El sonido de los tambores y el caracol suenan en la entrada de la Zona Arqueologíca de Yagul, en Oaxaca, para dar inicio al Festival Laniro que se traduce como Fiesta Grande, en el que se conmemora el 16 aniversario de su nombramiento como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.
En el suelo hay una ofrenda dedicada a Dios y a la madre Tierra, conformada por los cuatro elementos: el mezcal simboliza el agua, el sonido del tambor y el caracol simbolizan el viento, las semillas de maíz y flores simbolizan la tierra y las veladoras y humo del copal, el fuego.
Albino Melchor, maestro temazcalero y defensor de los saberes ancestrales zapotecas, da la bienvenida a los presentes y a los ancestros ausentes a este lugar que, aclara, no son ruinas, sino el suelo sagrado de los antepasados.
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Las autoridades locales de las comunidades del Valle de Tlacolula alzan sus bastones de mando a los cuatro rumbos como muestra de respeto a los ancestros; posteriormente susurran al caracol una una palabra como petición para sus pueblos.
Después, el maestro Albino sopla el caracol con fuerza para hacer llegar esas peticiones a los dioses y a las fuerzas de la naturaleza.
Aquí se pide perdón a la madre Tierra por los daños, se agradece por los regalos de la naturaleza y se pide sabiduría para los gobernantes de estos pueblos.
Así arranca la Fiesta Grande, que se celebra cada año el primer fin de semana de agosto en el que las comunidades indígenas del Valle de Tlacolula se reúnen para compartir cultura, tradiciones y respeto mutuo por la naturaleza y los ancestros.
La danza, música, comida tradicional y conversatorios se hacen presentes durante dos días para seguir preservando el legado no sólo del nombramiento institucional, sino de la amistad de los pueblos originarios de la región donde habitaron sus antepasados y hoy es un Patrimonio de la Humanidad.
Su valor antropolóico y prehistórico vive en la ruta de cuevas con pinturas rupestres, el primer hallazgo de la domesticación del maíz, así como los montículos de lo que fue un palacio zapoteca con patios, tumbas, juego de pelota y templo, donde, según sus habitantes, ahí buscaban al sacerdote que guiaba a los pueblos con los saberes espirituales de la naturaleza.
En entrevista con EL UNIVERSAL, Manelik Olvera, titular de Regulación Ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente de Oaxaca, explica que Yagul sólo es el inicio de la ruta de de 150 cuevas en 5 mil hectáreas con gran riqueza de flora y fauna entre el Valle de Tlacolula y Mitla.
Destacó que gracias al nombramiento de Yagul, uno de los grandes logros ambientales fue el descubrimiento de la presencia del gato montés, cuando se creía que ya no habitaba la zona.
"Del gato montés sólo se tenía registro hasta los bosques de pino y encino de la cordillera norte, en Chiapas ya no existe porque es el inicio de los bosques tropicales hasta Sudamérica; sin embargo, lo encontramos aquí en Yagul con huellas y escretas.
"Esto fue alrededor de unos 13 - 14 años, y la Conanp ya confirmó la presencia del felino de forma permanente y se puede decir que esta especie se encuentra desde Canadá hasta Yagul", explicó.
Además de la riqueza natural y antropológica, las autoridades coinciden en que la aportación cultural de las comunidades en la actualidad seguirá marcando el legado que alberga una de las zonas arqueológicas más importantes no sólo del estado, sino de México y el mundo.