Mujeres se empoderan con la tradición del cacao

En Tabasco, un grupo de 10 mujeres conserva este fruto en su estado natural y sus productos han llegado a Europa

Estela Lázaro, Noemí Córdoba y Ofelia Pérez forman parte de Las Embajadoras del Cacao, trabajan en la hacienda La Campesina, en Tabasco, sembrando ese producto para convertirlo en chocolate. Foto: Luis Manuel López
Nación 12/08/2018 14:11 Cristina Hernández Tabasco Actualizada 14:11

El anís, pimienta, achiote y canela se mezclan en el metate, conforme se muelen, el olor a cacao impregna la cocina tradicional de Estela Lázaro en la hacienda tabasqueña La Campesina. Aquí explotan todas las maneras de hacer y preparar el cacao en su forma más pura, conservando el trabajo artesanal y llevándolo a nivel internacional con envíos a Bélgica, Berlín e Italia.

Por el amor que Estela tiene hacia el campo y los productos de la tierra surgió la idea de ponerle ese nombre a la hacienda. “Además de mi papá, me inspiró  mi abuelito paterno que de alguna manera me inculcó el cariño con el que trabajan en mi familia”, comenta.

Desde hace cinco años formó un  grupo con aproximadamente 10 mujeres que reciben el nombre de Embajadoras del Cacao porque lo siembran  y lo convierten  en chocolate en barra, en polvo, dulce y en otros derivados.

Además de exportar cacao al mundo, la hacienda recibió el distintivo G por parte del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) por ser un establecimiento adaptado  a las necesidades de personas de la tercera edad.

Para obtenerlo, Las Embajadoras del Cacao tomaron talleres con capacitadores del instituto, y aseguran que ese aprendizaje también les sirvió para fortalecer su autoestima.

“Aprendí que los adultos mayores  son personas trabajadoras que no se rinden”, cuenta Noemi Córdoba, quien trabaja en La Campesina desde hace tres años.

“Con el trabajo que Estela nos da hemos seguido adelante y no estamos estancadas en la casa o sin hacer nada. Estoy encantadísima porque fomentamos nuestras tradiciones”, agrega.

Ofelia Pérez forma parte del grupo desde hace cinco años. Asegura que  gracias a los talleres aprendió a valorarse.

Ofelia creció sin sus padres y fue criada por sus abuelos, asegura que siempre sintió un vacío en su vida pero al formar parte de Las Embajadoras del Cacao  cambió su actitud porque, dice, al estar todas en la hacienda se hacen compañía y se apoyan como hermanas.

El grupo está conformado por mujeres porque la mayoría son descendientes de productores de cacao quienes se dedicaron a esto hace muchos años, al igual que el padre y el abuelo de Estela.

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Amor hacia el trabajo

El clima cálido del lugar es ideal para cosechar, la hacienda tiene varias hectáreas de extensión. Recibe a sus visitantes un frondoso árbol, sembrado por Estela, y una abundante vegetación en la que hay frutos de achiote, mango y algunas pencas de plátano.

Por eso, Estela retomó la idea de crear  productos  hechos a base de cacao natural sin incorporar  químicos de ningún tipo. Ésta es la principal diferencia con el chocolate comercial: “Vamos trabajando bien, hay mucha gente interesada, hasta ahora hay siete micronegocios. Se sumaron más chocolateros y ya ocupamos el primer lugar como estado en producción de chocolate”, asegura Estela.

Uno de los objetivos de La Campesina es el empoderamiento de las mujeres para que ellas también puedan empezar un pequeño negocio. 

Tabasco es la principal entidad productora de cacao con 66%, seguido de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz, de acuerdo con datos de la organización Cacao México.

Volver a los orígenes

Estela es la mayor de sus hermanos y al morir su padre decidió poner en práctica lo que aprendió de él y de sus abuelos. Por eso formó un  lugar cuya característica primordial son  productos  cosechados por ellos mismos.

Cuando era pequeña, su abuelo y su madre le enseñaron a trabajar en el campo, principalmente con el cacao. De ahí sacan el pozol, una bebida hecha con esta semilla y usada para refrescarse en días de calor.  

En La Campesina reutilizan el mucílago de cacao, que es una pulpa blanca y gelatinosa con sabor ácido. Antes no era aprovechado y lo tiraban, hasta que hicieron una bebida llamada guarapo.

Fueron Las Embajadoras del Cacao quienes lo extrajeron e hicieron pruebas. Así mantienen la cultura de usar todo de la naturaleza y cada una de las partes del cacao. 

El mucílago lo hacen en  congeladas, frappé, raspados y mermelada que equivalen a 70 kilos, lo cual venden de forma local y con envíos a estados cercanos, como Quintana Roo. Con las semillas que sobran hacen aretes y pulseras para  vender en Comalcalco,  realizadas a mano por las mujeres de la hacienda.

Las Embajadoras del Cacao fue un  éxito en ferias que exponen artesanías a nivel local y federal. Estela define a Tabasco como un estado rico y productivo: “Creo que habiendo agua hay vida.  Hay mucha vegetación todavía, por eso veo mucha oportunidad”, finaliza Estela.

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