Es la laguna Guichivele/Espina fuego, una de las tres que aún sobreviven sin invasión en la parte sur de Juchitán. Su extensión no rebasa ni la media hectárea y está cercada con alambre; vecinos de la colonia Mariano Montero aseguran que tiene dueño, pero no saben quién es.

Foto: Roselia Chaca
La laguna Biahuidó o Laguna Sope, la que más producía nenúfares, fue invadida, lotificada para colonias y hasta un panteón se construyó en el lugar, a pesar de estar protegida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Este cuerpo de agua era el que más producía nenúfares. Hoy, la mancha urbana se lo comió.

Foto: Roselia Chaca
Para la cultivadora de nenúfares, Siado Guie´Jiménez, existe un gran saqueo del patrimonio natural de los zapotecas.
“Es normal que se vendan en el mercado, lo que no sabe la gente es que ya son los últimos nenúfares, al cortarlos se pierden cientos de posibles flores el próximo año. Es una terrible pena la extinción de estas flores que nos dan identidad como zapotecas”, explicó la activista ecológica.
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