El Gran Cocodrilo, proyecto infantil en Oaxaca que busca sobrevivir

Especiales 17/01/2018 09:47 Christian Jiménez Oaxaca de Juárez, Oaxaca Actualizada 19:02

Esta biblioteca que ha contribuido en la recreación infantil, con talleres de danza, escritura y lectura, se enfrenta a la falta de apoyos

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“En la calle deben pasar cosas extraordinarias, por ejemplo, la Revolución”, escribió El Gran Cocodrilo, Efraín Huerta, en uno de sus poemas. En su honor, el 2 de diciembre de 2016  se fundó la biblioteca infantil El Gran Cocodrilo, una iniciativa cultural ubicada en el Fraccionamiento Montoya, en la capital de Oaxaca, que ha revolucionado la mente de decenas de niños; no obstante, la permanencia del recinto cultural está en duda ante la falta de presupuesto.

La magia inicia con un esténcil —autoría del colectivo Lapiztola— en el que un cocodrilo pasea a dos niños que van hojeando un libro.

Ahí, menores de entre seis y 12 años aprenden a pintar, a bailar, escribir o imaginan lo que leen en los libros.

El Gran Cocodrilo surgió tras una solicitud que el Comité de Vigilancia Vecinal (Convive) del fraccionamiento envió a la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) para abrir una biblioteca en una casa entregada como comodato para el proyecto. Antes, el inmueble era un salón de fiestas. La fundación donó el mobiliario y los más de 200 ejemplares de libros dirigidos principalmente al público infantil.

mm11012017002.jpgAl principio los niños de la zona mostraron resistencia a inscribirse a las actividades, pero con el esfuerzo de los coordinadores, hoy el área de lectura tiene alta afluencia.

Biblioteca con propósito

Kenia Domínguez, licenciada en Gestión Cultural y coordinadora del espacio, apunta que la zona donde se ubica la biblioteca, así como las actividades que promueve, son cruciales para que los niños se alejen del pandillerismo y el ocio.

Aunque en un principio los niños mostraron un poco de reticencia para inscribirse a las actividades, tras el esfuerzo de los colaboradores el área de lectura recibe a unos ocho pequeños diariamente.

“Los niños han ido evolucionando paulatinamente, ahora tienen la confianza de acercarse al espacio y reconocernos como colaboradores de la biblioteca, expresar sus gustos y también mejorar sus habilidades de socialización”, precisa Kenia.

La coordinadora relata que vivió toda su infancia en el fraccionamiento, obligada a realizar sus actividades en las zonas donde se reunían los grupos de cholos y agregó que la biblioteca se ha fijado el propósito de atraer a los hijos de aquellos jóvenes que formaban parte de grupos delictivos “para darles una perspectiva distinta de vida”.

Es inevitable que a los niños les llame la atención el vandalismo, dice. Los más pequeños de la zona están creciendo influenciados por esas actividades; por ello, la biblioteca promueve talleres en donde se promueve la convivencia sana.

El caso de Esmeralda, una niña de 10 años, es de los más destacables, pues desde que acude a El Gran Cocodrilo  —menos de medio año—  ha leído 200 libros. Tras meditarlo entre una página y otra, descubrió que quiere ser abogada.

mm11012017006.jpg200 libros ha leído Esmeralda en la biblioteca, una niña de 10 años, en menos de medio año.

Cada tarde Yanet, Emilio, Mauricio y Joselin, quienes se hicieron amigos en la biblioteca, conforman el grupo de baile de El Gran Cocodrilo y aunque siempre les ha gustado bailar, han perfeccionado sus habilidades en géneros como bachata, cumbia y salsa; su más reciente presentación tuvo lugar en primer aniversario de la biblioteca en diciembre pasado.

A Odel le apasionan los libros sobre zombies, en especial “The Walking Dead”. Su madre, Rosario, considera que Odel ha mejorado su conducta y ha adquirido el gusto por leer y jugar ajedrez, actividad que no conocía hasta su llegada a la biblioteca.

Sin apoyo suficiente

Kenia lamenta que no exista una estructura administrativa para otorgar solidez al proyecto, pues tanto ella como los cuatro talleristas y orientadores son jóvenes que llegaron para ofrecer su servicio social.

“Yo llegué aquí como tallerista y cuando el primer coordinador tuvo que dejar su cargo, lo asumí... mi estadía culmina en el mes de febrero y cada que hay cambios, la afluencia y las actividades se caen”, reconoce la coordinadora.

mm11012017003.jpgPor un acuerdo con la FAHHO, la biblioteca El Gran Cocodrilo debe buscar sus propios medios para obtener los recursos necesarios para subsistir, acción que ha sido complicada para los colaboradores.

Cuando se planea un nuevo programa de talleres, Kenia y sus colaboradores se las ingenian para conseguir profesores que los apoyen de manera gratuita, también buscan convenios con empresas que puedan otorgarles el material didáctico para llevar a cabo los talleres. Al principio, el espacio subsistió por donaciones, pero a medida que avanza el tiempo es más difícil conseguir quien instruya a los niños de forma gratuita. El Convive apoya con los pagos de mantenimiento como luz y agua.

Hace algunos meses se hizo una reunión en la asamblea del fraccionamiento para que cada vecino aportara 50 pesos para sostener el sitio; pero fueron pocos los que apoyaron. Actualmente, para asistir a un taller en El Gran Cocodrilo se pide una cuota mensual de 40 pesos. “No puedo pedir más, tenemos que ser conscientes que si afectamos a la economía familiar, pidiendo material o tiempo de más, los niños dejarán de venir”, resalta Kenia.

La crisis del espacio, puntualiza la coordinadora, se debe a que el Convive hizo un convenio con la FAHHO en el que se comprometió a administrar el espacio en su totalidad, sin pensar en que no habría recursos suficientes. Los colaboradores buscan un mecanismo para solicitar a la FAHHO revocar el convenio en beneficio de los niños  inscritos en las actividades, pues temen que, a la larga, sea el trato firmado el que termine por cerrar el espacio.

“Queremos hacer hasta lo imposible por conservar la biblioteca. Logramos formar lectores asiduos, fanáticos del baile y aficionados del arte (...) la curiosidad de los niños no acaba nunca”, finaliza.

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