El proyecto, a pesar del tiempo que lleva implementándose en el norte de Oaxaca y de dar certezas a alrededor de 72 productores, sigue sin recibir apoyos federales. Para la nueva etapa que inició en diciembre de 2023 es necesario readaptar el espacio en San Mateo Yetla, donde se ubica el banco agrícola, precisa García Delfín.

“Esta también es una lucha contra los maíces modificados que invaden el campo y suplantan a los granos nativos a pesar de las prohibiciones. Tenemos de todas las variedades de la región, maíz rojo, negro, amarillo, blanco, lo que nos falta es apoyo para que el banco no esté instalado en una vivienda como está ahora y pueda crecer. Y así habilitemos oficinas para la promoción de la conservación”, detalla.
Los impulsores reconocen que en Oaxaca la Secretaría de Fomento Agroalimentario y Desarrollo Rural (Sefader) ha promovido la conservación de maíces nativos, debido a que la entidad tiene 35 razas de maíz de las 64 registradas en todo el país; sin embargo, el apoyo aún no llega a las comunidades chinantecas que siguen realizando la conservación de la semillas tradicionales con esfuerzos propios y con las mismas herramientas al menos desde el año 2011.
“El trabajo que hacemos también es de concientización con los campesinos sobre el cambio climático, y métodos agrícolas para que nuestro maíz no se pierda y pueda seguir siendo sembrado en próximas generaciones, también se les capacita sobre los daños que hace al ecosistema y la biodiversidad el maíz modificado que muchas veces usan los acaparadores”, precisa Floriano García.
Desde 2021, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) prohibió la siembra de semillas de maíz genéticamente modificadas, con el argumento de que los organismos genéticamente modificados (OGM) dañan permanentemente la biodiversidad, debido a que la diversidad genética dentro de los cultivos es indispensable para responder a las plagas y las enfermedades y en el país; es además un tema de seguridad alimentaria.
