Opinión

El Goebbels de AMLO y su mazmorra mediática

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

Ahí, en Palacio, determinaron que van a desprestigiar y linchar de forma sistemática a quien les incomode

El Presidente ya institucionalizó lo que era una simple ocurrencia de café de uno sus colaboradores: la Inquisición de Palacio. Se trata del “Quién es quién en las mentiras”, que se estrenó el miércoles pasado, y que se presentará cada semana en la conferencia mañanera de Andrés Manuel López Obrador.

¿Por qué dañan así la investidura presidencial? ¿Por qué tanto desaseo en la comunicación social?

¿Cómo puede estar el Jefe del Estado (de cualquier país, caray) parado frente a una pantalla gigante, con un promedio de 600 mil personas observándolo, viendo que sus exégetas linchen y denuesten a periodistas y medios de comunicación, solo porque son críticos, o no son zalameros?  

Me dicen en Palacio Nacional que sigue siendo tal el enojo y la frustración por los descalabros en Ciudad de México y la Cámara de Diputados (a pesar de que Morena arrasó en los comicios estatales), pero sobre todo me dicen que es tal la preocupación por lo que podría ocurrir en el 2024, que por eso decidieron normalizar esta especie de mazmorra mediática para establecer qué es verdad y qué es falso en el periodismo mexicano (y extranjero). La desmesura total. Ahí, en su hoguera semanal, determinaron en Palacio, van a desprestigiar y linchar de forma sistemática a quien les incomode, tanto a medios de información, como a columnistas y conductores de radio y televisión.

Sin misericordia contra quien ose desafiar la narrativa presidencial, la narrativa de la 4T. ¿Qué es esto? López Obrador cada vez se va a regodear más con el apedreamiento de los periodistas que semanalmente escojan porque, me prometen, cada vez lo harán… “mejor”. Que lo de esta semana fue apenas un ensayo.     

¿La razón de fondo? La gente de Comunicación Social le vendió al Presidente que, si no hubiera sido por los medios locales, los chilangos, Morena hubiera arrasado como en 2018, o como en las elecciones para gobernador de este año. Le dijeron a AMLO que él no tenía la culpa de nada, de absolutamente nada, que él va muy bien, que por eso ganaron en los estados, los cuales quieren sus propias 4T, y que la prueba de ello es que, si hoy fuera la consulta para revocarle el mandato, siete de cada diez lo mantendrían en Presidencia.

También lo convencieron de que Claudia Sheinbaum tampoco tuvo pifia alguna en estos dos años y medio, y que como prueba ahí están los resultados en Tláhuac, donde colapsó el Metro, y donde Morena apaleó con el 41%, contra el 31% que obtuvo la oposición. Lo que no le informaron es que ahí solo votó el 44% de quienes podían sufragar, a diferencia del 52% en toda CDMX.

Me confirman que no hubo, en Palacio Nacional, hasta esta semana, una sola autocrítica relevante. Nada. Todo fue culpa de los medios y los periodistas y por tanto, venga, apaléenlos. Patéenlos. Escúpanlos, como en una golpiza tumultuaria de callejón. 
            
Es la evasión de responsabilidades. No sé si el Presidente sepa que él es su propio Goebbels. No sé si sepa que mucha de la información que le ha deslizado su gente para que la perore en Palacio es falsa, o al menos incorrecta, imprecisa: en sus mañaneras ha dicho, según el recuento de la consultora SPIN, dirigida por Luis Estrada, 56 mil 181 afirmaciones NO verdaderas. Sí, 56 mil, que son 88 falacias por día, en promedio, a reserva de verificar la calidad falsaria de esas frases. Y eso implica que estamos viviendo la peor época de la Presidencia, los peores momentos de la Presidencia en México, al menos en cuanto a su política pública de Comunicación Social. 

Si el Presidente quiere que Claudia Sheinbaum sea presidenta, como la corearon en el Auditorio Nacional el jueves pasado, deberá aprender a convencer a través de la moderación y la sobriedad. Debe gobernar sus tentaciones de avasallar y ofender todo el tiempo, de amedrentar y anular a los críticos, porque tarde o temprano eso será un suicidio político, como ya vio que ocurrió en CDMX, sobre todo ante la enorme y creciente clase media que cada vez se empobrece más y que no recibe ni un céntimo de sus programas sociales.

BAJO FONDO

¿Por qué no son ecuánimes en Palacio? ¿Quieren debatir? 

Si se presenta un reportaje, pongamos que de la inflación, y un medio equis afirma en primera plana que ésta ha crecido 10.76%, y otro asegura que es de 4.37%, en lugar de 5.89%, como podría afirmar el Presidente, que salgan a debatir en Palacio Nacional, pero con datos. Y quizá, con humildad, entiendan que el mundo no siempre es binario, que los tres tienen razón, un pedazo de verdad cada quien: la primera cifra es el índice no subyacente, la segunda el índice subyacente, y el ultimo es el índice general.

Con sobriedad, con elegancia, podrían combatir lo que ellos crean que puede ser infodemia (que por cierto, a veces sí existe información distorsionada, sesgada), pero no, optaron por el vituperio sustentado en medias verdades y mentiras, como se vio el miércoles. Vámonos todos a incendiar el país. Muy mal, pésima decisión del Presidente, azuzado por sus comunicadores… 
 

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Twitter: @jpbecerraacosta


 

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