La flor que acompaña a nuestros muertos

El cempasúchil no sólo fue parte de los altares de Día de Muertos, también se le atribuyeron otros usos. Hoy esta tradición y producción están a la baja  

Sociedad 03/11/2019 22:01 Actualizada 22:01

Texto: Gabriel Sánchez Pozos y David Pineda Villalpando

México pasa de pintarse tricolor en septiembre a amarillo durante octubre y noviembre. El color de la flor de cempasúchil ilumina el camino de aquellos difuntos que visitan a sus familias; sin embargo sus raíces han dejado de crecer en el antiguo suelo que las vio nacer.

Según la investigadora Adriana Castro, el origen etimológico de cempasúchil deriva del náhuatl cempoalxóchitl, que se traduce como “veinte flores” pues se compone de los vocablos cempoali (veinte) y xóchitl (flor). 

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Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Esta flor tiene tantos motes como pétalos pues algunas personas la conocen como la flor de muertos o cempoal y cempasúchil, a veces se puede encontrar escrita con “c” o con “z”  y en otras lenguas su nombre cambia: expujuj, en maya o apátsicua en purépecha.

El antropólogo físico Erick Mendoza dice que el término cempoalxóchitl era usado por los mexicas para referirse a varias especies de flores, aunque la principal era la tagete erecta, encontrada en arte como el monolito de Coyolxauhqui: era parte del tocado de la deidad al que se puede referir como símbolo de soberanía o muerte.

En el Códice Florentino, escrito en el siglo XVI por Fray Bernardino de Sahagún, se indica que esta flor crecía tanto en cultivos como espontáneamente; además, dice, las flores más grandes eran las hembras y las menos hermosas los machos, que se diferenciaban para poder mejorar la especie.

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Según Mendoza, en el séptimo mes mexica se celebraba a la diosa de la sal Huixtocíhuatl, cuyo color era el amarillo y se le ofrecía como ofrenda el sacrificio de una mujer. Los asistentes llevaban en las manos unos cempoalxóchitl.

El uso del cempasúchil no sólo fue ceremonial. El médico Francisco Hernández en su obra Historia Natural de la Nueva España describe sus  propiedades medicinales: “el jugo de las hojas tomado o las mismas hojas machacadas y tomadas con agua provocan las reglas, la orina y el sudor, quitan la flatulencia, excitan el apetito venéreo, curan la debilidad…”.

Otro usos de la planta durante esta época, según el investigador Eduardo Quintanar se extendieron hasta la actualidad: como colorante, al pigmentar carnes y como insecticida para proteger maíz.

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Foto: Archivo EL UNIVERSAL

“El uso de la tagetes en rituales entorno a la muerte no proviene de un origen prehispánico, o al menos no existe un dato fehaciente que se pueda utilizar para poder decir que el uso de esta flor en los altares de día de muertos se haya iniciado en la época prehispánica”, enfatiza Erik Mendoza.

Según Mendoza, un posible origen del uso del cempasúchil en el rito de Día de Muertos surge en la tradición europea de adornar  los altares dedicados a sus muertos con flores como el clavel o el crisantemo. Este último es parecido al cempasúchil.

Además, el investigador indica que las tradiciones deben mantenerse, “sin importar que sean de origen europeo o moderno pues se confirman las relaciones familiares y la unión con la comunidad frente al altar o la tumba para tributar a los difuntos.”

Para Ángela Botello de 52 años y Silvia Ciriaco  de 49, la tradición se está perdiendo porque los padres de familia ya no enseñan a sus hijos “a llevar flores al panteón”.

Ambas son vendedoras de cempasúchil en el Mercado de Jamaica. Llegaron desde Domingo Arenas, Puebla al mercado de Jamaica y se formaron para conseguir el lugar que ahora tienen. Ahí mismo duermen: sobre una tarima improvisada con huacales y cartón.

35 especies de cempoalxóchitl (del género tagete) están en México.

Esta tradición empezó con la familia de Ángela. Su abuela se dedicaba a la plantación de cempasúchil, la cual vendían en un mercado en Puebla hasta que el Presidente Adolfo Ruiz Cortines inauguró en 1957 el mercado de Jamaica, el cual desde entonces se volvió sede para la venta de la flor.

En junio de 2001 EL UNIVERSAL refería que en San Luis Potosí, ocho mil empleos de floricultores peligraban porque el cempasúchil de África y Perú, y en menor medida de China y la India, entraban al país sin aranceles “y daban al traste con la flor en México”.

Al igual que Ángela y Silvia, Gregorio, productor, quien coincide que la tradición se pierde: “antes muchas personas  se llevaban maletas de cempasúchil y ahora sólo vienen por manojos”, menciona.

Él comienza la siembra el 24 de julio y cosecha una semana antes del dos de noviembre pues dice que la flor de cempasúchil no necesita de cuidados importantes.

Silvia recuerda que el  sábado pasado el manojo se pudrió y sólo pudieron vender dos mil de los hasta 10 mil pesos que pudieron ganar.

A pesar de que es un trabajo familiar, Gregorio Pérez sabe que sus hijos probablemente elijan otra manera de subsistir, pues el negocio va a la baja.

Él dice que se dedicará a otra cosa, pues el futuro de estos cultivos no es optimista. No es como en su época, cuando ser floricultor era una actividad bien retribuida.

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