Rastreadoras: Buscan en la tierra a desaparecidos

Palas, picos, guantes, coraje y esperanza es lo que ocupan para buscar en la tierra a sus familiares

Fotos: Amalia Escobar
Nación 28/01/2018 17:18 Amalia Escobar Nuevo Guaymas, Sonora Actualizada 17:18

Varillas, palas, picos, palos, uno o dos pares de guantes, coraje y la esperanza viva es todo lo que necesitan para buscar en las entrañas de la madre tierra los restos de sus seres queridos desaparecidos. El grupo nació en 2014, en El Fuerte, Sinaloa, y las conocen como Las Rastreadoras.

La primera condición para ser una de ellas es perder el miedo a la vida y a la muerte, ante las constantes amenazas por parte de integrantes del crimen organizado.

Las Rastreadoras no limitan su trabajo a una sola región. En un estado donde se respira usencia, sangre y violencia, sus manos siempre son necesarias. Hace unos meses mujeres de Guaymas y Empalme les pidieron ayuda; también formaron un grupo para buscar a más de 200 desaparecidos de 2015 a la fecha.

El colectivo de El Fuerte lo componen más de 130 mujeres, fue el primero que surgió en México. Mirna Nereyda Medina Quiñonez, su fundadora, inició sola la búsqueda a su hijo, quien desapareció el 14 de julio de 2014. Tres años después, lo encontró en un paraje de la comunidad de Ocolome.

Almas vivas en pena

“Almas vivas en pena, así somos”, no queremos culpables sólo buscamos recuperar a nuestros tesoros, dice entre lágrimas Rosa María Kinijara.

Su hijo, Fernando Valadez Kinijara, de 30 años de edad, fue “levantado” el 11 de agosto de 2015, en la avenida Serdán, la más transitada de Guaymas. A la fecha nada sabe de él.

Con  profunda tristeza, narra a EL UNIVERSAL que ese día le dio un vale para que lo cambiara en Banco ConCrédito y comprara los útiles escolares de sus hijas. Fernando, quien era pescador, tenía tiempo sin trabajar en el mar pues se había lesionado un ojo.

“Lo estuve esperando todo ese día pero no regresó, a la mañana siguiente fui a buscarlo a su casa, me percaté que no había prendido el aire acondicionado y la puerta estaba cerrada, imaginé que nunca llegó”, cuenta.

Rosa María narra que luego se dirigió a la casa de su hermana, donde su sobrina le comentó que sabía del reciente “levantón” de un muchacho en el centro de la ciudad de Guaymas. Habló al banco y le informaron que el vale no se había hecho efectivo. Su corazón de madre no la engañó.

Acudió a la institución bancaria, donde pidió que le mostraran los videos de las cámaras de seguridad. Ahí vio como se  llevaron  a su hijo y pudo reconocer a un hombre que lo sometió y  subió a la fuerza a un vehículo.

Se hizo de las pruebas y acudió a poner la denuncia ante el Ministerio Público. Día tras día iba con el representante social, sin resultados en la investigación. También acudió a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH) y pasó lo mismo.

Desde entonces, Rosa María, apoyada por sus hijas María Teresa y Zury, así como otros familiares, hace un silencioso rastreo en diferentes zonas de Empalme y de Guaymas. Por mar y tierra busca a Fernando, su tesoro.

“Yo no quiero culpables, de eso que se encargue la justicia, sólo quiero los restos de mi hijo, pido a Dios una luz, una señal, una llamada anónima que me diga dónde está”, implora en llanto, mientras sus hijas la consuelan.

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Pierden el miedo

El pasado 20 de enero, Rosa María y su familia decidieron dejar el anonimato y con el respaldo de Mirna Medina, líder de Las Rastreadoras, abrieron al público la  Fan Page “Buscando Nuestros Tesoros”, donde personas como ellas, en Empalme y Guaymas, buscan a uno o más familiares desaparecidos.

María Teresa, hermana de Fernando, conoció a Las Rastreadoras en la antesala del Ministerio Público. Una luz de esperanza las trajo a Sonora; a través de una llamada anónima les informaron que había una fosa con más de diez cuerpos en El Cañón del Nacapule de San Carlos, Guaymas.

Pidieron informes a Servicios Periciales y después al Ministerio Público, donde  les comentaron que habían encontrado restos que podrían pertenecer a tres personas.

Tras solicitar apoyo de las autoridades, se enfilaron juntas hacia El Cañón del Nacapule, un amplio terreno agreste y montañoso. Cuesta abajo había tierra quemada; ahí, días atrás, los peritos ya habían rescatado 144 restos  óseos.

Sin embargo, en el trabajo de campo que hicieron Las Rastreadoras encontraron en el mismo sitio 20 restos humanos entre falanges, vértebras, huesos pélvicos y costillas, los cuales podrían pertenecer a dos personas que fueron quemadas y enterradas en un tiempo menor de un año.

El trabajo y el entrenamiento terminó porque cayó la noche; la líder del colectivo anunció que el 20 de febrero estará de nuevo en Empalme con un equipo de especialistas forenses de Colombia para impartir a las nuevas integrantes del grupo un curso sobre los protocolos de búsqueda.

Lucha sin fronteras

El activismo de Las Rastreadoras va en aumento, organizan y apoyan colectivos. En Sinaloa, donde ya suman siete grupos, han localizado los restos de 115  desaparecidos. Aún les faltan 602, más los que se acumulen.

Han participado y auxiliado en el rastreo de cientos de restos de víctimas de desapariciones forzosas en México. Sus manos han trabajado en Veracruz, Guerrero, Chihuahua, Nuevo León y Coahuila.

Actúan en coordinación con la Fiscalía General de Justicia del Estado y la Procuraduría General de la República (PGR), quienes les facilitan capacitación en Antropología y Arqueología Forense con especialistas nacionales e internacionales.

Entre sus  experiencias destaca la participación en un Foro de Antropología Forense en Guatemala, en cuyo trabajo de campo encontraron a  tres personas desaparecidas en 1981, durante la guerra civil de ese país.

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