Pitayas dan 'dulce' impulso a la economía de campesinos de Tianguistengo, Mixteca de Oaxaca

Desde hace cuatro años, la economía de los campesinos comenzó a mejorar debido a la exportación de este fruto a los Estados Unidos

Pitayas dan “dulce” impulso a la economía de campesinos de Tianguistengo, Mixteca de Oaxaca
Pitayas dan “dulce” impulso a la economía de campesinos de Tianguistengo, Mixteca de Oaxaca. Foto: Juana García
Municipios 23/06/2022 09:03 Juana García Actualizada 09:25

Tianguistengo.— Los cactus de pitaya adornan la vegetación semiárida en Santo Domingo Tianguistengo, conocido como “el principio y fin” entre los estados de Oaxaca y Puebla. Aquí, desde hace cuatro años que la economía de los campesinos comenzó a mejorar debido a la exportación de este fruto a los Estados Unidos.

Los ingresos por la venta de la pitaya en esta comunidad de la Mixteca motiva a todas las personas a extender sus huertas, pues en Tianguistengo todos tienen su parcela de pitaya. 

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A los matrimonios jóvenes, por ejemplo, les asignan un pedazo de terreno y lo primero que hacen es sembrar pitayas, cuenta a EL UNIVERSAL Vladimir Santillán Sampedro, agente municipal, quien también se dedica a este cultivo. “Acá todos tienen plantas de pitayas, otros  más que otros, pero todos tienen. Y la mayoría de las familias viven de las ventas de la fruta”, narra con entusiasmo.

Hace tres años, los productores de Tianguistengo y San José Chichihualtepec, pertenecientes al municipio de Santiago Chazumba, enviaron las primeras 5.3 toneladas de pitaya a Estados Unidos, según la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Acuacultura (Sedapa).

De acuerdo con el reporte del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad (Senasica) de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), fueron ocho huertos de pitaya y xoconostle, con un total de 18 hectáreas entre ambas comunidades, los aprobados para la exportación en 2019; ahora, las hectáreas se han extendido, gracias a la aceptación del fruto en el extranjero.

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El principal destino de la pitaya oaxaqueña es Los Ángeles, California, donde a través de un centro de abastos lo distribuyen a otros estados, “han sido hasta 40 toneladas; el año pasado, refieren los productores que sacaron cerca de 80 de la región”, indica Vladimir Santillán.

“Ahora, con la exportación el precio es más justo. El campesino no tiene necesidad de buscar otros puntos para comercializar su pitaya, porque toda la entrega a la empacadora”, agrega el agente municipal.

Para el envío, ningún fruto debe estar manchado por las plagas, de lo contrario, son rechazados. “Aceptan todas las frutas, las que salen dañadas las tiran; las que tienen una manchita, afortunadamente, ya la está comprando; eso sí, las pagan más barato”, explica uno de los productores, quien añade que la temporada de pitaya comienza en las últimas semanas del mes de marzo y concluye en las primeras semanas de junio.

Camino de obstáculos 

Pese al gran éxito y la mejora de precios por la exportación de pitayas, para las familias de Tianguistengo no ha sido fácil mantenerse de la fruta.

Sara González Ríos y su esposo Arnulfo se levantan antes de las 5 de la mañana, se toman un café o lo que haya y se van a  su huerto. Durante dos meses repiten la misma rutina, el tiempo en el que se cosecha la pitaya. Se dedican a esta actividad desde hace 44 años y actualmente mantienen tres hectáreas de plantas de esta fruta.

“Antes no teníamos cactus de pitayas, poco a poco fuimos agrandando nuestro terrenito y sembrando de 10 a 10 plantas, a como íbamos pudiendo cada año. Cuando ya había una planta, pues de ahí mismo recortábamos y fuimos agrandando nuestro huerto.

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"Teníamos chivos y los cambiaba por las plantas, en lugar de pagarme con dinero, yo les decía que me dieran plantas y no dinero. Así hemos podido tener nuestro huerto”, explica Sara, quien agrega que gracias a la pitaya ella y Arnulfo pudieron alimentar y darle educación a sus cuatro hijos.

Entre los obstáculos que han sorteado los productores, el acceso carretero fue uno de los más grandes para lograr la comercialización de la fruta, pues  recuerdan que fue apenas en  1990 cuando se abrió por primera vez una vía de terracería.

Anteriormente a la apertura del camino, los campesinos sacaban sus productos a través de mulas, caballos y burros. Sara González recuerda que las personas salían a las 3:00 de la mañana a pie, para llegar a buena hora a Acatlán o a Tehuacán a realizar sus ventas. 

Entre otras complejidades que han enfrentado están también  las plagas en las plantas, en el fruto e, incluso, en la flor.

En los últimos años, por ejemplo, los parásitos, principalmente El Picudo, se han apoderado de las plantas hasta dejarlas huecas. “Se han encontrado demasiados y causan muchísimo daño, algunos matan por completo el cactus”, señalan.

Sara y su esposo han experimentado varias formas de combatir las plagas, pero ninguna les ha funcionado, incluso han acudido a la Universidad Autónoma de Chapingo, gracias a lo que han identificado otras plagas, como una hormiguita que se le sube a la flor y empieza a chuparle el néctar, lo que provoca que se caiga la flor.

Con el tiempo, los productores han mejorado las prácticas en el manejo de las plantas. Y ahora, los productores piden a los gobiernos estatal y federal que se les voltee a ver y se les otorgue ayuda para continuar con su trabajo, a través de acceso  a programas del campo, que impulse su trabajo diario.

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“Estamos olvidados. Aquí ni Sembrando Vida nos dieron, porque dicen que somos ricos y no entramos a la lista de beneficiados; los invitamos a que nos visiten y vean que acá trabajamos duro y sí tenemos que comer, pero nada es regalado”. 

Medio siglo de tradición

Los pobladores aseguran que gracias a la celebración anual de la Feria Regional de la Pitaya, el trabajo de los productores se ha dado a conocer a nivel regional y nacional y ha facilitado que muchas familias puedan comercializar fuera del país.

Este año, en Tianguistengo, la  Feria Regional de la Pitaya llegó a su edición 48, es impulsada por un comité especial durante el año, con el apoyo de la autoridad y los pobladores. 

La profesora Camelia Ríos explica que la feria ha sido promovida principalmente por los jóvenes que han salido a estudiar fuera de la comunidad. “Trajeron muchas ideas para el pueblo, a muchos de ellos fueron a los que les nació la inquietud de  crear la Feria Regional de la Pitaya, para reconocer el trabajo de los campesinos”.

En estos 48 años de la feria se ha convocado a comunidades de la de la región Mixteca, poblana y oaxaqueña, en donde se premian dos categorías: local y regional, para seguir impulsando el trabajo de  productores.

Los premios consisten en gratificar al productor que coseche la pitaya más grande. “Este año, la fruta ganadora llegó a pesar 630 gramos, aunque tenemos un registro de 900 gramos”, comenta el profesor Vladimir Santillán.

Arnulfo y su esposa Sara han estado entre los ganadores durante cuatro años consecutivos. “Los premios fueron para el abono, en eso invertimos el dinero que nos dieron cuando ganamos. Nomás completamos para dos o tres viajes, la vez pasada nos alcanzó para cinco”, expresa Sara, quien añade que la  cosecha de este año fue menor,  pero el precio  mejoró.

El corazón de la pitaya

Los pobladores de Tianguistengo afirman con gran orgullo que su comunidad es “el corazón de la pitaya”, sobre todo los jóvenes, quienes han impulsado una indumentaria inspirada en la fruta y hasta le han compuesto poesías.

La comunidad produce seis variedades de pitaya. Históricamente se ha dedicado a su comercialización, debido a que es una planta endémica de la zona, por las características del suelo y la altitud sobre el nivel del mar, lo que facilita que tenga un gran tamaño y sabor peculiar.

Es gracias a esta fruta que, aun cuando la Mixteca es considerada uno de los principales destinos de las remesas de los migrantes que radican en Estados Unidos, en Tianguistengo son muy pocas las familias que dependen de ellas.

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