Aumentan albañiles cobro sin seguridad

Quienes contratan a peones y albañiles no se hacen responsables de ningún aspecto de su seguridad mientras trabajan

Foto: Mario Arturo Martínez / EL UNIVERSAL
Municipios 07/11/2017 10:01 Roselia Chaca Actualizada 10:01

Los escombros de lo que fueron casas y edificios aún no desaparecen del todo, pero entre los restos fracturados ya se observan figuras que se mueven con agilidad. Se deslizan sobre una barda  y se mueven como si a sus pies no se extendiera un abismo de hasta cuatro metros de profundidad. Son albañiles arriesgando la vida precisamente para poder vivirla.

Las 14 mil 927 casas afectadas por el sismo del 7 de septiembre en Juchitán requieren la fuerza de trabajo de cientos de albañiles para reconstruirlas. Muchos de ellos ya estaban en este oficio desde antes de que se cimbrara la tierra, pero otros, ante la falta de trabajo y la gran demanda de mano de obra, decidieron probar suerte como peones, a pesar de la falta de seguridad física y el peligro que representan las miles de réplicas.

Es tanta la necesidad de sus servicios que los albañiles aumentaron el precio de un día de trabajo, algunos pasaron de 300 a 350 pesos, otros de 400 a 500 pesos al día. Los peones no se quedan atrás. De cobrar 250 pesos por jornada pasaron a pedir 300 pesos;  algunos cobran  hasta  350 pesos diarios.

Este aumento en el precio de la fuerza de trabajo representa  menos dinero para las obras, pues  los damnificados sólo cuentan con los recursos que recibieron de parte del gobierno federal. Con los nuevos precios, quienes tuvieron daños parciales en sus viviendas y recibieron 15 mil pesos sólo podrán pagar un poco más de dos semanas de mano de obra.

Trabajo de riesgo. Para los albañiles que reconstruyen Juchitán desde sus cimientos, el aumento de precio está justificado. La razón, dicen, es el riesgo de subirse a los techos y derribar paredes que quedaron en pie en casas colapsadas. Quienes los contratan, explican, no se hacen responsables de ningún aspecto de  su seguridad.

En esa situación está Eduardo García, de 17 años, y Ernesto Jiménez, de 21, ambos de la Novena Sección de esta ciudad. Por un sueldo de 250 pesos al día los dos pasan ocho horas trepados en la parte más alta de una casa que fue de teja. Lo hacen sin casco ni condiciones mínimas de seguridad. Sólo tienen, dicen, el amparo de Dios  para no caer cuando se sueltan  las réplicas de hasta 4 grados.

“Pues sí nos da miedo, pero nos aguantamos, claro que es peligroso, mucho, pero no tenemos otra opción de trabajo (...) las despensas ya se acabaron”, dice Ernesto, peón desde hace seis años,  mientras martilla a cuatro metros del suelo.

Como los albañiles locales  no se dan abasto, obreros de comunidades cercanas se han acercado a ofrecer sus servicios. En contra parte, albañiles de Juchitán buscan colocarse por mejor paga, aunque sea en otros municipios. Antonio Ruiz, con 15 años de oficio, dice que prefiere irse a San Dionisio del Mar donde  le dan dos comidas, su pasaje y  450 pesos.

“La verdad es ahora cuando mejor nos está yendo, tenemos trabajo hasta para el otro año asegurado, pero además con mejores pagos (...) los albañiles tendremos un buen cierre de año, a costa de la tragedia, pero no hay de otra”, justifica.

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