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Son pobres, 9 de cada 10 niños indígenas

Gabriela Ruiz Serrano, de la Escuela Nacional de Trabajo Social, quien cita cifras del informe anual 2017 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, comentó que la niñez enfrenta entornos cada vez más difíciles tanto al exterior como al interior de sus hogares.
Foto: Especial
29/04/2019
09:10
César Reyes
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En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil, que se celebró el 25 de abril, en México al menos nueve de cada 10 menores que hablan alguna lengua indígena son pobres, mientras que  80% no alcanzan los conocimientos requeridos en su nivel educativo. Más de cuatro millones no acuden a la escuela; 65% no tiene acceso a libros infantiles y ocho de cada 10 agresiones contra ellos ocurren en la escuela y en la vía pública.

 Gabriela Ruiz Serrano, de la Escuela Nacional de Trabajo Social, quien cita cifras del informe anual 2017 del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, comentó que la niñez enfrenta entornos cada vez más difíciles tanto al exterior como al interior de sus hogares, pues mientras dentro de la familia viven una violencia sistematizada, también son vulnerables a problemas como la migración no acompañada, la trata de personas o el trabajo.

La experta en atención social a niños, niñas y adolescentes indicó que según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), uno de cada tres mexicanos es menor de edad y la mitad de ellos viven en pobreza. 

Los estados que registran mayores índices de violencia hacia ellos son Guanajuato, Tamaulipas, Quintana Roo y Tlaxcala.

Además, seis de cada 10 infantes y adolescentes (de uno a 14 años) han experimentado algún método violento de disciplina; uno de cada dos ha sufrido presión sicológica por algún miembro de la familia, y uno de cada 15 ha recibido alguna forma severa de castigo.

La universitaria resaltó que durante mucho tiempo se pensó que el maltrato infantil se vivía sólo en casa y se asociaba a los abusos físico, sexual y sicológico.

Ruiz Serrano remarcó que debe tenerse presente que esta cuestión no se reduce únicamente al contexto familiar, pues los pequeños se desenvuelven en otros espacios, como la escuela, los parques, la comunidad y los medios de comunicación.

“Debemos entender que son seres con capacidad de decisiones,  y quitarnos la idea de que el golpe contribuye a una buena crianza, porque no es así.”

Señaló que la disciplina violenta  es un concepto amplio que abarca múltiples formas, por lo que su diferenciación es más compleja, pues no sólo hacen uso de ella los padres y tutores, sino también hermanos o abuelos.

“El problema es que hay una perspectiva  que coloca a niñas y niños en condiciones de inferioridad, que de alguna manera han legitimado los estilos de crianza que hemos repetido generacionalmente”, dijo Ruiz Serrano.

“Uno de los imaginarios más cotidianos es que una nalgada a tiempo siempre es necesaria, porque creemos que el golpe transforma el comportamiento; sin embargo, los estudios dan cuenta de lo contrario: el golpe no corrige la conducta, se instala en la memoria y hace proclive a repetir estos patrones de violencia, pues hay un impacto a nivel neurológico cuando éste se da de forma sistemática”, enfatizó.

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