Yalitza le dio rostro a 146 mil empleadas del hogar indígenas

De los 2.2 millones de mujeres que se dedican a esta labor, 8.4% son de pueblos originarios.

Foto: Cortesía
Estatal 24/02/2019 14:57 Fernando Miranda Actualizada 14:57

A Felicidad lo que la hizo migrar fue la tristeza. Llegó por primera vez a la Ciudad de México cuando  acababa de cumplir 15 años, huyendo de las carencias que vivían hace  50 años algunas comunidades de Oaxaca.

Originaria de San Pedro Ixtlahuaca, pueblo con raíces  zapotecas de los Valles Centrales, había pasado tres años trabajando en la pisca de café en Veracruz y ahora emprendía el viaje para trabajar como “muchacha” en una casa adinerada de la capital.

 Era 1970 y como las rutas de autobuses  Oaxaca-Distrito Federal eran escasas, Felicidad viajó en tren, con la seguridad de que al llegar ya tendría empleo. A sus 64 años,  recuerda que en esos años  migrar a la capital “era una moda”, pues el éxodo era la única opción para afrontar tanta pobreza.

    —Te hace migrar  que no tienes qué comer, pero sobre todo la tristeza de ver  a tus padres que sufren. Tienen tantos niños y no tienen qué darles, reflexiona. 

  La historia de Felicidad  es  similar a la de Cleo, el personaje al que Yalitza Aparicio encarnó en “Roma”, la multipremiada película del director Alfonso Cuarón, que le valió a la actriz oaxaqueña una nominación a los Óscar y le trajo fama internacional.

  En realidad, es la historia de 146 mil trabajadoras del hogar originarias de  comunidades indígenas que en 2016 contabilizó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Esta cifra representa 8.4% de los 2.2 millones  de mujeres dedicadas a esta labor. A todas ellas Yalitza les dio rostro.

    Según datos oficiales, los flujos  de  mujeres que  dejan sus comunidades para emplearse en el trabajo doméstico  no se detienen, pues 28.6% son migrantes. La mayoría, 80%, deja entidades expulsoras, como Oaxaca, para trabajar en núcleos urbanos como la  Ciudad de México y Nuevo León, donde cinco  de cada 10 empleadas  son migrantes.  Quintana Roo tiene la cifra más alta, con   ocho  de cada 10.

      Buscar otra vida

—Yo siempre supe que quería otra vida. Si no te ibas, sólo te quedaba  casarte, tener hijos y tener una vida como la de tus padres, dice Felicidad, luego de explicar la forma en la que migraban las mujeres jóvenes de Oaxaca en los años 70 y 80.

—Venía una que ya trabajaba ahí y se llevaba a otra. No había   carta de recomendación, nos recomendábamos entre nosotras.

 Felicidad, por ejemplo, fue de las primeras jóvenes que se llevó una de sus vecinas que trabajaba en la capital. Luego siguieron una tía suya y otras seis muchachas. A todas les pagaban un promedio de 180 pesos al mes por un trabajo sin horarios y sin prestaciones. Dormían en  cuartos de servicio y tenían un día de descanso.

Hoy, la situación  no es distinta. Según  el Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred), hasta 2014 un  38.8% de ellas consideraba que tenían  trabajo excesivo, 19.3% aseguraba recibir tratos que atentaban contra su dignidad y sus derechos laborales,  y 97.3% no tenía servicios de salud.

 De acuerdo con el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), esto está a punto de cambiar. En un video conjunto Marcelina Bautista, dirigende de la organización, y Alfonso Cuarón, informaron que el   Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pondrá en marcha un plan piloto para que las trabajadoras del  hogar  cuenten con atención médica, pensión, fondo para el retiro y   otras prestaciones.

 Es la misma organización que alzó la voz tras un insulto racista contra Yalitza y que participa en el “Romatón”, proyecciones de la película para sensibilizar sobre los derechos de las empleadas del hogar.

 Felicidad trabajó por 12 años. Dice que tuvo suerte de emplearse con una familia  humanitaria  que la arropó, cuando a los 27 años  los dejó para casarse y tener dos hijos, de quienes su empleadora pidió ser la madrina de bautizo. Más de tres décadas después se siguen frecuentando.

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