Una de las razones de la biodiversidad en el Istmo, explica, es que en la región convergen las principales rutas migratorias de las aves de América. Aproximadamente llegan a volar 690 mil aves al día, lo que la convierte en una de las zonas con mayor tránsito y entre las que se encuentran al menos 16 especies amenazadas.
La muerte de aves no es el único impacto ecológico de los parques eólicos. De acuerdo con Ecologistas en Acción, también provocan la degradación del terreno por la cimentación de las torres, el aumento de la erosión, la eliminación de la cubierta vegetal y la pérdida de tierra fértil.
Además, advierte que en parques eólicos de Iberdrola y Gas Natural Fenosa la construcción de vías por parte de las empresas ha generado inundaciones en los campos de cultivo y pérdidas en las cosechas, como consecuencia del desnivel existente entre los terrenos sembrados y los nuevos caminos; así como la contaminación de tierras y aguas subterráneas por aceites y otros desechos utilizados para el mantenimiento de los aerogeneradores.
“Por último, la elevada ocupación de tierras que requiere la construcción del megaproyecto está generando cambios en el uso de suelo, así como un fuerte proceso de privatización de tierras”, sostiene la asociación civil