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Esa herencia musical se fortaleció con su abuela, también pianista, a quien recuerda como la primera que le enseñó sobre música. Ella, dice, tocaba el órgano en la catedral ejuteca. “La tradición viene desde entonces”, resalta Rodolfo.
Pero la herencia familiar sólo fue el primer escalón. Rodolfo siguió con su formación musical en París; no obstante, recuerda su infancia en Oaxaca como la semilla de su vocación y el lugar donde nació su propósito de compartir la cultura en escenarios locales.
“Hay música mexicana muy bonita que es poco conocida”, asegura Rodolfo.
El cuarteto, además de Rodolfo, lo integran otros músicos como Fernando Vizcaíno, en el violín, Mauricio Alvarado, en la viola y Alejandro Serna, con el violín segundo. La propuesta de estos jóvenes se gestó con el objetivo de difundir música de cámara de origen mexicano, como la de Higinio Ruvalcaba, de quien tomaron la idea para nombrar al grupo.
El cuarteto inició hace dos años, pero lleva sólo seis meses con la alineación actual, son ellos cuatro quienes ya trabajan en un material discográfico para dar a conocer su propuesta.
Rodolfo está convencido de que es importante hacer conciertos sin importar el tamaño de la audiencia. Lo que importa, dice, es acercar la música clásica, que por años ha parecido poco accesible, a aquellos sectores que consumen otros géneros.
Por ello, el cuarteto se dio a la tarea de dar algunas lecciones a los estudiantes de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO). El resultado, explica, los dejó satisfechos.
“Estamos sorprendidos con el talento oaxaqueño”, reconoce.