Guelavía: el difícil arte del carrizo y los bajos precios

Este domingo, en San Juan Guelavía se celebró la séptima “Feria del Carrizo 2018”, donde los pobladores exhibieron una variedad de productos con este material
Foto: Mario Arturo Martínez / EL UNIVERSAL
28/01/2018
04:21
Ismael García
San Juan Guelavía, Oaxaca
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A don Edilberto López le lleva al menos de día a día y medio para elaborar de manera manual un canasto de carrizo, sencillo, rústico, que servirá para la pizca de la mazorca o cargar otros productos del campo, pero el costo no vale el trabajo: 80 pesos.

Piezas más elaboradas, como cestos con adornos y más detalles, llevan de dos a tres días y una pieza se vende en 300 pesos; uno más grande, cuatro días para hacerla y se vende en 650 pesos.

“Pues no da, no alcanza para ganar para comer; pero qué le vamos a hacer, este oficio lo aprendimos desde la antigüedad, desde los abuelos, y junto con las labores del campo, nos da de comer”, dice el hombre, artesano del carrizo.

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Este domingo, en San Juan Guelavía se celebró la séptima “Feria del Carrizo 2018”, donde los pobladores exhibieron una variedad de productos, desde cestos, canastos para el campo, cubiertas de botellas, hasta aretes y collares con ese mismo material.

El carrizo es una planta silvestre y común que crece en las orillas de los ríos, principalmente; en las comunidades se utiliza, ya seco, para crear cercas que rodean la vivienda, un predio o encierro de animales de traspatio menores.

Para elaborar una pieza artesanal, el campesino acude a cortar el carrizo, en algunos casos semitierno; le retira las hojas con cuchillo; algunas piezas son calentadas al fuego para que tengan mayor elasticidad y resistencia; después se corta en tiras, del grosor que se requiera, dependiendo del trabajo que haya que hacer.

“Gracias a Dios no ha faltado el carrizo; el año pasado llovió mucho y pues ahora hay suficiente”, dice don Edilberto, mientras ofrece sus productos a los cientos de asistentes que acudieron a la localidad zapoteca, distante a unos 30 kilómetros al oriente de la capital oaxaqueña.

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De acuerdo con el presidente municipal, Jorge García Martínez, en la feria participan unos 30 artesanos y es la séptima edición, que inició en 2012.

Expone que por la alta migración, la actividad artesanal estuvo a punto de desaparecer, pues la mayoría de adultos y jóvenes se fue a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades y las nuevas generaciones no quisieron aprender el oficio. Fue a través de las ferias que se reactivó la artesanía.

“La mera verdad, le voy a ser franco, compro y vendo, pero también mi difunto esposo me enseñó un poco la elaboración; yo también ayudo, mi hermano Edilberto hace mucho del trabajo que vendo”, dice Inés Juanita López García, quien colocó un puesto de venta.

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Detalla que ofrece principalmente aretes y collares de carrizo, así como botellas forradas y cestos con nombres o fechas de recuerdo, que son los que más pide la gente.

“Se vende, feria o no feria, siempre vendo; incluso muchos paisanos oaxaqueños que viven en Los Ángeles (California), me hacen pedidos; canastos adornados, con nombres, para recuerdo de bodas, para bautizos, se hacen y se los mando”, platica.

La feria del carrizo se efectuará de nueva cuenta el próximo 4 de febrero, en que se pueden además degustar diversos platillos típicos de la región de los Valles Centrales.

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