Opinión

Fentanilo, enemigo en común

León Krauze

Si la demanda en Estados Unidos de opioides sintéticos es un problema terrible, la oferta mexicana es equivalente

Esta semana, en un contexto difícil, se reunirán las autoridades más relevantes de seguridad de Estados Unidos y México. El secretario de Estado, Anthony Blinken, no asistió al bicentenario de la Independencia, pero estará en México ahora, para hablar de cosas serias. También Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interior, y Merrick Garland, fiscal general. Es una visita de alto perfil, con oportunidades y riesgos.

El canciller Ebrard ha dicho que la reunión debe ser un punto y aparte en la relación bilateral. Ebrard pretende dejar atrás la Iniciativa Mérida, que rigió la coordinación en seguridad por casi década y media. La apuesta es congruente con la dinámica de demolición del gobierno mexicano, que acaba con todo lo anterior sin, parece, tener mucha idea de qué construir en su sitio. En este caso, la apuesta es peligrosa. Sugiere el presidente López Obrador que el país está en paz. Está en su imaginación: los problemas de seguridad en México son muchos y están aumentando. Un ejemplo es el fentanilo.

La semana pasada, el Departamento de Justicia de Estados Unidos (que encabeza Garland) convocó a una conferencia de prensa para compartir información alarmante. De acuerdo con Lisa Mónaco, brazo derecho de Garland y experta en seguridad nacional, el fentanilo es una crisis fuera de control. “Los opioides fueron responsables de casi tres cuartas partes de las más de 93.000 sobredosis fatales de drogas en los Estados Unidos en 2020”, dijo Mónaco. “La omnipresencia de estas drogas ilícitas y las sobredosis fatales que resultan con demasiada frecuencia, es un problema que golpea todo Estados Unidos”. En respuesta, las autoridades estadounidenses redoblaron esfuerzos de incautación. En poco menos de dos meses, decomisaron casi dos millones de pastillas cubiertas de fentanilo, además de 715 kilos de polvo de fentanilo, “suficiente para producir decenas de millones de píldoras letales”.

Esta epidemia tiene dos orígenes geográficos: China y México. “Las redes criminales de drogas mexicanas están produciendo en masa fentanilo ilícito y píldoras falsas mezcladas con fentanilo, utilizando productos químicos procedentes principalmente de China, y las están distribuyendo a través de las redes delictivas estadounidenses”, explicó el Departamento de Justicia. Anne Milligram, encargada de la DEA, describió a detalle la gravedad del problema. “Las píldoras falsas con fentanilo incautadas por la DEA podrían potencialmente matar a más de 700.000 estadounidenses”, dijo. Solo en 2019, el fentanilo causó la muerte de casi 40 mil estadounidenses.

Si la demanda en Estados Unidos de opioides sintéticos es un problema terrible, la oferta mexicana es equivalente. Las organizaciones criminales en México han apostado crecientemente al tráfico de la droga, mucho más fácil de producir, transportar y distribuir que cualquier otra. Así ha ocurrido con el cártel de Sinaloa y, por supuesto, con el CJNG, que se ha concentrado en el fentanilo desde hace algunos años. Diversos estudios confirman que la apuesta de las dos grandes organizaciones criminales mexicanas por el fentanilo va a crecer. Y, con ello, su amenaza en México y Estados Unidos.

El fentanilo es solo una pieza de un rompecabezas muy complejo. Las trabas de colaboración después de la detención del general Cienfuegos han exasperado a las autoridades estadounidenses, que ven con alarma el crecimiento del crimen organizado en México. Si el gobierno mexicano quiere el final de la Iniciativa Mérida, adelante. Pero esperemos que sepa con toda claridad lo que propondrá en su sitio. Porque, mientras tanto, el fentanilo sigue inundando Estados Unidos. Y eso, más temprano que tarde, tendrá consecuencias. 

 

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