INAH concluye restauración del sitio arqueológico de Quiotepec, dañado por el 7-S

El arqueólogo Jorge Bautista Hernández explicó que el sismo del 7 de septiembre fue el detonante de los graves problemas de deterioro que ya presentaba el lugar por la debilidad y pérdida de la capacidad estructural de los materiales
Foto: INAH
26/05/2019
05:30
Juan Carlos Zavala
Oaxaca de Juárez
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La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informaron que se concluyeron los trabajos de restauración de diversas estructuras de la Zona Arqueológica de Quiotepec, que resultaron con graves afectaciones por el sismo del 7 de septiembre de 2017.

El sitio arqueológico ubicado al norte del estado de Oaxaca, entre la Sierra Mazateca y la serranía Mixteca-Chocholteca dentro de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán presentó daños estructurales en tres edificios: la plataforma de cimentación del Conjunto 4, correspondiente a los muros norte y sur; el muro oriente del Conjunto 3; y la esquina sureste y muro oriente del Juego de Pelota, que forma parte del Conjunto 5.

Jorge Bautista Hernández, arqueólogo del Centro INAH Oaxaca y responsable de las labores de recuperación de este sitio patrimonial ubicado en la región de la Cañada, precisó que el sismo provocó daños mayores en los edificios, en esencia estructurales: colapsos de secciones completas de muros de mampostería, grietas y fisuras, acumulación de escombros, desplomes y alabeos (deformación y curvaturas por empujes laterales de los rellenos constructivos).

El sitio arqueológico de Quiotepec, cuyo nombre significa “Cerro del Quiote” o “Flor de maguey”, consta de numerosas construcciones arquitectónicas las cuales se distribuyen en la cresta y laderas de un gran macizo rocoso, enmarcado por el río Grande o Papaloapan Alto, proveniente de la Sierra Norte de Oaxaca y por el Río Salado, que drena sus aguas al Valle de Tehuacán.

Es un sitio de carácter monumental definido por varias plazas cívico-ceremoniales rodeadas de basamentos piramidales y plataformas rectangulares, dos juegos de pelota, además de un número importante de terrazas artificiales acondicionadas de forma escalonada mediante muros verticales de varios metros de altura, construidas a base de piedras irregulares aglutinadas con lodo y que en algunos casos aún conservan los recubrimientos de cal y arena (estuco).

También hay palacios y casas de uso doméstico con muros de adobe y pisos de estuco. En ocasiones asociadas a estas construcciones es común encontrar tumbas de piedra, algunas muy elaboradas y lujosas con restos de pintura y en otros casos sencillas a manera de cajón rectangular sin ningún tipo de decoración.

Tras la aprobación del proyecto ejecutivo de restauración por parte del Consejo de Arqueología del INAH, la atención contempló diferentes fases de intervención como limpieza y desyerbe, levantamientos de planos arquitectónicos y topográficos, apuntalamientos, excavación arqueológica, liberaciones arquitectónicas, retiro de escombros, estiba y acarreo de materiales, recimentación de muros, labores de reintegración de mamposterías colapsadas, integración de elementos faltantes o destruidos en muros de mampostería e inyección de grietas.

El arqueólogo Jorge Bautista Hernández explicó que el sismo del 7 de septiembre fue el detonante de los graves problemas de deterioro que ya presentaba el lugar por la debilidad y pérdida de la capacidad estructural de los materiales de construcción (piedra de origen arenisco y el aglutinante de lodo), que por años han estado expuestos de manera continua a la erosión provocada por el viento y las lluvia, deslavando y desintegrando significativamente el aglutinante de lodo con las que están unidas las piedras.

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