Inspiración oculta, así fue como nació “Flor de piña”

Paulina Solís es la maestra que creó la coreografía en 1958, con el fin de rescatar las raíces indígenas de la Cuenca

Fotos: Yuridiana Sosa / EL UNIVERSAL
Especiales 15/07/2018 10:35 Yuridiana Sosa San Juan Bautista Tuxtepec, Oaxaca Actualizada 15:25

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Ataviada en un huipil de San Felipe Usila, una mujer de 93 años contempla los pasos de  “Flor de Piña”,  coreografía que este 2018 cumple 60 años de existencia y que es un emblema de la Guelaguetza. La nonagenaria no es otra que Paulina Solís Ocampo, la maestra tuxtepecana a la que los gobiernos estatal y municipal encomendaron la  creación de este baile emblemático en 1958.

Seis décadas después, la maestra no ha revelado, y parece que nunca lo hará, cuál fue la  inspiración para crear los trazos del bailable que encantó a propios y extraños, y que año con año es ovacionado con lluvias de aplausos  desde la primera vez que se presentó en la  Rotonda de las Azucenas. 

Lo que sí  comparte es que por aquella petición que le hizo el Ayuntamiento de  Tuxtepec no recibió ni pago ni agradecimiento.

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Nueva identidad

Paulina Solís Ocampo nació en junio de 1925 en  la ciudad más importante de la Cuenca del Papaloapan,  región que por su lejanía  a la capital  era más cercana a las prácticas culturales de Veracruz, entidad con  la que  colinda.  Fue gracias a los pasos nacidos de la imaginación de la  docente que Tuxtepec y la Cuenca figuraron en el folclor oaxaqueño.

Era mayo de 1958, sólo  dos meses antes  del encuentro de las delegaciones de la Guelaguetza en la capital, cuando la maestra recibió la misión de crear un bailable que exaltara las raíces indígenas de la Cuenca y se alejara de la identidad jarocha  que a decir del entonces gobernador, Alfonso Pérez Gasga, no era propia en Oaxaca. El único requisito fue que se ocupara  la pieza musical del compositor Samuel Mondragón  (1884-1962).

Paulina recuerda que lo  primero en lo que  pensó fue en el vestuario, pues debía dejar de lado la vestimenta común para dar gusto al gobernador. Su propuesta fue rescatar  los huipiles de las  comunidades de la Cuenca.

Con esa idea  reunió a 18 jóvenes de las diferentes comunidades, donde vestían  estas prendas   que comparten la cultura mazateca y chinanteca, y eligió tres de cada sitio: San Felipe Usila, Valle Nacional, San Miguel Soyaltepec, San Felipe Jalapa de Díaz, San Lucas Ojitlán y San Pedro Ixcatlán.

Rosa de María Zárate, la hija de Paulina, explica  que uno de los principales retos que enfrentó su madre fue que   las muchachas de los municipios vecinos no podían  llegar a los ensayos por  las dificultades para trasladarse, pues además del tiempo y el costo, los caminos por aquellos años casi desaparecían con las lluvias.

Para “salir del apuro” buscó   jóvenes de Tuxtepec, quienes provocaron gran admiración por su altura, su  tez blanca y su desempeño, similar al de bailarinas profesionales. Sobre el origen de los  pasos para dar vida al baile de casi 11 minutos, la maestra Paulina prefiere  mantener el secreto y en broma  dice que “se los sacó de la manga”, luego suelta una carcajada.

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Imaginación que baila

Cuando Paulina recibió la solicitud de crear el bailable ya trabajaba  como profesora de la escuela  Francisco I. Madero, profesión que desempeñó  hasta su jubilación en el año  2000. En  sus  50 años de docencia, la maestra destacó por su participación en  la fundación de primarias públicas  y escuelas para adultos; así como por   su labor en el ámbito cultural.

Además,  durante todos sus años  ha sido una  fiel amante de presentaciones artísticas en Bellas Artes, a donde  acudía de manera constante para disfrutar de danzas internacionales.

—Quizá, eso le ayudó a tener esa gran imaginación para preparar “Flor de Piña”, dice  Rosa de María, a quien  tampoco ha revelado su fuente de inspiración.

Aunque la docente insiste en que nadie del gobierno le dio las gracias “y sólo se dieron por bien servidos”, agradece que el tiempo le haya devuelto el favor mediante  múltiples reconocimientos que este año ha recibido  de diferentes autoridades, tanto  locales como nacionales. Además, explica que en el año 2000 decidió registrar la famosa   coreografía   para tener los derechos sobre su obra.

A sus 93 años, la profesora dice que no piensa en su muerte ni en fatalidades, y  sobre “Flor de Piña” asegura que sólo  desea que cada generación la interprete con amor y con orgullo de representar a la  tierra cuenqueña.

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