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Su padre fue organista de la catedral de Oaxaca. De pequeño, Eliseo lo acompañaba y ahí le nació el gusto por la música. De adulto, dice, “conoció el infierno” y al diablo del alcoholismo. Pero regresó para contarlo.
“Hoy, cualquiera se dice músico con sólo tener un instrumento. ¡Hay que estudiar!, hay que aprender verdaderamente para ser bueno”, asevera.
“Mi salud ahora está un poco deteriorada, pero seguimos adelante, me impactó fuerte el vicio; fui alcohólico, pero ya tengo unos años de haberlo superado. Como dice el refrán, tuve que ver al diablo, si no veo al diablo, creo que no vuelvo. Fueron años muy difíciles en la familia, el trabajo, la salud y los malos ejemplos que di”.
Menudo, de lentes, y con su tortuoso pasado de adicción superado el maestro Cheo a conquistado una reconocida posición, fruto de años de dedicación, pues tiene más de 50 años en la música.
Eliseo estudió en la Escuela de Bellas Artes y se graduó como organista en el Conservatorio de Música. Luego perfeccionó su técnica en el Instituto Pontificio de Música Sacra, en Roma, y después continuó su apasionada travesía como director y catedrático de Bellas Artes, de donde se jubiló luego de acumular 34 años de docencia.
“Estoy satisfecho. Mi papá me puso las manos en el piano y me traía a escuchar al zócalo a la Banda de Música”, relata el hombre, padre de dos jóvenes a quienes transmitió su sensibilidad; uno de ellos es músico en la Orquesta Sinfónica de Puebla.
“Estudiar, estudiar, nada de que ya formo un grupito y ya me creo la mamá de Tarzán; no, no. Hay mucho chamaco que toca unas notitas y se cree la última cerveza del estadio”.
Entre sus reconocimientos destaca la medalla Donají, que le otorgó en 2017 el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez. También es uno de los fundadores de la Orquesta de Cámara, de la Banda Filarmónica de la UABJO y de distintos cuartetos y quintetos.
Eliseo Martínez dejó la dirección de la Banda de Música del Estado el 31 de diciembre y el 1 de enero se hizo cargo de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca.
“Es un reto muy grande, pero si vi al diablo y regresé, ¿cómo no voy a poder con la Sinfónica?”, reconoce el maestro Cheo.