Felina llegó a las 9:00 de la noche en punto a la fiesta de su pueblo. Fue la primera muxe en entrar portando uno de sus mejores trajes, bordados de ores para la ocasión, detrás llegaron las demás. Ella siempre se sintió orgullosa de la vestimenta que le heredaron sus abuelas, símbolo de su identidad como zapoteca. El jardín de ores lo porta en los días de esta y en los días de mercado, es parte de su vida diaria.
Durante más de una década y media se le prohibió la entrada a esta esta comunal por vestir con el traje tradicional, más que por ser muxe, porque las reglas de etiqueta instauradas por algunas cofradías de las estas nocturnas que dan identidad a este pueblo zapoteca del Istmo de Las muxes muestran con orgullo su colorida y elegante vestimenta, elaborada para la ocasión, como parte de las actividades de la vela dedicada al patrono del pueblo de San Vicente Ferrer, que se realiza durante las estas de mayo.
“De ahí se agarraron otras velas para prohibirnos la entrada, de ahí mostraron esa transfobia y homofobia que llevaban guardando por mucho tiempo. Antes entrábamos sin problema alguno, respetábamos la etiqueta y entrábamos hasta de traje de noche, entrábamos con nuestro cartón y nuestras limosnas”, recuerda Felina.
“Fue humillante escuchar en los carros que dispersan la invitación por el pueblo en altavoces, que teníamos prohibido la entrada, además era indignante como lo anunciaban: hombres vestidos de mujer” , comenta la muxe sentada en su estética. Para no pasar vergüenza y no ser humilladas, la comunidad muxe decidió no asistir por 16 años a las cuatro velas en las que se les prohibió la entrada con su vestimenta de gala: San Isidro Labrador, Angélica Pipi, Calvario y San Vicente Ferrer Norte y Sur.
Todas dedicadas al patrono del pueblo y realizadas durante las estas de mayo. Pero la comunidad muxe decidió luchar por años exigiendo su derecho a participar en las estas comunales de Juchitán, porque se consideran las otras hijas de San Vicente con el legítimo derecho a portar el traje. “No somos ciudadanos de segunda o tercera, también por nuestras venas corre sangre zapoteca y como tal exigimos ser tratadas. Hoy logramos entrar a una de las cuatro velas que teníamos prohibidas.
Es un gran paso, pero seguiremos para que las demás se abran y lo haremos a través del diálogo entre hermanos”, expresa Felina, y agrega que buscarán acuerdos por una convivencia de respeto. “Las muxes somos parte importante de la vida económica, damos ese valor y orgullo a nuestro pueblo no tenemos por qué ser rechazadas ni segregadas.
Así que para este investigador zapoteca, a las muxes no se les excluyó por su género, sino por su reivindicación cultural. “La exclusión no se limita a las muxes, sino también a las mujeres pobres, y eso se mantiene. Tan sólo hay que ver en las invitaciones que piden riguroso traje regional. Lo más absurdo se da en las velas de Tehuantepec que crearon un protocolo del traje ideal, por lo que a las muxes se les discrimina por vestir el traje como una forma de identidad.”