“Fue México el que nos quitó nuestras lenguas, el agua de su nombre nos borra y nos silencia. Aun cuando han cambiado las leyes, estas continúan siendo discriminadas dentro de los sistemas educativos, de salud y del judicial.
“Nuestras lenguas no mueren, las matan. El Estado mexicano las ha borrado. El pensamiento único, la cultura única, el Estado único, con el agua de su nombre, las borra”, sentenció.
“¡Tu lengua no vale!, les dijeron repetidamente. ¡Para ser ciudadano mexicano necesitas hablar la lengua nacional, el español!, ¡Deja de usar tu lengua!, insistieron”.

Aguilar resaltó que las mayorías se convirtieron en minoría con el paso de los años, al tiempo que recordó el hecho de que México es un país cuyo nombre es la evolución de una palabra en lengua originalmente indígena.
“Hace 200 años se estableció el Estado que ahora se llama México. Después de 300 años de la conquista de los españoles, en 1820, 65% de la población hablaba una lengua indígena. El español era una minoritaria en ese entonces.
“En la actualidad, los hablantes de lengua indígena somos 6.5%, el español es ahora la lengua que han convertido en dominante. Hace dos siglos, el náhuatl, el maya, el mayo, el tepehua, el tepehuano y el mixe eran las mayoritarias”, expresó.
Aguilar aseguró que la desaparición de las lenguas originarias “se trató de un proceso impulsado desde las políticas del gobierno y se les quitó el valor en favor de una lengua única: el español”.
“A nuestras lenguas las matan también cuando no se respetan nuestros territorios, cuando las venden y concesionan, cuando asesinan a quienes las defienden. ¿Cómo va a florecer nuestra palabra en un territorio del que se nos despoja?”, añadió.
Entre los motivos de las muertes de las lenguas destacó el papel que el Estado mexicano ha jugado en las violaciones de los derechos de hablantes de lenguas indígenas. En particular, denunció que su comunidad, un pueblo hablante de la lengua ayuujk o mixe, lleva casi dos años sin acceso al agua potable debido a que un grupo armado los despojó del acceso al manantial que históricamente les ha proveído de agua.