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Buscaban trabajo y hallaron muerte

“La última vez que hablé con ella fue por videollamada, teníamos planes para viajar en mi próxima visita a casa, pero vine a sepultarla” FERNANDO Hermano de Lucía del Carmen Moya
Foto: Edwin Hernández/ EL UNIVERSAL
22/05/2019
10:37
Roselia Chaca
Juchitán, Oax
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Era imposible que Melissa y Lucía no se conocieran en este pequeño territorio zapoteca sembrado de aerogeneradores. Vivían a cuatro calles, no fueron amigas, pero tenían dos cosas en común: eran hijas de ejidatarios e ingenieras.

 Ahora comparten la misma desgracia: fueron asesinadas mientras esperaban a orillas de una carretera para ser contratadas por una empresa eólica en la región. Las dos visten de blanco, de novia. Sus féretros casi se encuentran en la calle principal de su pueblo, La Venta, mientras cohetes revientan en el cielo en su honor.

 Lucía del Carmen Moya Antonio tenía 22 años y en 2018 terminó la carrera de Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico del Istmo. Como hija de un ejidatario tenía derecho a ser contratada en uno de los cinco parques eólicos Fernando, hermano de Lucía del Carmen, quien fue asesinada, la recuerda como una mujer ejemplar y una estudiante excelente.

 Decidió no probar suerte en parques eólicos del norte, como sí lo hizo su hermano Fernando. Prefirió esperar una oportunidad en su comunidad. Fernando la recuerda como una hermana ejemplar y una estudiante excelente: “La última vez que hablé con ella fue por videollamada, teníamos planes de irnos de viaje en mi próxima visita a casa, pero vine a sepultarla. Ella se preparó para ser una mujer de bien, sólo iba a pedir trabajo, era inocente y nos la mataron”, comenta a punto de las lágrimas.

Melissa Gutiérrez tenía 23 años y era ingeniera bioquímica recién egresada del Instituto Tecnológico Superior de Coatzacoalcos. Ella regresó a su tierra en busca de una oportunidad para crecer en lo profesional. Se preparó fuera del estado con mucho esfuerzo, como lo hacen la mayoría de los jóvenes de La Venta. Su padrino la recuerda alegre y con un futuro prometedor. La bautizó y ahora la acompaña por las calles hacia su última morada.

Don Raúl, un anciano que pide llamarlo así, recuerda que es la tercera vez que La Venta se consterna por la muerte violenta de varios de sus hijos. La primera vez fue en 1945: hubo un enfrentamiento por tierras con la población de Santo Domingo Ingenio y murieron tres personas, el sepelio fue simultáneo. La segunda vez, hace como 10 años, chocó un autobús y fallecieron 13 personas , siete de ellas eran de La Venta, todas mujeres jóvenes.

“Es la tercera vez que este pueblo llora así. El pueblo parece tranquilo, pero no lo está”, comenta en voz baja mientras se refresca debajo de un árbol de almendra. “Todos los conocíamos” asegura un policía, “era gente trabajadora”, comenta otro guardia municipal. “Iban a pedir trabajo”, coinciden todos en el pueblo. Los habitantes se apresuran a cumplir con el respeto a todos los deudos, la veladora y la limosna. Todos se conocen y a todos les duele la muerte de jóvenes inocentes como Melissa y Lucía.

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