Para las víctimas de la guerra sucia, para las mujeres indígenas violadas y torturadas por militares en Guerrero, para los familiares de las más de 111 mil personas desaparecidas, para los jóvenes acribillados en Nuevo Laredo y para los defensores de derechos humanos y periodistas espiados con Pegasus, la militarización no es algo menor, y reducir su significado a “cualquier cosa” puede resultar ofensivo y reduccionista para su lucha.