Jóvenes en México cambian basura por dinero

Nación 28/01/2018 12:53 Aldo Nicolai e Isis García Actualizada 12:58

El equipo de Protrash, en su primera parada en Lomas de la Primavera, una de las colonias de bajos recursos en Zapopan

Beatriz y su hija de cuatro años esperan afuera de su casa con siete costales llenos de botellas de plástico. No los pueden cargar solas, pues están a seis calles de donde se estacionó el camión de Protrash, una iniciativa de cuatro jóvenes mexicanas que consiste en intercambiar basura por tarjetas de débito en comunidades de bajos recursos. 

Yuvia López, directora de operaciones de Protash, se ofrece para ayudarla. Trae dos celulares, uno de uso personal y otro para el trabajo, donde  manda mensajes de WhatsApp a los vecinos de la colonia para recordarles que hoy están recolectando botellas. Desde hace seis meses, todos los miércoles, Yuvia atraviesa la terracería y levanta un poco más la cabeza cuando pasa frente al grupo de hombres alcoholizados que suele instalarse a mitad de la calle.  

Es el mismo Guadalajara donde estudió, pero lejos de los rascacielos, palacios y museos que blindan el centro de la ciudad. En Zapopan, el municipio donde vive Beatriz, más de 295 mil personas se encuentran en situación de pobreza y más de 40% de la población presenta algún rezago educativo, no tiene acceso a servicios de salud, a la seguridad social o a servicios básicos en la vivienda, de acuerdo con datos del Inegi.

“La primera vez que vine vi a una señora de la tercera edad recolectando basura para juntar dinero y ver si le alcanzaba para tomar un camión e ir al médico”, recuerda  Yuvia, “para nosotros a lo mejor es muy sencillo agarrar el coche e ir al doctor, pero cuando vimos problemas como los de estas personas es donde entendimos que podíamos ayudar”.

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El reto del millón de dólares

Yuvia y Andrea García, dos jóvenes de 24 años, egresadas del Tecnológico de Monterrey, Campus Guadalajara, dirigen Protrash. La idea nació como un proyecto escolar que participó en Hult Prize, el concurso de emprendimiento más grande a nivel global.

En 2016, el año en que participaron, el reto era doblar el ingreso de un millón de personas en zonas urbanas sobrepobladas. Las fundadoras concursaron con su idea de intercambiar basura por alimentos, propuesta con la que llegaron hasta la final, convirtiéndose en el primer equipo latinoamericano en competir por el premio de un millón de dólares.

Aunque no ganaron, “para nosotras nunca pasó por la cabeza no seguir. Sentíamos como si hubiéramos ganado, traíamos la bandera de México y dijimos ‘aquí no se acaba’. En ese punto ya habíamos generado una conexión muy fuerte con la gente en la comunidad y ellos eran nuestra razón de ser”, cuenta Andrea. Sin embargo, “las cosas no fueron tan fáciles cuando regresamos a México”.

La primera idea con Protrash era colocar máquinas donde las personas pudieran cambiar su basura por alimentos. “Pero en el primer acercamiento a una comunidad nos dimos cuenta de que no tenían electricidad, además de que la máquina podría ser maltratada o robada. Comprendimos que el mecanismo no era el corazón del proyecto”, señala Yuvia.

Hoy en día, Protrash se desplaza en un camión a las distintas comunidades marginadas a las afueras de Guadalajara. Yuvia se pone en contacto con los líderes de las comunidades para acordar puntos donde la gente acude para entregar las bolsas con residuos.

Una familia promedio mexicana produce 4.5 kilogramos de basura al día, pero solamente  11% de los residuos generados son reciclados, de acuerdo con datos del Inegi, lo que convierte a la basura en un gran negocio desaprovechado por la falta de infraestructura y de compromiso de las empresas.

Los desperdicios son separados en pet, plástico verde, mixto, lechero y aluminio, los cuales son pesados con una báscula enlazada vía bluetooth a una aplicación que indica la suma de la transacción, la cual es abonada en una tarjeta de débito. “Decidimos no cambiar la basura por alimentos, porque notamos que la gente necesitaba medicinas, útiles para sus niños y otras cosas. Con las tarjetas pueden comprar lo que les haga falta”, explica Yuvia.  

El dinero es depositado en las tarjetas en 24 horas y las personas pueden adquirir casi cualquier cosa con ellas, como alimentos, ropa, medicinas o incluso juguetes, pero tienen un bloqueo automático para no autorizar compras en cigarros y bebidas alcohólicas.

 Los niños son quienes más reciclan en Zapopan; las jefas de familia dejan sus botellas acompañadas casi siempre por sus pequeños. “Me gusta que mis hijos aprendan a reciclar porque así evitamos la contaminación, más en estas colonias donde la gente no tiene esa cultura. Al final mis hijos decidirán qué hacer con ese dinero, ya que es trabajo de ellos”, comenta Alma, quien va con sus dos niños, dijo Beatriz

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