento para que la adolescente, junto con su hermano Leonardo, se integraran hace dos años a la agrupación.

Jorge y su teclado mágico tiene contrataciones principalmente los fines de semana, para no afectar las clases de sus hijos.

“Venimos a tocar a la alameda o al zócalo, para juntar un dinerito... sí tenemos varias tocadas, pero lo que juntamos acá nos sirve para el pasaje, para alguna torta, para que lo que nos paguen de la fiesta salga limpiecito”. Eso dice Jorge, quien mueve con destreza los dedos sobre su viejo órgano y agrega que  inculcó a sus hijos el amor por la música.

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Por las tardes, relata,  en los ratos libres se ponen a ensayar, así, sin pautas ni solfeo.

“Afortunadamente, sí nos va bien, somos muy conocidos, tocamos de todo: música popular, chilena, charana, cumbia. Tenemos mucha aceptación”, agrega.

El público los abarrota en cada presentación en la plaza pública, les aplaude, se toma fotos del recuerdo con ellos y hasta  les pide número telefónico para contratarlos en el futuro.

“Me siento muy bien, gracias a mi papá que nos inculcó eso de la música, todos somos autodidactas”, dice Karina, feliz también de participar en la agrupación musical.

Ella estudia el  segundo de secundaria y dice que no  enfrenta ninguna discriminación por su discapacidad visual, al contrario, los maestros y sus compañeros le ayudan en clases; sus padres y su hermano, en hacer la tarea.

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“Para nada hay discriminación, no me tratan mal; quiero seguir estudiando, quiero ser sicóloga”, agrega Karina.

Leonardo también está feliz de llevar melodías a la  gente. Él quiere ser arquitecto y para eso ayuda a la familia. Y ahí canta Jorge, con la magia de sus hijos, por calles y colonias, por casas y residencias, para poner la alegría que otros no ven de la vida.

 

 

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