El paraíso muxe no existe

Los crímenes de odio no son algo nuevo para esta comunidad, ni la impunidad que prevalece.

Foto: Roselia Chaca / EL UNIVERSAL
Estatal 17/02/2019 17:15 Roselia Chaca Juchitán de Zaragoza, Oaxaca Actualizada 20:28

Corría el año de 1938 Juchitán era un pueblo polvoso, regido por una justicia de “ojo por ojo” y  “por propia mano”, un machismo recalcitrante, una comunidad zapoteca en donde la homosexualidad era cosa privada. En ese ambiente vivió  Manuel Vásquez, quien fue asesinado por su propio padre y hermanos.

 A Manuel lo ataron entre  tres hombres. Él no pudo defenderse y sí lo hizo, no sirvió de nada. Atrancaron bien la puerta y las ventanas de la casa de teja. Adentro, Manuel  gritaba. Los golpes lo dejaron moribundo.

Era el castigo por un presunto robo de ganado, cuya ganancia compartió con un supuesto amante. Ese fue el pretexto para que sus dos hermanos y su padre lo agarraran a garrotazos.

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Los crimenes de muxes siempre existieron en la historia moderna de los zapotecas del Istmo, pero sólo se han documentado en los periódicos.

 Previamente,  los varones  de su familia lo  encerraron en la cárcel municipal, el tío fungía como comandante de la policía local. Él era un criminal para sus verdugos de sangre, no había perdón: era muxe

 Nadie denunció a los tres hombres por el daño que causaron al muxe de la Quinta Sección.

María, su hermana, relató a sus 80 años el crimen  con la voz entrecortada en una vieja grabación que el escritor zapoteca Víctor Cata posee y que forma parte de una serie de recopilaciones realizadas hace 15 años, las cuales   reconstruyó como cuentos cortos para un proyecto de libro sobre muxes asesinados en Juchitán.

Dijo que a  su madre  se le prohibió  visitarlo,  sólo tenía permitido enviarle    comida a su hijo que fue acogido por una vecina. Ahí vivió sus últimas semanas antes de morir. 

Su progenitora sólo pudo  velarlo en la troje, su cuerpo no descansó en el altar familiar ni en la casa de los santos mayores; los asesinos no lo permitieron.

María contó que su madre murió de tristeza y dolor. Sobre la vida de Manuel se habla aún en voz baja entre los familiares.

Los crímenes de muxes no son  nuevos,   siempre existieron en la historia moderna de los zapotecas del Istmo, como el caso de Manuel, el problema es que no están documentados en libros, quizás en periódicos, pero  muchos como crímenes pasionales que quedaron en eso y no como asesinatos con tintes  homofóbicos.

Los más difundidos

Varios son los crímenes de odio que han sacudido al Istmo y que han tenio gran difusión en los medios de comunicación en los últimos 10 años.

Según datos de la Vicefiscalía de Justicia de la región, se tiene registro de al menos cinco  muxes asesinadas; dos casos en Juchitán, el de Elvis Aníbal Santiago Medina y Adán Sánchez  López, que causaron  indignación por la forma en que fueron torturados.

Adriana Fonseca, como se hacía llamar  Adán, fue asesinada el 12 de marzo. Los detalles del cuerpo violentado lo dieron los periódicos de la región.  Las páginas policiacas  describieron que Adriana  fue encontrada   en un  lote baldío del fraccionamiento  La Riviera, con  la cabeza aplastada  por  un block y una varilla atravesada en  la mejilla.

Se supo después, por los comentarios de terceros,  pero nunca se constó en investigaciones oficiales, que  la asesinaron más de tres jóvenes de su sección,  la Novena. La  asfifixiaron con  una bolsa  y la golpearon  entre las tumbas   del panteón Miércoles Santo, en el barrio  de Cheguigo. Nunca se supo la verdad.

La indignación del asesinato obligó al entonces  procurador de justicia del estado,  Evencio Nicolás Martínez Ramírez,  reunirse con los representantes de diversas organizaciones  y comprometerse  a realizar las investigaciones pertinentes, pero  nunca se castigó a nadie.

Niza, como se conocía a Elvis Aníbal,  fue atacada la madrugada del 28 de abril de 2012. Esta muxe de la Séptima Sección  fue encontrada  alrededor de las siete de la mañana  en la carretera que conduce a la agencia de Playa Vicente. Dos días después  murió  a causa de las lesiones en el Hospital General Macedonio Benítez Fuentes.

Por la muerte de Niza se inició el legajo de investigación 671/JU/2012 por el delito de homicidio doloso, se detuvo al mottotaxista  Jonás Pérez Hernández por los hechos después de ser señalado por testigos. Después de un juicio oral salió libre.

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