En un entorno de fiesta, alegría y unidad cientos de familias de Juchitán acuden a los panteones a convivir con sus seres queridos difuntos durante el Domingo de Ramos de cada año en Semana Santa; esta singular tradición de algunos pueblos zapotecas del Istmo de Oaxaca es única en el país. ¿Cuál es el motivo?

El motivo de visitar los panteones en Domingo de Ramos

El motivo de acudir a celebrar y convivir en familia en los panteones del pueblo de Juchitán en Oaxaca se remonta a los orígenes prehispánicos de la cultura zapoteca que habitó esta zona antes de la llegada de los españoles y del cristianismo.

Para los zapotecas, el inicio de año comenzaba el 12 de marzo, de acuerdo a su calendario solar; curiosamente esta fecha coincidió más adelante con las fechas del ritual católico de la Semana Santa.

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Básicamente, de acuerdo con la tradición indígena, la razón por la que la gente del pueblo de Juchitán de Zaragoza asiste en las fechas correspondientes a Semana Santa a convivir con sus difuntos a los panteones se debe a la antigua celebración del Año Nuevo zapoteca que se fusionó con la celebración del Domingo de Ramos de la cultura Judeo-Cristiana.

La tradición prehispánica del Domingo de Ramos, o el nuevo año zapoteco, sigue viva en Juchitán. Foto: Rusvel Rasgado EL UNIVERSAL
La tradición prehispánica del Domingo de Ramos, o el nuevo año zapoteco, sigue viva en Juchitán. Foto: Rusvel Rasgado EL UNIVERSAL

Un día de fiesta, entre los difuntos

Para los juchitecos el Domingo de Ramos es un día de fiesta, convivencia y música en el panteón que lleva el mismo nombre.

En este día desde muy temprana hora, familias completas asisten al panteón para convivir con sus difuntos en un ambiente muy tradicional en el que se acostumbra a comer, beber, bailar y a tronarse huevos de harina y confeti.

En el marco de esta celebración, los panteones locales se llenan de comerciantes locales quienes expenden los dulces tradicionales de frutas deshidratadas y gastronomía típica del lugar, como son los tamales de iguana con huevo y las famosas "regañadas".

El recinto se inunda con el sonido de la música de viento y se convierte en una fiesta hasta altas horas de la noche.

Esta tradición es única de algunos pueblos zapotecas de Oaxaca y ha convertido a Juchitán en un atractivo turístico con un gran valor ancestral.

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