Grana cochinilla, un tinte prehispánico sigue vivo

Especiales 17/12/2017 10:35 Lizbeth Flores Oaxaca de Juárez, Oaxaca Actualizada 14:37

Productoras oaxaqueñas han encontrado en esta tintura una forma de vida; el insecto se cultiva en 15 estados

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Catalina Yolanda López está convencida que la música ayuda a crecer a los insectos.  En su reserva nopalera, que se extiende en media hectárea de tierra de Santa Lucía del Camino, esta  mujer de 66 años  utiliza su peculiar método para producir grana cochinilla, un zancudo que se alimenta de la baba del nopal.

De ese insecto parásito se obtiene el ácido carmínico, un colorante rojo intenso utilizado como tinte de textiles, cosméticos y  hasta comida.  Catalina aprendió el  método de elaboración del pigmento de sus  abuelos mixtecos y lo emplea  desde hace 51 años.

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La mujer explica que para conseguir la tintura es necesario contar con una penca de nopal invadida de diminutos insectos ocultos en sacos blancos. Durante 90 días, la plaga se propaga hasta que el nopal está infestado. Después de ese tiempo  los insectos se desprenden con cuidado para  posteriormente exponerlos al sol y se  deshidraten.

Una vez sacrificada, la cochinilla adquiere un color plateado o negro, parecido a un grano de café o a una pequeña roca. Para obtener el pigmento, los insectos se trituran hasta convertirse en un polvo de color púrpura. Luego de este proceso, por cada penca de nopal se obtendrán dos gramos del   tinte de raíces prehispánicas.

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Muchos rojos

Cada tres meses, lo que dura un periodo biológico,  Catalina produce hasta 20 kilos de grana cochinilla  y de éstos  alrededor de 12 kilos los exporta a Estados Unidos a  un precio  promedio  de 3 mil 500 pesos por kilo.   Al año,  Catalina produce hasta cuatro cultivos del insecto  y   80 kilos   ya molido; el valor del pigmento se justifica, pues de él pueden obtenerse hasta  80 tonalidades  de  rojo, si se combina con sustancias como el limón.

El rojo más intenso  lo produce el insecto hembra, explica la productora  quien junto con su hija, Claudia Juárez, ha utilizado el tinte para la elaboración de jabones, champú, gel y otros productos.

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Preservación

Catalina no sólo impulsa el uso del insecto como pigmento una vez muerto, su interés  principal es preservarlo vivo. Para lograrlo, desde hace 51 años   utiliza la música para recrear un ambiente adecuado para  que las crías de la grana sobrevivan los tres meses que dura su proceso biológico. No es una tarea fácil.

“Yo la preservo viva. Nosotros la  hemos preservado de generación a generación porque es parte de nuestra cultura ancestral, Oaxaca es la cuna de la grana cochinilla”, afirma  orgullosa.

Catalina explica que el cultivo de la grana requiere de esmero y paciencia, como si se  cuidara a un enfermo. “Como si fuera una persona enferma que no puede valerse por sí misma, que está parapléjica, que no puede mover ni los pies ni las manos y que le tenga uno que dar en la boca, así hay que estar cuidando a la grana”, dice.

La precaución extrema es necesaria porque  durante los 90 días que dura el desarrollo  del insecto, por cada hembra sólo llegan a sobrevivir  50 crías, cada una de un tamaño menor a un milímetro. Y así, viva, es exportada a otros estados de la República y a países como Panamá y Ecuador.

El  interés por preservar la producción de este zancudo y darlo a conocer a las nuevas generaciones llevó a Catalina, en 1999, a crear el Nocheztlicalli, un museo dedicado en exclusivo a la grana cochinilla, donde se muestra a niños, jóvenes y adultos la historia, importancia y  valor de este insecto. El nombre del museo  hace referencia al color  que se extrae de la grana, que se denomina nocheztli, vocablo náhuatl que quiere decir “sangre de tunas”.

En este espacio   se puede comprender el cultivo de la grana  desde la preparación del nopal, hasta su retiro de las pencas y la molida tradicional en metate para finalmente crear el pigmento.

Claudia, la hija de Catalina,  cuenta que este  santuario de la grana es además un centro ecológico, donde las nuevas generaciones pueden conocer la reserva nopalera, el invernadero, el área para moler y un mural, donde se explica el proceso de producción. Y  para introducir a los niños se les imparten talleres, donde aprenden a cultivar el zancudo  y colorear textiles con grana. Todo esto sin recibir un solo peso de recursos públicos en los 18 años de vida que tiene el lugar.

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Vivir de un insecto

En Oaxaca, la producción de la grana siempre ha sido parte de la economía estatal.  En 1973, esta industria empleaba de  25 mil a 30 mil oaxaqueños, lo que representaba el 8% de la población. Desde entonces y hasta la actualidad, Oaxaca, junto a Querétaro, Guanajuato y Morelos, encabeza  los 15 estados del país que la producen, según la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

Para Claudia, quien se dedica a esta actividad desde hace 17 años, la producción del insecto es un proyecto de desarrollo sostenible y que, mientras  impulsa la recuperación de suelos, es también una forma de sustento para las familias que la conservan.

El ejemplo, explica, es Catalina, su madre,  quien ha dedicado más de  cinco décadas a la producción de la grana y con los recursos obtenidos mantuvo a sus dos hijos. Ahora ellos también viven de este insecto, pues son profesionistas   que  han obtenido becas por su preservación.

Claudia está tan  convencida de la viabilidad de esta forma de vida que  junto con su madre, desde  2004, enseña el proceso de producción de la grana a   grupos de mujeres de distintas  comunidades del estado, a quienes  capacitan con  talleres empresariales y de equidad de género para que  diseñen proyectos de autoempleo a partir  de productos  del nopal y  grana.

Ponerle música a los cultivos del insecto, por supuesto, también se incluye en las clases.    

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