Pandemia no frena labor comunitaria en bosques de la Mixteca, hogar de los hongos gigantes

La Ruta Etnomicológica de la Mixteca, un proyecto impulsado por Belén Bautista, una joven de 20 años que desde los 15 ha dedicado su tiempo y fuerza a promover y sistematizar el conocimiento tradicional que existe en su comunidad sobre los hongos

Pandemia no frena labor comunitaria en bosques de la Mixteca, hogar de los hongos gigantes
Foto: Cortesía
Municipios 01/09/2020 12:11 Fernando Miranda Oaxaca Actualizada 10:14

En lo profundo de los bosques de San Esteban Atlatahuacla, en la Mixteca Alta de Oaxaca, la pandemia que ha paralizado al mundo no puede detener el ciclo de vida, y como cada año los ji'i, como se nombra a los hongos en lengua Tuun Savi, nacen al fundirse la lluvia y la montaña. 

Y como la vida del bosque no se detiene, tampoco lo hace el trabajo de la Ruta Etnomicológica de la Mixteca, un proyecto impulsado por Belén Bautista Quitoz, una joven Ñuu Saavi de 20 años que desde los 15 ha dedicado su tiempo y fuerza a promover y sistematizar el conocimiento tradicional que existe en su comunidad sobre los hongos y llevarlo al plano científico.

 

Acompañado de retos y desafíos MixtecayHongos 

Publicado por Ruta Etnomicologíca De la Mixteca en Viernes, 19 de junio de 2020

Pero no se trata de hongos comúnes, las variedades que crecen en lo alto de las montañas de la Mixteca van desde ejemplares diminutos hasta verdaderos gigantes que apenas caben entre las manos, y que son muy apreciados en la región, como “el hongo de aguacate” o el conocido como “yema de huevo”, con si característico color dorado.

Tras tres años de organizar una feria en Atatlahuaca dedicada a revalorizar los conocimientos tradicionales de los hongos silvestres y potenciarlos en favor de su comunidad, desde 2019 Belén dejó dicho proyecto en manos de las autoridades comunitarias para enfocarse en la ruta etnomicológica, que abarca más trabajo y a más comunidades de la región Mixteca. 

“Pese a la pandemia este ha sido un año lleno de cosas positivas. El modelo de trabajo nos ha retrobuido demasiado. Inicié con más municipios de la región lo que es la Ruta Etnomicológica de la Mixteca. Hace un año fue nuestra primera ruta, en municipios como Santa Cruz Nundaco, San Sebastián Nopalera y Santiago Juxtlahuaca” cuenta Belén a EL UNIVERSAL. 

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Foto: Cortesía

Aunque Belén afirma que este año el plan era trabajar con más municipios y ya tenían previstas todas las actividades a realizar, reconoce que la llegada del Covid-19 los orilló a replantear los objetivos del proyecto para este 2020.

“Lo que hicieron aquí las comunidades fue cerrar todos los pasos a sus pueblos, incluyendo Atatlahuaca, mi comunidad que ya cerró totalmente el acceso. Al final eso fue positivo para poder trabajar acá de manera segura porque al cerrar el paso impidieron que entrara el virus”, dice. 

Esta situación para Belén fue una oportunidad para poder seguir moviéndose entre los pueblos, y continuar tanto levantando información directa sobre los hongos en las comunidades, como aprovechando la coyuntura de los cierres por la pandemia para impulsar el comercio local entre los pequeños productores. 

Pero lo que más valora esta joven, fue que al prohibirse la entrada a gente externa para evitar contagios, fueron los jóvenes de las propias comunidades quienes se sumaron a las actividades, por lo que se dejó atrás la promoción de las mismas a través de las redes sociales y se volvió al llamado mediante perifonéo. 

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“Esto es lo que hemos hecho. Ahora somos más jóvenes y seguimos con el trabajo. Ha sido muy bonito. Hemos hecho la ruta, pero ahora ha sido mucho más interno. La intención es hacer un cierre y poder compartir lo que hemos hecho. Sabemos que la gente quiere venir, pero eso es complicado, pero con el cierre vamos a compartir el trabajo interno que se hizo y que se sigue haciendo”, comenta. 

Entre las actividades que Belén y los jóvenes llevan a cabo se incluye tanto la clasificación de las 250 especies de hongos que nacen en los bosques de la Mixteca Alta, —de las que conocen su género y para tener su plena identificación deben tomar pruebas, hacer análisis de ADN, investigación molecular y otros estudios en laboratorio, — como talleres sobre métodos apropiados de colecta, como el que recientemente realizaron en Santa Cruz Nundaco. 

Hasta 2018, Belén, su hermana Oralia y los otros colaboradores habían logrado identificar 49 especies de las 250 que crecen en los bosques de Atatlahuaca, entre las cuales se incluyen 32 variedades de hongos comestibles, 15 tóxicas y dos medicinales. Incluso, algunas de ellas se consideran sagradas, como el hongo de Cuaresma, que se consume en un contexto ritual. 

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Ahora, con el trabajo de la ruta, Belén explica que en los bosques mesofilos de montaña que se extienden en Zacatepec y Nopalera, se estudiaron dos especies de  hongos con alto valor comunitario. Se trata de especies tradicionalmente conocida como “hongo de leche” y “hongo de sapo”, que son consumidas únicamente en estas comunidades de Oaxaca. 

Hacer comunidad 

El modelo de trabajo comunitario de Belén y de la Ruta Etnomicológica de la Mixteca consiste en avanzar de forma coordinada tanto de la mano de las autoridades como con miembros de los pueblos. “Tratamos de buscar a gente que tenga la intención de aportar y no de aprovecharse de lo que tenemos aquí en la Mixteca, que es una región muy rica”, confía Belén. 

Con voz segura, la joven habla de prisa. Cuenta que durante los cinco años que ha caminado la región ha obtenido un crecimiento personal, que a su vez le permite llevar este proyecto a más rincones de la región. 

“Acabé de cumplir 20 años y agradezco todo lo que la gente ha hecho por formarme. Yo me he formado con las autoridades de los pueblos de la Mixteca, me invitaban a las reuniones de Conafor y Semarnat, a participar siempre y estar activa”, dice.

Belén se dice agradecida. Explica que ser y estar en la Mixteca  es “una oportunidad de vida” para poder aportar y que la gente también aporte a su crecimiento. 

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“Cada vez más gente se suma a este proyecto de desarrollo que inició con hongos pero que ahora es con toda la riqueza de la Mixteca, pero fue Gracias a los honguitos que se abrió la puerta para que mucha gente se dé cuenta de que tenemos que visibilizar el trabajo que hacemos como mixtecos”, insiste. 

La joven cuenta como ejemplo que en Santa Cruz Nundaco, Elizabeth Pérez Ávila, exregidora de Educación, ha ayudado a que los jóvenes de la comunidad se sumen al proyecto, y aunque señala que las carencias y la pobreza de la región son parte de la vida de niños y jóvenes, dice que están convencidos de la necesidad de preservar toda esta riqueza forestal.

“Me he topado con niños que han crecido en una situación muy difícil, pero cuando vamos al bosque tienen la intención de seguir preservando esta tradición y conocimiento que traemos”, señala Belén sobre los saberes ancestrales entre los pueblos de la Mixteca, que se conservan desde hace más de 600 años. 

Es así que en estos meses, desde que las primeras aguas de junio renuevan toda la magia contenida de los bosques de abetos, hasta que la caída de las últimas gotas en septiembre anuncian la salida de la temporada de hongos, Belén y todos los integrantes de la ruta etnomicológica no paran en su labor comunitaria, pese a la parálisis que padece el resto del mundo. No paran porque están convencidos que ser Ñuu Savi es ser parte de una cultura de lluvia y vida.

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