Para medir la pandemia, en Juchitán las tumbas no mienten

Registran 56 muertes desde abril, 47 en tan sólo 10 días. Antes de Covid-19 se sepultaban de dos a cinco personas a la semana, desde el 26 de junio las cifras aumentaron de tres a siete personas al día
Para medir la pandemia, en Juchitán las tumbas no mienten
Foto: Roselia Chaca
07/07/2020
10:52
Roselia Chaca
Oaxaca
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Juchitán de Zaragoza.- La reacción de los funcionarios encargados de la Jurisdicción Sanitaria en el Istmo de Tehuantepec fue de amplia sorpresa, los directivos del Hospital General Macedonio Benítez Fuentes e integrantes del Ayuntamiento cuando un general del Ejército mexicano les propuso alistar docenas de tumbas en todos los panteones del municipio. 

La cosa se iba a poner grave. Eran los primeros días de abril, durante una reunión de trabajo para abordar el tema del Covid-19, el municipio zapoteca  tenía entonces cero contagios.

Sólo tres meses bastaron para poner en acción esa sugerencia en Juchitán. Hoy, las nuevas tumbas que una retroexcavadora hace en los panteones municipales contradicen en mucho a la cifra oficial de 15 fallecidos por Covid-19 que los Servicios de Salud de Oaxaca ( SSO) muestra en sus tablas. Existen más de tres veces más, la mayoría son personas que murieron en su casa y cuyos casos  no se reportaron a las autoridades de Salud, sólo a la regiduría de panteones. Otros no tenían actas de defunción y sólo por los dichos de las familias se sabe que murieron con síntomas de coronavirus.

Y todo esto mucho antes de que este jueves la Jurisdicción Sanitaria 2 del Istmo reconociera que se proyectan más de 21 mil contagios de Covid-19 en la región y 5 mil pacientes hospitalizados. Las muertes, por supuesto, no se contemplan en dicha estimación.  

Sepulturas listas 

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Foto: Roselia Chaca

La máquina amarilla, con suma precisión, cava las  20 tumbas marcadas con estacas por los trabajadores de la Regiduría de Parques y Panteones del Ayuntamiento de Juchitán en el nuevo panteón Lunes Santo, ubicado al fondo de la colonia popular La Gloria, en el sur de la ciudad. 

Laureano Montero, el sepulturero,  verifica que la retroexcavadora cumpla con las especificaciones que debe de llevar una tumba zapoteca: un metro 70  centímetros de profundidad  y 80 centímetros de ancho.

La hilera de tumbas está en una área especial de las cinco hectáreas del panteón, lejos de los otros enterramientos que se notan más antiguas por las edificaciones de palmas secas, aunque entre éstas también hay varias tumbas recién ocupadas, los montículos de tierra cubiertos de flores y una cruz los delatan, están frescas.

Desde hace una semana la normalidad cambió para Laureano, los sepelios ya no se realizan a las 10 de la mañana o a las cinco de la tarde, como normalmente es el ritual de los zapotecas, ahora lo despiertan a las cuatro de la madrugada para que abra el panteón y verifique el entierro de una persona que murió por Covid-19. 

“Como mueren de coronavirus, no importa la hora, luego luego, me hablan para venir abrir el panteón y que les asigne un  lugar. Lo hago, pero con mucho miedo. Les indico a los de la funeraria dónde deben  poner al muertito; yo no me meto, todo de lejos porque no tengo equipo de protección. Los familiares sólo ven de lejos todo. Es muy triste ver a las familias solas, sin amigos ni vecinos, sin música, sin cohetes,  despidiéndose en la oscuridad”, comenta Laureano sin dejar de seguir con la vista la máquina. 

La autoridad municipal decidió, como parte de su estrategia para resolver  la saturación de los panteones principales —Domingo de Ramos y Miércoles Santo—, tener listos en los nuevos panteones: Lunes Santo y Extensión  Domingo de Ramos, con alrededor de 40 tumbas para los muertos por Covid-19. 

Más de 56 fallecidos  

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Foto: Roselia Chaca

Jorge Valdivieso Luis, regidor de Parques y Panteones, lleva  la cuenta precisa de las personas que se han sepultado en los cuatro panteones y que murieron  por Covid-19,  con diagnóstico sospechoso  o por  insuficiencia respiratoria: hasta el 6 de julio, 56 en total desde el 14 de abril, cuando murió Cuauhtémoc De Gyvés, trabajador del hospital de Juchitán y la primera víctima de este virus en el reino zapoteca.

Además, tiene contabilizadas más de 20  personas  sepultadas sin certificado de defunción; todas murieron en su casa sin saber las causas, sólo en algunos casos los familiares le confiaron que tuvieron problemas respiratorios. También tiene un reporte de cremación. 

Antes de la pandemia, en Juchitán se sepultaban de dos a cinco personas a la semana, pero desde el viernes 26 de junio las cifras aumentaron de tres a siete personas al día. El pico ha llegado hasta las nueve.

Fue entonces que se encendieron las alertas y se desató la emergencia pues de las 56 muertes desde abril, 47 se registraron en un periodo de 10 días, del 26 de junio al 6 de julio. Este domingo ha sido el días más letal, con nueve fallecidos.

No son los únicos datos de la emergencia que vive el municipio. En ese mismo periodo, se ha decretado el cierre del Hospital General para que sea desinfectado tras un brote de coronavirus que dejó 20 contagios en empleados de Salud; se han cerrado 10 días los dos mercados  y el edil Emilio Montero envío una tarjeta informativa para avisar a la Federación que el virus se les está saliendo de las manos. Los contagios de Covid-19 están centrados en la Octava, Séptima y Primera Sección de la ciudad.

 “El viernes [26 de junio]  tuvimos tres muertes; el sábado, cinco; el domingo fueron siete; el lunes, uno; el martes, dos; el miércoles, cinco, y hoy ya llevamos uno. En seis días ya son 24”, decía el 2 de julio el regidor de panteones. Desde entonces se han sepultado otras 21 personas. En total, desde mediados de abril, suman 56.

“Las tumbas no mienten...Hoy tomamos la recomendación del Ejército de tener las tumbas listas porque tendremos sepelios en las madrugadas”, explicó el funcionario  que recorrió los panteones con EL UNIVERSAL.

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