Lleva Claudia Santiago las luchas de las comunidades del Istmo de Oaxaca a los escenarios

El hechizo teatral del circo la cautivó y la marcó sin saberlo, de la misma manera que lo hicieron los juegos infantiles ligados a la tierra y la presencia fuerte de las mujeres de su casa

Lleva Claudia Santiago las luchas de las comunidades del Istmo de Oaxaca a los escenarios
Lleva Claudia Santiago las luchas de las comunidades del Istmo de Oaxaca a los escenarios
Más de Oaxaca 08/10/2021 10:08 Roselia Chaca Actualizada 10:08

Juchitán de Zaragoza.— La mirada peculiar que ponía su madre al despertarla le anunciaba a Claudia que el circo había llegado al pueblo. Sin pensarlo brincaba de la cama y en calzones corría hasta la carpa que se instalaba en la esquina de su casa; los cirqueros la conocían, era la niña que los convertía en familia cada vez que arribaban a Ixtaltepec.

Los circos Osorio y Pascualillo que recorrían los pueblos del Istmo fueron los primeros escenarios que la actriz Claudia Santiago pisó a la edad de seis años. Los recuerdos son nítidos para la también productora; los destellos de las luces, los colores chillantes, los payasos, los acróbatas y los animales, la acercaron a la magia del escenario.

El hechizo teatral del circo la cautivó y la marcó sin saberlo, de la misma manera que lo hicieron  los juegos infantiles ligados a la tierra y la presencia fuerte de las mujeres de su casa. 

Estos momentos de vida se convirtieron para Claudia en el mejor lenguaje para expresarse a través de la actuación en casi dos décadas.

“El circo fue mi primer encuentro con la escena. Llegaba el circo y yo los convertía en mi familia, un día los invité a todos a comer a mi casa para sorpresa de mi madre. Mi padre se infartaba cada vez que me veía colgada de un árbol como cirquera. O la vez que uno de los monos del circo me desgreñó por abrazarlo. Mi niñez estuvo muy marcada por la magia del circo, después llegó la adolescencia y el teatro comenzó a ocupar mi cabeza”, relata Claudia en entrevista para EL UNIVERSAL.

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El Gallo fue el apodo que recibió en la adolescencia por el temperamento fuerte que poseía entre los niños de su calle, de todos se defendía a golpes. Esa rebeldía, que acentuaba con el hábito de adoptar ratones recién nacidos y reventar cohetones en su boca, llevó a su padre a enviarla a una escuela de monjas para controlarla.

“En la etapa de la secundaria tuve mi encuentro con un teatro, fue amor a primera vista, regresé al pueblo y le dije a mi papá: ‘quiero ser actriz’, por supuesto que me dijo que no. 

“En la preparatoria me inscribí en el taller de teatro, pero al no tener en el estado una escuela de actuación opté por periodismo. En eso andaba cuando, sin buscarla, la oportunidad se presentó y los escenarios se convirtieron en parte de mí.”

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Cuando se le pregunta qué tan difícil fue abrirse paso en el mundo de la actuación, Claudia rememora sus primeros días en la Ciudad de México, cuando por 100 pesos al mes compartía cuarto con prostitutas y ladronas. 

Mientras esperaba el examen para ingresar a la UNAM, alguien le comentó que en el Palacio de Bellas Artes iban a dar fichas para la escuela de teatro, sin pensarlo se presentó y obtuvo la ficha número 3; tres meses después se convirtió en estudiante de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA.

“Venía de un accidente fatal, me iban a cortar una pierna cuando entré a estudiar teatro. Fue hasta el tercer semestre cuando me doy cuenta de qué iba todo y el teatro se convirtió en una especie de sanación de mi cuerpo. Al terminar la carrera me fui a Perú y desde allí realicé mi tesina: el teatro como sanación”, rememora.

Desde sus primeros trabajos, Claudia optó por el teatro comunitario, en el que se reflejara la cosmovisión de las comunidades originarias y existiera vinculación con la tradición oral y sus manifestaciones rituales.

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“Desde el primer día entendí que debía rescatar las luchas, las palabras, enseñanzas y conocimientos de las ancianas, de mis abuelas, de las mujeres de mi pueblo, la voz de los ancianos de las comunidades del país, de las mujeres y hombres que defienden su territorio y trasladarlas a la ficción, al teatro, a los escenarios, a mis escritos y producciones, no fue  fácil, pero creo que fue  la mejor decisión que tomé”, explica vía telefónica a días de la presentación de su nueva película, Guiexhuba.

La visión que tiene Claudia se ve reflejada en los trabajos que ha emprendido durante años,  como ejemplo está la obra Bidxaa. Un cuento antiguo para niños contemporáneos, que por más de seis años estuvo en cartelera, y la película Guiexhuba, de Sabrina Mahute, que narra la defensa que realiza un grupo de zapotecas del territorio a manos de poderosos empresarios.

La directora y dramaturga no olvida sus orígenes, los juegos infantiles y el circo, a pesar de contar con trabajos comerciales en el cine y la televisión, como  Las Niñas Promedio, para  Canal Once, y El Recluso, para TeleMundo Internacional.

Claudia Santiago mantiene el pie sobre la tierra llevando la voz de las comunidades a los escenarios, sin dejar de soñar en fundar, un día, la primera escuela de actuación en el Istmo.

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