
Tras el fracaso arrocero y el cierre de la planta beneficiadora “Presidente Juárez”, dejando miles de hectáreas sodificadas, por mantener 10 centímetros de agua durante dos meses y medio para producir arroz, llegaron otros “genios” del campo, rememora Fuentes Trujillo.
Alguien ordenó desde un escritorio de la capital del país: se va sembrar caña en el Istmo. De nueva cuenta, el cultivo del maíz fue desplazado. Se construyó el ingenio “José López Portillo”, en terrenos de El Espinal, pero solo funcionó 10 años. La corrupción y escasez de agua, frenó todo.
En medio de esa sucesión de fracasos, señala por su parte el gestor de la organización “Tona Tati”, Tomás Chiñas Santiago, los campesinos de las poblaciones de Zapata, Álvaro Obregón y Chicapa de Castro (Juchitán) y del municipio de Santa María Xadani, mantuvieron el cultivo del maíz zapalote.

Después del fallido intento de convertir al Istmo en potencia azucarera, los funcionarios del sector exploraron con el proyecto de la siembra del sorgo por contrato. Duró dos años y a fines de los años 90, poco a poco, los campesinos regresaron al cultivo del zapalote chico.
Lamentablemente, dice Tomás Chiñas, en la actualidad el maíz carece de incentivos, tiene el precio muy bajo y no tiene mercado, con todo que investigadores europeos y norteamericanos consideran nuestro maíz nativo, el zapalote chico, como el mejor del mundo.
Actualmente, en las tierras de la planicie istmeña, se siembran unas 40 mil hectáreas de temporal y de riego y su producción no supera las dos toneladas por hectáreas y básicamente está enfocada al autoconsumo y selección del grano para nuevos cultivos.
Si la entidad oaxaqueña tiene un déficit anual de 200 mil toneladas de maíz para el consumo de sus habitantes, resulta inexplicable por qué no se destina el dinero para importar el grano, en lugar de estimular la siembra del zapalote chico en el Istmo, dice Chiñas Santiago.
De las 65 razas de maíz que existen en México, 35 son nativas de la entidad oaxaqueña y dos especies, igual nativas, están en el Istmo de Tehuantepec. Con el zapalote chico, señalan Tomás Chiñas y Obet Fuentes, se elaboran más de 50 productos alimenticios.
Entre esos productos destacan los totopos, variedades de tortillas, tamales, moles, atoles, elotes, tacos, empanadas, tostadas, garnachas, panes, dulces e incluso el bagazo y olote sirven para el alimento del ganado.
Para celebrar el Día Nacional del Maíz, que es símbolo de resistencia, es esencial que se les asignen los apoyos a los productores maiceros, que las autoridades dejen de ver al maíz como un estorbo en el proceso comercial, indicaron.
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