Crónica. Todo por no complacer con una canción

“¡Le están pegando a Paquito! ¡Hay que bajarse!”. El grito interrumpió el silencio de la media noche. Un sábado fatal. Un domingo negro

Foto: Edwin Hernández / EL UNIVERSAL
Municipios 08/08/2017 10:59 Juan Carlos Zavala San Andrés Huayápam, Oaxaca Actualizada 10:09

Los músicos apenas terminaban su presentación; toman sus instrumentos, abandonan el salón y se dirigen al autobús para cambiarse de ropa; en unas horas volverían a tocar en otra ciudad, en Puebla, y era necesario descansar.

Medianoche del sábado. El ruido de afuera los detiene un momento, se asoman por las ventanas para saber qué ocurre; ven que golpean a uno de sus integrantes, después se escuchan ráfagas de disparos. Comenzaba la noche más negra y trágica para la banda “Tierra Mojada”.

“¡Le están pegando a Paquito! ¡Hay que bajarse!”. En el momento en que pretendían bajar del autobús, un hombre empieza a disparar ráfagas al aire con su “Cuerno de chivo”; después, apunta su arma contra el vehículo, las balas rompen las ventanas. Atemorizados, los músicos ya no descienden, se agachan, se tiran al piso y se resguardan entre los asientos.

Virgilio Ruiz García entra corriendo con su clarinete en la mano al autobús, se agacha. Los disparos cesan por unos segundos. Virgilio se levanta un poco para observar afuera.

--¡Virgilio, agáchate!

El director de la banda “Tierra Mojada” obedece, pero en ese instante una bala alcanza a impactarle por la parte de atrás de su cráneo.

Al fondo del autobús está Heliodoro Ruiz, su hermano, sentado en el piso del vehículo y descalzo porque no terminó de cambiarse, también cubriéndose de los disparos.

--¡Virgilio, Virgilio! --le grita Fredy, uno de los integrantes de la banda, mientras con sus manos mueve su cuerpo, pero ya no contestaba.

Heliodoro se acerca al cuerpo tendido.

--¡Virgilio! ¡Carnal! ¿Qué tienes? --exclama, cuando ve la sangre que brotaba de su cabeza.

--¡Chingá! ¡No manches! ¡Hirieron a mi hermano!

Los demás integrantes del grupo musical, la mayoría de ellos muy jóvenes, permanecen en la parte del fondo del autobús, todos con pánico y con miedo, algunos protegiéndose entre los asientos, casi debajo de ellos.

Cada uno de los intentos para que Virgilio escuchara y respondiera a sus llamados, fue interrumpido por un estruendoso ruido. Un grupo de hombres armados rompieron el vidrio de la puerta del autobús e ingresan a la unidad.

--¡Sálganse porque a todos les vamos a partir su madre!

--Aguanta, mi hermano está herido...

--¡No, a la chingada, todos se van a morir cabrones, todos se van a morir!

--Pero ¿por qué?

--¡No, bájense! ¡Es más, bájate ya!

Aterrorizados, cada uno de los músicos desciende del autobús. Heliodoro y Joshy, el vocalista, bajan juntos.

--¡Mira nosotros venimos a trabajar! ¡Somos músicos! ¡Qué pasa! ¡Por qué nos hacen esto!, trata de convencerlos para que ya no los sigan agrediendo. Heliodoro se dirige hacia un hombre con sombrero.

--Sí, aguanta, ya les digo. ¡Ya chavos, ya tranquilos!

Nadie se calma. Un joven empieza a lanzar piedras contra el autobús. Dos sujetos se acercan hasta Heliodoro y Joshy, los empiezan a golpear.

Heliodoro recibe un puñetazo en la boca y alcanza a mirar cuando el vocalista también es golpeado en el rostro; pero después lo pierde de vista. En la trifulca lo empujan hacia atrás; el tipo toma su cabeza y la golpea contra el vidrio de un coche; Heliodoro en su defensa, tira un golpe con su codo y lo derriba. El agresor se levanta y vuelve para amenazarlo.

--¡Pérame, hijo de tu pinche madre! ¡Pérame!

El sujeto corre y por la mente de Heliodoro pasa que su atacante iba por un arma; se para, estaba todo enlodado y madreado. Se le acerca un señor.

--Corre porque te van a matar, si no corres te van a matar.

--¡Pero a dónde, yo estoy descalzo!

--¡Tú vete!

Heliodoro levanta su rostro y echa una mirada hacia sus lados. En una parte ve un barandal que servía como muro de contención para los vehículos, ya que había un pequeño acantilado por donde pasaba un arroyo.

Corre hacia ahí y se avienta por encima, rueda hacia abajo, su cuerpo temblaba de miedo y no podía dejar de pensar en su hermano que herido se había quedado en el autobús.

De repente, escucha que alguien cayó cerca de él; era Daniel, un integrante de la banda; le pide que se acercara hacia él.

- ¡No manches, creo que aquí quedamos, mi hermano está herido! --le dice a Daniel.

Otros de los integrantes de la banda “Tierra Mojada” corrieron al lado contrario, entre la milpa que se encontraba cerca del salón de fiestas. Otros tres, entre ellos Pedro, hermano de Heliodoro y Virgilio, se quedaron en el interior del salón porque cuando la gente escuchó los plomazos, cerraron las puertas.

Minutos después llegan cinco patrullas con policías. Heliodoro y Daniel salen del arroyo donde estaban ocultos, piden que busquen a los integrantes del grupo; los policías salen en su búsqueda y los traen de vuelta. Los agentes prohíben que alguien suba de nuevo al autobús, pero Pedro va por su celular y cartera, esta última que ya no encontró.

La ambulancia tarda una hora más en llegar, el cuerpo de Virgilio aún con vida es llevado al hospital de Valle de Santiago. Los policías se van del lugar y dejan a los músicos únicamente con tres elementos de seguridad pública.

--¡Oiga, que tal si regresan qué vamos a hacer! --le preguntan a uno de los policías que quedaron.

--No regresan --les responden.

Pero esto no dejó tranquilos a ninguno del grupo musical y mucho menos estaban dispuestos a esperar a que llegara un agente del Ministerio Público para que les tomara la declaración uno por uno, como se les había ordenado.

Los integrantes de otra banda de música se los llevan del lugar en su autobús y los van a dejar a casa de un conocido. En el trayecto Heliodoro habla por teléfono con su hermano Pedro, quien acompaña en la ambulancia a Virgilio.

--¡Sabes qué, mi carnal ya no tiene, ya no se puede hacer nada! Le dice a Heliodoro con las palabras entrecortadas, difíciles de articular.

--¡No manches wey! ¡No digas eso! Los demás integrantes de la banda escuchan la conversación y empiezan a llorar.

--¡Aguanten, ustedes tranquilos!, tratan de consolar los otros músicos.

Después, fueron a una de las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de Guanajuato, donde se encontraba Pedro Ruiz y de ahí, a otras oficinas de la Procuraduría en las instalaciones de Irapuato.

Es aquí donde llega Sofía Reina, madre de Virgilio, Pedro, Ángel y Heliodoro, todos integrantes de la banda “Tierra Mojada”; junto con sus dos nueras, una esposa de Heliodoro, viajó toda la noche desde San Andrés Huayapam, Oaxaca, hasta Guanajuato, tras enterarse del atentado contra la banda.

El cuerpo de Virgilio fue entregado a sus familiares alrededor de las cinco de la mañana del domingo, después de que le hicieron la necropsia de ley. Huayápam llora. El luto invade al mundo musical. Se fue un hijo pródigo de la tierra del tejate, de la tierra mojada.

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