Ecatepec. Aquí, a la vuelta de la esquina de la ciudad donde residen los tres Poderes de la Unión. Municipio en el que —como en muchas partes del país— las mujeres no pueden caminar tranquilas. Allí, el pasado 1º de abril, integrantes de un colectivo de búsqueda localizaron restos humanos en el Canal de Cartagena. Entre ellos, hallaron el cráneo de un bebé. Sí, un ser humano que no llegó siguiera a ser niño o niña, que no fue reclutado como parte de un cártel, ni puede ser criminalizado con el cinismo con el que se responsabiliza a los desaparecidos de su incierto destino. No es una estadística, no es una cifra, no es un caso aislado. Un bebé asesinado y arrojado a un canal de aguas negras como si su vida no valiera nada.

El hallazgo se da en medio del revuelo que ha generado el gobierno mexicano por las investigaciones en el Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco. Mientras la discusión gira en torno a si se trató o no de un centro de exterminio, en el Estado de México continúa desarrollándose una violencia igual de brutal y sistemática. En este país no terminamos de salir de una tragedia cuando ya estamos metidos en otra.

Ecatepec figura constantemente entre los municipios con mayor percepción de inseguridad en México. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, entre el 87% y el 88.7% de sus habitantes adultos declaró sentirse inseguro a lo largo de 2024 y principios de 2025. En el cuarto trimestre de 2024, Ecatepec volvió a posicionarse entre los cinco municipios más inseguros del país, junto a Tapachula, Naucalpan y Fresnillo.

Más allá de la percepción, las cifras confirman una realidad insoportable: en febrero de 2025, Ecatepec ocupó el primer lugar nacional en delitos dolosos contra mujeres. Y el Estado de México continúa encabezando los feminicidios a nivel nacional. En ese contexto, el hallazgo de restos humanos en el Canal de Cartagena no es un hecho aislado. Diversos colectivos han señalado desde hace años que este canal funciona como una fosa clandestina. A pesar de las denuncias reiteradas, las autoridades han sido omisas. La negligencia ha permitido que continúe siendo utilizado para deshacerse de cuerpos, como si fueran basura.

Es alarmante que, en este contexto de violencia extrema, quienes sigan haciendo el trabajo de búsqueda no sean las autoridades, sino las madres y familiares de personas desaparecidas. Fueron ellas quienes localizaron los restos, entre ellos, el cráneo de un bebé que, según la información preliminar, habría sido arrojado al canal junto a otras víctimas. El hallazgo es devastador y plantea preguntas que nadie en el poder parece dispuesto a responder: ¿Cómo llega el cráneo de un bebé a un canal de aguas negras? ¿Quién era ese bebé? ¿Qué pasó con él? ¿Quién lo dejó ahí? ¿A quién pertenecen los demás restos?

El hecho debe marcar un punto de inflexión. Ya no importa si se les llama fosas clandestinas, centros de exterminio o zonas de exterminio silencioso. Lo que importa es que existen. Lo que importa es que siguen activas. Y que los gobiernos, en todos sus niveles, han sido incapaces de detenerlas.

La muerte de este bebé no puede ser tratada como un detalle menor en un país que presume abrazos y no balazos. Su hallazgo desnuda el fracaso del sistema de justicia, de las instituciones de seguridad, y de la política pública que presume proteger a las infancias. No basta con lamentar lo ocurrido. Se requieren investigaciones diligentes, identificación forense, justicia para las víctimas y una política real de seguridad y prevención.

Ecatepec es un foco rojo. Lo ha sido durante años. El hallazgo de un bebé asesinado y abandonado en un canal debería ser suficiente para encender todas las alarmas. No lo fue. Otra vez el silencio oficial. Otra vez el cansancio institucional. Otra vez el horror normalizado. Se atreverán a decir que las madres sembraron los restos? ¿Qué son huesos de animales y no de humanos? ¿Qué un grupo político o algún cártel usa este drama para ganar legitimidad dentro del más perverso caos?

Y mientras tanto, las mujeres siguen saliendo a buscar entre la maleza y los desagües lo que el Estado no ha querido encontrar.

Otra vez Ecatepec. Otra vez el Canal de Cartagena. Otra vez México. Y esta vez, el protagonista de la impunidad es un bebé.

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