Con un molinillo especial, Ignacia menea de un lado a otro una pasta con un poco de agua con hielos, en una cubeta hasta que comienza a generar suficiente espuma, entonces sirve en un plato de barro a las personas que se enfilan para comprar pozonque; cuya espuma puede durar horas. “La mitad del plato contiene la bebida es la pura espuma”, dicen las mujeres de Talea.

“Es muy laborioso de hacer, por eso poca gente se dedica a venderlo. Por ejemplo, cuando se hace en las fiestas hay que empezar desde la madrugada a prepararlo, porque se sirve en la hora del desayuno, a eso de las 8 de la mañana”.
Ignacia lleva más de seis años preparando la bebida tradicional, cuenta que le enseñó una vecina de la comunidad y desde entonces lo vende cada lunes de plaza, pues este se ha vuelto parte del sostén económico para su familia. Recuerda que el pozonque se ha consumido desde siempre, su abuela iba en las bodas a batir las ollas de pozonque.
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